Gaza y la guerra por la opinión pública (continuación)

Álvaro de Soto, diplomático peruano, que fue coordinador especial de la ONU para el proceso de paz en Oriente Medio, escribe en El País (14-01-2009) que la actitud de la comunidad internacional hacia Hamás ha exacerbado el conflicto entre Israel y los palestinos. El público israelí, dice por otra parte el International Herald Tribune (13-01-2009), apoya mayoritariamente la actual campaña militar.

(Actualizado el 14-01-2009)

De Soto recuerda que en marzo de 2005, en negociaciones auspiciadas por Egipto, el líder palestino Mahmoud Abbas “logró dos objetivos importantes: Hamás suspendió los ataques contra Israel y aceptó participar en las elecciones legislativas, lo cual hasta entonces había rechazado porque éstas eran fruto de los acuerdos de Oslo que Hamás había denunciado”. El Cuarteto (EE.UU., UE, Rusia y la ONU) respaldó la estrategia de Abbas, que apuntaba a integrar a Hamás al sistema político creado en Oslo. “En la campaña Hamás hizo a un lado su documento de fundación, que postula la eliminación de Israel”, y “sus líderes se mostraron receptivos a una solución al conflicto en la que el futuro Estado palestino aceptaría por lo menos tácitamente al Estado israelí”.

En las elecciones de enero de 2006, “Hamás ganó la mayoría de la legislatura. Ofreció integrar a miembros de Fatah en el Gobierno, y aceptó que Abbas, en su calidad de líder de la OLP, continuara como negociador palestino con Israel, sujeto, por cierto, a que el resultado fuese sometido a referéndum”.

“La Autoridad Palestina depende casi totalmente de la comunidad internacional, y, sobre todo, de los países europeos. Así, éstos tenían herramientas para influir positivamente sobre la evolución del nuevo Gobierno. La comunidad internacional había alentado las elecciones como parte de un proceso de democratización. Por tanto, tendría que haber ejercido esa influencia en forma que respetara la voluntad libremente expresada por el pueblo palestino, tras décadas de humillaciones, en las urnas. Habría hecho falta un fino trabajo diplomático con las nuevas autoridades de la Autoridad Palestina a fin de encaminarlas por la senda de una solución negociada del conflicto con Israel, hacia la cual daban señales de dirigirse.

”Pero la comunidad internacional hizo caso omiso de la evolución positiva de Hamás, (…) y optó por exigirle, previo a cualquier cooperación o contacto, precondiciones que incluían el reconocimiento de Israel, lo que para Hamás, si no venía acompañado de un acuerdo de delimitación de fronteras, equivalía a legitimar la ocupación.

”Con pocas excepciones, la comunidad internacional no solamente dio las espaldas a los gobernantes libre y justamente elegidos por el pueblo palestino, sino que al retirar la cooperación, debilitó las instituciones de la Autoridad Palestina que debían servir de base para un futuro Estado. Al hacerlo, cohonestó el castigo colectivo aplicado por Israel al pueblo palestino por haber elegido a Hamás, agudizando la miseria en la que vive y cortándole las vías para despegar económicamente”.

El diplomático peruano advierte que “la política de exclusión ha tenido el efecto de radicalizar un movimiento que empezaba a orientarse hacia el juego democrático y la negociación”.

Las conversaciones de noviembre de 2007 entre Israel y Abbas, que intentaban que éste recuperara la iniciativa política a expensas de Hamás, estaban condenadas al fracaso: “¿cómo hacer la paz con la mitad de los palestinos, mientras se excluye y castiga a la otra mitad, que además goza de legitimidad ganada en las urnas? Abbas sale muy debilitado, como líder político e interlocutor, de la crisis actual”.

Según De Soto, “los amigos de Israel le hacen un flaco servicio al alentarlo a que continúe en la vía actual que manifiestamente no da resultados positivos y que, a largo plazo, puede tener un costo altísimo”.

Lo que piensan los israelíes de la ofensiva sobre Gaza

Un reportaje del International Herald Tribune (13-01-2009) revela que la población de Israel considera justa la actuación de su ejército. Quienes abogan por los ciudadanos de Gaza, la Santa Sede incluida, reciben los reproches de una nación a la que los medios locales mantienen encendida de fervor patriótico.

Un editorial del Jerusalem Post decía recientemente que el mundo entero debía de estarse preguntando si los israelíes creían que todos los demás se equivocaban y que sólo ellos estaban en lo cierto. Y la respuesta, comenta Ethan Bronner, reportero del International Herald Tribune, es sí: las encuestas demuestran que cerca del 90% de los israelíes apoya la acción sobre Gaza, y no de modo tibio, sino contundente.

