La ofensiva en Gaza daña la imagen de Israel

Las protestas de este verano en varias capitales europeas contra la ofensiva israelí en la Franja de Gaza y el apoyo creciente al movimiento BDS, que promueve el boicot a Israel, ponen de manifiesto la mala imagen de este país en la opinión pública europea. También en Estados Unidos se observa que la antipatía hacia Israel está creciendo entre las generaciones más jóvenes. Algunos “think tanks” israelíes se plantean cómo atajarla.

Con más o menos variantes, las pancartas de los activistas que se han manifestado este verano en París, Londres, Dublín, Berlín o Madrid repetían el mismo mensaje: “en Gaza no hay guerra; hay una agresión”. El eslogan quiere destacar que lo que está pasando en la Franja no es una guerra entre iguales, sino la ofensiva de un poderoso ejército contra una población atrapada en la miseria.

Hamás tampoco juega limpio. A los misiles contra Jerusalén y Tel Aviv, muertes y secuestros hay que añadir la astucia con que incita a Israel, porque “sabe –dice The Economist– que los ataques israelíes que logre provocar matarán a cientos de civiles palestinos, lo que despertará la compasión en todo el mundo”.

Pero las cifras vuelven a poner de relieve un desequilibro en la escala de la violencia: según el último recuento de la ONU, esta reciente guerra en Gaza ha dejado 2.104 muertos palestinos (el 69% eran civiles, incluidos 495 niños) y 69 israelíes (cuatro civiles y el resto militares). A esto hay que añadir la destrucción de viviendas e infraestructuras. Según la ONU, unos 18.000 viviendas han sido destruidas o severamente dañadas, dejando a 108.000 personas sin techo.

Israel atribuye las críticas europeas al prejuicio o incluso al antisemitismo. Pero estas imágenes de la destrucción y de los muertos descalifican por sí solas la acción de Israel ante la opinión pública.

En EE.UU., donde viven casi 7 millones de judíos, los sondeos muestran que la simpatía hacia Israel sigue siendo grande

Boicot a Israel

Esta violencia desigual en Gaza es lo que está motivando el creciente apoyo al movimiento BDS (iniciales de boicot, desinversión y sanciones). Nació en Palestina en 2005, pero es ahora cuando ha empezado a cobrar fuerza. De todos modos, no está claro si la ruptura de relaciones entre empresas europeas y compañías israelíes responde siempre a la influencia del BDS o a la pura iniciativa de aquellas.

Los diarios The Guardian y The Independent dan por hecho que las presiones del BDS influyeron en la decisión de la cadena de almacenes británica John Lewis de suspender sus acuerdos comerciales con la compañía israelí Soda Stream. Otras rupturas sonadas de este verano han sido las de Danske Bank, el principal banco de Dinamarca, con bancos israelíes; y la de Vitens, el mayor proveedor holandés de agua potable, con Mekorot, la distribuidora de agua más importante de Israel.

Steven Erlanger, periodista del New York Times, también se hace eco del mayor apoyo que está recibiendo estos días la iniciativa BDS a raíz de las hostilidades en Gaza. Pero distingue entre la acción de los gobiernos europeos, más cauta, y el boicot social promovido por intelectuales, artistas y empresarios.

La Unión Europea y sus Estados miembros, explica Erlanger, no apoyan la idea del boicot a Israel. Pero sí distinguen entre el Israel de las fronteras de 1967 y los asentamientos en los territorios palestinos ocupados más allá de esa fecha. Con el primero, el grupo de los 28 mantiene buena relación en asuntos como la cooperación científica, la financiación académica o los derechos de importación. Con los segundos, considerados ilegales por el derecho internacional, hay otras reglas de juego: sus productos también son importados, pero con etiqueta diferente y sin ventajas arancelarias.

EE.UU., en cambio, no exige un etiquetado especial para los productos de los asentamientos. Además, su tono suele ser más suave cuando se refiere a los asentamientos. Pero algo ha empezado a cambiar: Phillip Gordon, coordinador de la Casa Blanca para Oriente Medio, el norte de África y la región del Golfo, se atrevió a sugerir en un polémico discurso pronunciado en julio que las “ocupaciones” de Israel estaban impulsando su aislamiento internacional.

