El santoral de la ONU

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Duración lectura: 3m. 42s.

Contrapunto

La Unesco ha decidido crear el Día Mundial del Libro, que se celebrará cada año el 23 de abril. Con este motivo, he consultado una lista de las celebraciones de las Naciones Unidas, y me ha sorprendido comprobar que, con ésta, tenemos ya 40 Días (o Semanas) Mundiales que celebrar a lo largo del año. La lista de celebraciones es ilustrativa de las preocupaciones y modas de nuestro tiempo.

Como la celebración bien entendida empieza por uno mismo, la fiesta más antigua del santoral (data de 1948) es el Día Mundial de la ONU, aunque quizá sólo sus funcionarios sepan que se celebra el 24 de octubre. Las celebraciones dedicadas a grupos de personas se centran sobre todo en minorías que hay que promover, aunque sean minorías realmente multitudinarias. Así tenemos Días mundiales dedicados a la mujer, al niño y a la niña, a las personas de edad, a las personas con discapacidad, a las poblaciones indígenas, a las familias y a la solidaridad con el pueblo palestino. (¿Para cuándo un Día del Hombre?, dirá él. ¿No son bastantes los otros 364?, responderá ella).

La creciente sensibilidad por los problemas medioambientales se advierte en el aumento de las celebraciones relacionadas con la Naturaleza. No sólo hay un Día mundial del Medio ambiente, sino que poco a poco van apareciendo días dedicados a problemas particulares: el agua, la desertización, la capa de ozono, la diversidad biológica, sin olvidar que en 1998 celebraremos el Año Internacional del Océano. Y si no se han creado más no será por falta de ganas, sino por la preocupación de no sobrecargar el “calendario sostenible”. Pero aún hay que añadir un Día dedicado a la Reducción de los Desastres Naturales, que nos recuerda el lado agresivo y ciego de la Naturaleza.

Y es que el santoral de la ONU se centra sobre todo en los problemas. Mientras el santoral litúrgico celebra el triunfo de los santos, que instruyen con el ejemplo de su vida y ayudan con su intercesión, el calendario de celebraciones de la ONU se propone crear conciencia sobre problemas que hay que resolver. Pueden ser lacras que hay que erradicar (Días contra la discriminación racial, el racismo, el tráfico de drogas, la pobreza, el SIDA), o valores que hay que promover (la paz, el desarme, la libertad de prensa, los derechos humanos, la alfabetización, el hábitat, la alimentación, la industrialización de África).

Como estas celebraciones carecen hoy por hoy de arraigo popular, son los medios de comunicación los que ofrecen su púlpito a expertos o a los organismos interesados para que adoctrinen al pueblo fiel. Se obtiene una mayor repercusión si el Día se hace coincidir con la aparición de un informe anual que disecciona el problema. Así, el Día Mundial de la Población no sería lo mismo si no pudiéramos alarmarnos con el informe del Fondo de la ONU para la Población, magnífico ejemplo de la literatura fantástica de terror.

Otro capítulo del santoral de la ONU se dedica a celebrar actividades que, quizá por su relevancia, merecen ser destacadas. Encontramos ahí el Día mundial de la Salud, de la Ciencia, de las Telecomunicaciones, de las Cooperativas, del Correo, el día Marítimo, el Metereológico, el de la Información sobre el desarrollo y el de los Voluntarios para el desarrollo. Por qué precisamente estos y no otros es un misterio que los doctores y los lobbies de la ONU os sabrán responder.

A las celebraciones de los Días mundiales hay que sumar los Años dedicados a un asunto específico, pasto de los ciclos de conferencias: hemos soportado bastante bien el de la Tolerancia, que está a punto de terminar, y ya tenemos temas adjudicados hasta el año 1999. A su vez, por encima de los años, la ONU instituye decenios internacionales sobre problemas determinados. Hasta catorce decenios estamos atravesando en este momento, decenios consagrados a impulsar temas prioritarios que van desde la industrialización de África (aunque no lo parezca) al Desarrollo cultural.

Y, por no ser menos que el calendario litúrgico, no podía faltar un día penitencial: el Día sin Tabaco.

Ignacio Aréchaga

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