Distinta religión, igual deseo de paz

Beirut. Los “occidentales”, como la gente de Medio Oriente llama a los europeos y a los americanos en general, tenemos una visión un poco deformada de lo que es la realidad en esta otra parte del mundo. Lo irónico es comprobar cómo ellos se dan cuenta y nosotros se lo corroboramos haciendo a veces preguntas ingenuas o afirmaciones con falta de conocimiento.

Un ejemplo de eso es la facilidad con la que a veces se engloba a todos los que habitan estas tierras con la simplificación de musulmanes fundamentalistas, personas que buscan imponer por la violencia sus convicciones. O más ingenuo aún, creer que todas las mujeres con velo son obligadas a usarlo y que los derechos humanos no tienen cabida. A esto se suma el apelativo árabe, que no es asimilado por todos sus habitantes, que identifican ese nombre exclusivamente con los habitantes de la península arábiga o a los Emiratos Árabes Unidos.

Es triste también comprobar los estereotipos que ellos tienen de los occidentales, como inmorales y ateos. Es cierto que ambas imágenes preconcebidas tienen su parte de realidad, pero a fuerza de “vender noticia” se muestra casi siempre lo más oscuro de cada sociedad.

Miles de niños y jóvenes musulmanes se forman en escuelas católicas, o asisten junto a cristianos a colegios laicos

Convivencia en el Líbano
Frente a esas imágenes preconcebidas, es bueno saber, primero, que en Medio Oriente existen otras comunidades religiosas además del islam, como el cristianismo en sus manifestaciones católicas u ortodoxa. Y que en cada país las relaciones entre las comunidades son más o menos amigables, y en el Líbano son muchas y muy positivas.

Así, por ejemplo, en otros países la mayoría musulmana se divide entre sunitas y chiítas y las tensiones entre ellas son extremadamente altas, dejando muy poco lugar a la expresión cristiana. En el Líbano existe diálogo, convivencia y amistad entre drusos, sunitas, chiítas y cristianos (maronitas, grecos, armenios, latinos) y ortodoxos.

Esto se debe a una centenaria historia de convivencia. Antes de la guerra civil, que estalló en 1975 por la causa palestina e Israel, todas las comunidades mantenían relaciones cordiales y de amistad. Esa unidad quedó resquebrajada cuando el país se convirtió en campo de batalla por las distintas tomas de posición en torno al conflicto.

Pero podemos decir que desde hace quince años la paz y la unidad están tomando forma.

En el Líbano existe diálogo, convivencia y amistad entre drusos, sunitas, chiítas y cristianos y ortodoxos

A nivel político hay grandes acercamientos. Recordemos que las instituciones políticas libanesas se reparten entre representantes de cada comunidad religiosa. Los políticos discuten entre sí, pero no hablan de religión, para no despertar odios confesionales.

La peculiaridad del Líbano se demuestra también en la reacción ante provocaciones como la del film de un estadounidense que denigraba a Mahoma. En otros países musulmanes hubo grandes reacciones de violencia, mientras que en el Líbano se celebró una multitudinaria concentración de rechazo, que los líderes utilizaron para apelar a la unidad y a la memoria de Mahoma, condenando cualquier manifestación de violencia. Es que en este pequeño país las heridas de la guerra son muy recientes y la presencia de refugiados que han tenido que huir de países tan cercanos como Siria, Palestina o Irak, sirven de memoria viva de los sufrimientos de la discordia.

Educándose juntos
Un ejemplo de esa convivencia e intercambio se da a nivel educativo: miles de niños y jóvenes musulmanes se forman en escuelas católicas , o asisten junto a cristianos a colegios laicos y universidades. En los colegios cristianos no es obligatoria la asistencia a la asignatura de religión, aunque de todas maneras muchos alumnos participan.

Así también en el santuario de la Virgen más visitado, Harissa, se encuentran diversas vestimentas, desde las túnicas negras de las musulmanas más ortodoxas, velos de colores y muy modernos, hasta los hábitos de monjas y monjes. Nunca faltas chicas jóvenes o señoras que, en acción de gracias por algún favor obtenido, portan durante unos meses un hábito celeste, que no dejan de utilizar en su vida diaria.

La colaboración interreligiosa se manifiesta también a veces en trabajar juntos para resolver alguna necesidad. Por ejemplo, a fines del pasado octubre explotó una bomba en el barrio ortodoxo de Achrafieh, atentado en el que murió un político de origen musulmán y otras dos personas. Como efecto del bombazo, cientos de personas se quedaron sin casa. Esto despertó la generosidad de muchos jóvenes que han acudido, algunos diariamente y otros más numerosos en los fines de semana, para trabajar en la reconstrucción de esas casas. Claramente se puede saber a que religión pertenece la persona simplemente con conocer su nombre, pero nadie pregunta nada, es esperanzador ver cómo todos trabajan a la par.

En la misma línea podríamos hablar de tantos musulmanes que rechazan absolutamente el fundamentalismo y la imposición de la religión por la fuerza, el reclamo de los derechos de la mujer, etc. En Navidad también se ven adornos por las calles y regalos y felicitaciones para todo el mundo.

La paz es una cuestión de hechos, si se quiere se obtiene. Habrá que trabajarla día a día para saber salir adelante en los momentos de tensión, sin echarle la culpa a la religión.

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