La UE distingue entre el Israel de las fronteras de 1967 y los asentamientos en los territorios palestinos ocupados más allá de esa fecha

Ganar la batalla, perder la legitimidad

El deterioro de la imagen de Israel queda patente en dos artículos publicados por The Economist a principios de agosto (consultar aquí y aquí). “Aunque Israel está ganando la batalla [en Gaza], ante la opinión pública mundial está perdiendo la guerra”. Ese clima de antipatía ya se percibía incluso antes de que estallaran las hostilidades en la Franja: en una encuesta realizada en junio para la BBC entre ciudadanos de 23 países, solo el 26% afirma que Israel ejerce una buena influencia en el mundo, mientras que casi el doble la considera negativa.

En EE.UU., donde viven casi 7 millones de judíos, los sondeos muestran que la simpatía hacia Israel sigue siendo grande. Pero las generaciones más jóvenes empiezan a culpar más a Israel que a Hamás por la violencia en Gaza: según una encuesta Gallup, la mayoría de adultos menores de 30 años piensan que la ofensiva israelí en La Franja está injustificada.

De todos modos, el apoyo del Congreso estadounidense a Israel está fuera de dudas. El pasado marzo, se votó un proyecto de ley para nombrar a este país socio estratégico de EE.UU.: salió adelante con 410 votos a favor y uno en contra. Detrás de este respaldo casi unánime, se encuentra en buena parte el trabajo del Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí, un lobby proisraelí.

Cómo recuperar prestigio

Pero quizá lo más novedoso de este momento político, dice The Economist, es que algunos judíos norteamericanos están empezando a aproximarse a otros lobbies que apoyan a Israel y que, sin embargo, rechazan la política de ocupaciones del gobierno israelí. El grupo más conocido es J Street, al que pertenecen miembros de las Administraciones Clinton y Obama. Otra alternativa es Jewish Voice for Peace, que incluso ha declarado su apoyo al movimiento BDS.

También hay think tanks israelíes que se plantean cómo puede mejorar Israel su imagen internacional sin renunciar a las ocupaciones. Entre los ejemplos que menciona The Economist, están los pragmáticos que huyen del victimismo: el Reut Institute propone usar la causa proisraelí para unir a conservadores y progresistas de EE.UU. Y el Jewish People Policy Institute propone traspasar parte del abultado presupuesto que Israel dedica a su seguridad (unos 60.000 millones de shékels) al minusvalorado Ministerio de Relaciones Exteriores, que solo invierte 1.600 millones de shékels.

El 69% de los muertos palestinos en Gaza eran civiles, incluidos 495 niños

Y está también la línea dura del Jerusalem Center for Public Affairs, quien defiende la estrategia de las “tres des”: deslegitimar a los deslegitimadores; demonizarlos y poner en evidencia el doble rasero que se emplea con Israel, pues se le exige más que al resto de países de Oriente Medio.

Déficit de “poder blando”

En el fondo, estas alternativas ponen de manifiesto la escasa importancia que Israel otorga a lo que se conoce como “poder blando”, definido por Joseph S. Nye como “la habilidad de obtener lo que quieres a través de la atracción antes que a través de la coerción o de las recompensas”.

“Israel tiene el sector empresarial más innovador de Oriente Medio, un temido y formidable ejército, y una cultura de debate político y periodístico llena de vitalidad. Sin embargo, no sabe usar el poder blando para ganar los corazones y las mentes de la opinión pública mundial”, escribía hace un año John Reed en el Financial Times.

Por eso Reed se hizo eco del lanzamiento de i24 News, una cadena de noticias con sede en Jaffa que emite durante todo el día en inglés, francés o árabe (no en hebreo) y que aspira a ser una alternativa a Al Jazeera en Oriente Medio. Frank Melloul, asesor de comunicación del ex primer ministro francés Dominique Villepin, fue el elegido para ponerla en marcha.

Está financiada con dinero privado y, aunque Melloul subraye que no pretende “hacer propaganda”, tampoco oculta su cometido: “Queremos mostrar que la sociedad israelí es más compleja de lo que se piensa y queremos (…) explicar que Israel tiene muchos puntos de vista, no solo uno”.

Para algunos, i24 News satisface la necesidad de “poder blando” que tiene Israel: “ Esto es algo que preocupa a Israel desde hace muchos años: ¿cómo influir en los medios y en la opinión pública mundiales?”, explica Lior Averbach, corresponsal del periódico de economía israelí Globes. “Siempre hemos pensado que en Israel estábamos perdiendo esta batalla”.

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