Las concentraciones en Israel contra la Operación Plomo Fundido han sido muy distintas de las multitudinarias protestas que se han visto en otras ciudades del mundo: si acaso mil participantes. Los muchos mensajes que ha recibido la organización Peace Now para recomendarle no ocupar esta vez las calles coinciden con la respuesta de los israelíes a quienes aluden, por ejemplo, a la prohibición de que los periodistas entren en Gaza: “Que dejen al ejército hacer su trabajo”.

Las razones de los israelíes

Tres convicciones, afirma IHT, sustentan el apoyo de los ciudadanos de Israel a la operación militar. Primero, la de que su ejército se esfuerza al máximo por respetar a los civiles, reservando en muchos casos su poder de fuego en lugar de usarlo. Segundo, que son los terroristas de Hamas quienes, escondiéndose entre la población gazatí, tienen la responsabilidad de las víctimas causadas. Y, tercero, que Hamas está decidido a acabar con Israel, sirviéndose para ello de la ayuda y del fanatismo de Irán, de modo que lo que para el mundo es una agresión intencionada se aparece a los israelíes como una condición necesaria para poder existir.

Por esto, señala el reportaje, los líderes de Israel tienen menos interés en que su imagen salga bien parada de esta acción que en culminar su objetivo: la prosecución de la guerra hasta que Hamas haya agotado sus cohetes o su voluntad de dispararlos.

“Nos sentimos mal por lo que sucede, pero no nos sentimos culpables”, aclara Elliot Jager, editor de The Jerusalem Post. “El mayor imperativo ético para Israel en este conflicto es prevalecer ante una inmoral filosofía islámica. Se trata de un conflicto de suma cero. Y esto es lo que no se comprende fuera”.

Reacciones frente a la condena internacional

Fuera y dentro de Israel, explica Bronner, el relato mediático del conflicto varía sensiblemente. Mientras los canales de información de todo el mundo reproducen la condena que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU acaba de sancionar, titulares de prensa y telediarios israelíes se enfocan en los ataques que ha sufrido el país por parte de los cohetes de Hamás y en sus compatriotas heridos del ejército. Todo esto precede siempre a las imágenes de Gaza.

El reportaje, sin embargo, acota que no es cuestión de atribuir el ánimo de los israelíes a la pura manipulación mediática: antes bien, los medios más parecen ser un reflejo que un condicionante de la marcha de la nación. Incluso la izquierda y los movimientos pacifistas (el llamado “peace camp”) atribuyen completamente a Hamás la responsabilidad de este conflicto, y lo tienen en consecuencia por una lucha moral y justa.

La postura de la Iglesia católica

El reclamo de solidaridad con su causa ha provocado recientemente que un oficial del ejército de Israel haya acusado al Vaticano de asimilar la “propaganda de Hamás”, a propósito de unas declaraciones del cardenal Renato Martino, presidente del Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, en las que se refirió a las condiciones en que viven los habitantes de Gaza como a “un enorme campo de concentración”. También en relación con esto Yigal Palmor, portavoz del Ministerio de Exteriores israelí, se quejó de que “los comentarios que se basan en la propaganda de Hamás, ignorando sus numerosos crímenes, no acercan a la gente a la verdad y a la paz”.

John L. Allen Jr. comenta en un artículo para el National Catholic Reporter que, “a fin de cuentas, el Vaticano siempre se ha preciado de mantener la distancia respecto de las pasiones locales, lo que le permite ser teoréticamente más equilibrado en sus juicios”. Ello, considerando que el patriarca latino de Jerusalén, Fouad Twal, ha dicho que la incursión de Israel es una respuesta “desproporcionada”, mientras que los franciscanos que custodian los Santos Lugares se negaron a encender en Belén las luces por la Navidad como señal de repudio a la invasión de Gaza.

Se ignora, por otra parte, lo que ocurrirá con la visita a Tierra Santa, aún no oficialmente confirmada, que el papa Benedicto XVI tenía prevista para el mes de mayo. Según fuentes eclesiásticas locales, los planes del pontífice debían llevarle a Jordania el día 8 de mayo, y entre el 11 y el 15 a Israel. Allí tendría prevista la celebración de eucaristías en Jerusalén, Nazaret y Belén, una visita al complejo Yad Vashem para la memoria del Holocausto, y entrevistas con el presidente israelí Shimon Peres (las fuentes han especificado que el papa no prevé reuniones con representantes de Hamas).

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