Nadie se reencarnará sin permiso del gobierno

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Para ser comunista y ateo, el régimen chino se toma muy en serio el “opio del pueblo”. En Tíbet ha decretado que nadie puede ser la reencarnación de un Buda sin previa autorización del gobierno. En un editorial, The Boston Globe (24-03-2008) señala la paradoja.

“Los gobernantes comunistas de China parecen creer que la única manera de sofocar el espíritu tibetano de resistencia es atribuirse la autoridad espiritual necesaria para dictar las reglas del budismo mahayana, la religión de los tibetanos”. Para los creyentes, los Dalái Lamas son emanaciones del Buda de la Compasión, que se encarna en ellos. Cuando muere un Dalái Lama, el Panchen Lama -emanación del Buda de la Luz y segunda autoridad religiosa tibetana- tiene la facultad de reconocer en qué niño se ha reencarnado el Buda de la Compasión. A su vez, el Dalái Lama designa al nuevo Panchen Lama que sucede al fallecido.

“Pero en agosto pasado, Pekín decretó que en adelante será ‘ilegal e inválido’ que alguien se convierta en ‘un Buda viviente sin autorización del gobierno’. Tal vez no exista en chino una palabra que exprese con exactitud la mentalidad que puede llevar a tan cruda atribución de autoridad sobre las creencias ajenas. En griego se diría con el viejo término hybris”.

El régimen chino imagina que desaparecerá la resistencia tibetana al dominio de Pekín si consigue imponer un Dalái Lama que pueda tener controlado. Lo mismo ha querido hacer con el Panchen Lama, al designar a un niño para suceder al anterior, después de detener y confinar al que los tibetanos consideran el verdadero.

“Alguien debería decir a los actuales gobernantes del Reino Medio que su celestial poder imperial no se extiende a los puros aires de las montañas del Tíbet”.

Ver artículo original: Atheists in religious raiment.

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