El agua, una clave para la paz

Jerusalén. El agua es una de las claves para resolver el conflicto entre Israel y los palestinos. Temas como el estatuto de Jerusalén, el retorno de los refugiados palestinos, los asentamientos judíos o las fronteras definitivas de Israel y el futuro Estado palestino acaparan la atención pública cuando se discute acerca de un acuerdo de paz en Oriente Medio. Pero el final de décadas de disputas no llegará mientras no se asegure un reparto justo de los recursos hidrológicos en la región, que es una de las más secas del planeta.

La ONU estima en unos 1.000 metros cúbicos de agua por persona y año el consumo mínimo para que la economía de un país se desarrolle sostenidamente. Sin embargo, Israel y Jordania se encuentran lejos de alcanzar ese límite, con 370 y 220 metros cúbicos de agua respectivamente. En el caso de los palestinos en Cisjordania y la Franja de Gaza, el consumo apenas llega a 100 metros cúbicos per cápita. La cantidad de agua disponible por habitante disminuye además a pasos agigantados, en vista de que la población de la región crece anualmente en un 3%.

A mediados del siglo pasado, cuando se fundó Israel, el río vertía en el Mar Muerto 1.300 millones de metros cúbicos de agua por año, pero hoy no son ni tan siquiera 100 millones, con consecuencias desastrosas. La orilla del Mar Muerto, considerada el punto más profundo de la Tierra, está marcada en los atlas más actuales a menos de 420 metros bajo el nivel del mar, frente a los 396 metros de hace 20 años. Además, si en 1945 la superficie del lago era de 1.025 kilómetros cuadrados, hoy apenas alcanza los 625. Por ello, si no se frena dicha tendencia, el Mar Muerto podría desaparecer por completo antes de mediados de siglo.

La situación afecta sobre todo a Israel. La frontera entre el Estado judío y Jordania discurre por el centro del mar, pero del lado israelí el fondo es mucho más plano que del jordano, donde la orilla está en pendiente y acusa de manera menos visible el descenso de las aguas.

Cooperación regional

La cooperación en el tema del agua fue uno de los puntos principales en el acuerdo de paz firmado en 1994 entre Israel y Jordania. Una ventaja fue que entre ambos países no existían disputas territoriales ligadas al agua, como en el caso del conflicto palestino. En virtud de lo acordado, Jordania recibió una participación mayor en el caudal del Yarmuk, un afluente del Jordán. El país puede además bombear agua del lago Genesaret en épocas de sequía. Al mismo tiempo, ambos países acordaron trabajar conjuntamente en la búsqueda de nuevas fuentes de agua.

Israel, Jordania y la Autoridad Nacional Palestina se disponen ahora a afrontar conjuntamente un proyecto de cooperación sin precedentes para poner fin a la agonía del Mar Muerto. Se trata de la construcción de un canal de 220 kilómetros para transferir agua desde el Mar Rojo. El proyecto, que está siendo analizado todavía por el Banco Mundial, tiene entre sus principales impulsores al presidente israelí, Shimon Peres. Los donantes, entre ellos Estados Unidos, Japón y algunos miembros de la Unión Europea, han invertido ya 10 millones de dólares en el informe de viabilidad, sobre un presupuesto total del proyecto que se estima en unos 5.000 millones de dólares.

Los ideólogos del “Canal de la Paz” ven en él no sólo una herramienta para contrarrestar el acelerado desvanecimiento del Mar Muerto, sino también un medio para paliar la escasez de agua dulce que afecta a la región. Esto, según dicen, se conseguiría además con un uso óptimo de la energía, pues entre el Mar Rojo y el Mar Muerto existe una pendiente de más de 400 metros. Por ello, el agua caería por sí sola y podría generar así la electricidad necesaria para su propia desalinización.

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