Los intelectuales: especie en trance de extinción

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Álvaro Delgado-Gal reflexiona en ABC (21-10-2009) sobre la poca relevancia pública de los intelectuales en las sociedades de hoy.

“Los intelectuales -explica Delgado-Gal- se han quedado sin entorno: los nichos en que acostumbraban a desenvolver su existencia se han visto expuestos, desde los últimos tres o cuatro decenios, a una erosión insistente, progresiva y probablemente irreversible”.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Es cierto que el papel político de no pocos intelectuales ha dejado mucho que desear, por las simpatías por los regímenes totalitarios. , los apoyos a los dictadores y su servilismo son algunos de los fenómenos que han generado la desconfianza del público. Sin embargo, la pérdida de su relevancia social se debe más bien a la desaparición de su función secular. “A lo largo del tiempo, los intelectuales habían desempeñado funciones varias: la de apologistas al servicio de la Iglesia, la de humanistas o poetas en la corte del príncipe, la de bohemios y malditos en las grandes metrópolis europeas del XIX”.

Ahora, en el contexto de las sociedades de consumo y de las democracias masificadas, esa “figura en la que se fundían, como en un cuño, el pastor de pueblos y el levita bíblico”, ha dejado de tener sentido. “La democracia ha derivado -dice Delgado-Gal- en un experimento radical, aunque no según lo soñaron los viejos revolucionarios, sino en línea mucho más afín a las teorías del mercado: sobresale más el que contenta a los consumidores. En este mundo, regido por las leyes de la oferta y la demanda, florecen cantantes, estrellas de televisión, y políticos con glamour escénico”. En cambio, “el intelectual, con su pesada prosopopeya, con sus barbas de patriarca, se ha convertido en un trasto y un pelma”.

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