La religión como fuerza de paz

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Duración lectura: 3m. 31s.

Hay quienes como Samuel Huntington opinan que la última fase en la evolución de la guerra será el choque de civilizaciones. Otros como Michael Klare profetizan un decorado de tensiones causado por las disputas en torno a unos recursos naturales cada vez más escasos. Tampoco faltan quienes ven la religión en la raíz de los conflictos contemporáneos. En cambio, el semanario The Economist (5-07-2008) hace un repaso de las numerosas instituciones religiosas dedicadas a promover la paz en el mundo.

El artículo refleja sorpresa ante la visita que el presidente norteamericano Bush hizo, durante su reciente viaje a Italia, a la comunidad de San Egidio, una institución católica con más de 60.000 miembros que trabaja en 70 países. Desde inicios de los años noventa, la comunidad fundada por el historiador italiano Andrea Riccardi se propone, entre otras cosas, mediar en los conflictos para lograr la pacificación a través del diálogo. Mozambique, Guatemala, Kosovo y, más recientemente, Costa de Marfil han sido los escenarios de sus últimas mediaciones.

También la Iglesia católica protagoniza en primera persona muchas tareas de pacificación. The Economist recuerda cómo diplomáticos del Vaticano “han mediado entre los gobiernos y los rebeldes en varias naciones africanas, en particular Burundi, donde fue asesinado en 2003 el enviado de la Santa Sede, Michael Courtney”.

El semanario se hace eco de un estudio elaborado por el Instituto Holandés de Relaciones Internacionales, que censa 27 grupos religiosos -cristianos, musulmanes o de otros credos- dedicados a mediar entre partes en conflicto. El análisis del trabajo de estas instituciones destaca sus puntos fuertes: “Su presencia sobre el terreno, su autoridad moral y espiritual constituyen un referente para movilizar a otros para la paz”. Entre las debilidades, el informe menciona “insuficiente atención a los resultados y una cierta falta de profesionalidad”. También cita The Economist una investigación realizada en 2001 por el Instituto para la Paz de Estados Unidos, que concluía que “las organizaciones de paz basadas en la fe tienen un papel especial que desempeñar en las zonas de conflicto religioso”.

El truco para la paz es apoyarse en los puntos comunes”, dice Sharon Rosen, consejera de Search for Common Ground, una ONG dedicada a la resolución y prevención de conflictos. Por sus oficinas en Jerusalén han pasado desde el rabino jefe de Israel a los representantes del tribunal de la sharía, pasando por diversos patriarcas de la Palestina cristiana. “No creo que el diálogo interreligioso vaya por sí solo a lograr la paz en el Oriente Medio -dice Rosen-, pero creo que es parte esencial en el proceso”. Refiriéndose a los acuerdos de Oslo, Sharon Rosen opina que “hacer caso omiso de la religión fue un grave error”.

Su marido, el rabino David Rosen, es firmante de la declaración de Alejandría que en enero de 2002 reunió a rabinos, muftíes y líderes cristianos, entre los que se encontraba el entonces arzobispo de Canterbury, George Carey. En aquel momento todos estuvieron de acuerdo en que era necesario acabar con el derramamiento de sangre en Tierra Santa. Según explica The Economist, es cierto que aquel compromiso podía quedarse en buenas palabras. Pero todo suma: “Esos contactos crean redes humanas de confianza que entran en juego, a menudo en secreto, en crisis como el asedio de la iglesia de la Natividad de Belén en mayo de 2002”.

Aunque el extremismo islamista justifica y aviva el recurso a la guerra santa, llamando a la violencia para defender la religión, tampoco entre los musulmanes faltan grupos promotores de la paz mediante el entendimiento interreligioso. Uno de los esfuerzos que se han hecho por conseguirlo es, por ejemplo, el llamado “Consejo de 100 Líderes”, un ecléctico grupo de obispos, rabinos, imanes, profesores y profesionales de diversa índole reunidos en torno al Foro Económico Mundial, con sede en Suiza. El Consejo nació tras los atentados del 11 de septiembre y desde entonces ha promovido estudios e iniciativas que surgen de la convicción de que el diálogo interreligioso es pieza clave para la solución de muchos enfrentamientos.