Identidad: suma sin exclusiones

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Duración lectura: 3m. 41s.

El escritor Amin Maalouf, un cristiano árabe, de origen libanés y nacionalizado en Francia, tiene unas coordenadas vitales muy apropiadas para reflexionar sobre cómo uno puede construir su identidad sobre muy diversas pertenencias (religión, lengua, cultura…).

Al recibir el premio Goncourt por su novela La Roca de Tanios en 1993, Maalouf declaraba: “En el marco mundialista en que vivimos, el orden social debiera basarse en el derecho a las más diversas pertenencias. Fuera de esto sólo veo un suicidio frontal y enfrentamientos sin fin”. En esos momentos, la tragedia de Yugoslavia conmocionaba ya la conciencia del mundo civilizado, culminada estos días con la guerra de Kosovo. Con este telón de fondo, Amin Maalouf ha escrito un luminoso y a veces apasionado ensayo-denuncia sobre las Identidades asesinas (1). En él trata de responder a la inquietante pregunta de cómo es posible que en las postrimerías del siglo XX la afirmación de una identidad vaya acompañada por la negación de la identidad del otro.

El autor parte de su propia identidad con sus múltiples pertenencias para realizar un sobrevuelo por la historia de la filosofía, las culturas, las religiones, especialmente la islámica sobre la cual desvela algunos malentendidos. Podría achacarse a Maalouf una excesiva simplificación, que le hace cometer algunos errores a propósito de la identificación del próspero mundo occidental de hoy con el cristianismo. Pero hay que reconocer su esfuerzo intelectual que le permite llegar a una primera conclusión, obvia por otra parte aunque se olvide con frecuencia: que, al margen de las pertenencias, nunca se dan dos personas iguales y que el valor personal es lo que hace que cada ser humano sea singular y potencialmente insustituible.

Ahora bien, si en otras épocas había una pertenencia primordial, tan superior a las demás que estaba justificado denominarla “identidad”, hoy nos encontramos con que no hay una única pertenencia que se imponga de manera absoluta. Los mecanismos de la identidad son complejos y pueden citarse decenas de ejemplos, uno de los cuales, el más paradigmático, es, para el autor, el del Líbano, la tierra que más conoce. Allí las diversas comunidades han convivido y también se han enfrentado durante mucho tiempo por su territorio y su parcela de poder, hasta llegar a una guerra civil que todavía lame sus heridas.

¿Hay alguna explicación universal para todas la matanzas cometidas en nombre de la “identidad”? Amin Maalouf no se atreve a darla, porque tampoco cree que exista ningún remedio milagroso. Pero insiste en que no por ello hemos de dejar de buscar y de sugerir tal o cual vía de solución. Lo que importa, en suma ‒y esto puede ser perfectamente aplicable a España‒, es “manejar la realidad” o, dicho en otras palabras más gráficas, “domesticar a la pantera”, apenas tengan los habitantes de un país la sensación de que pertenecen a comunidades distintas ‒religiosas, lingüísticas, étnicas, raciales, tribales o de otro tipo‒.

¿Cómo? Un primer paso es la vía democrática y, con ella, reconocer en el seno de la colectividad nacional la pertenencia a varias cosas ‒lengua, religión, región, etc.‒, y evitar así toda práctica discriminatoria: la de las mayorías sobre las minorías y viceversa.

La conclusión es una invitación a reflexionar sobre el fenómeno de esas “identidades asesinas” que pueden albergarse en cualquier país. En este contexto, el autor anima a todo ser humano a asumir su propia diversidad, a que entienda su identidad como la suma de sus diversas pertenencias en vez de confundirla con una sola erigida en instrumento de exclusión, a veces en instrumento de guerra. Y con este único remedio, un sueño del autor: poder llamar algún día “patria” a todo el Cercano Oriente y “compatriotas” a todos su hijos, musulmanes, judíos y cristianos de todos los orígenes. Un sueño que ya pueden aplicarse todos los europeos en relación con la Europa Unida… en la medida que nadie excluya o se excluya por razones de cultura, religión, nacionalidad o cualquier otra “identidad” que tantos asesinos ha producido.

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(1) Amin Maalouf. Identidades asesinas. Alianza. Madrid (1999). 197 págs. 1.950 ptas. T.o: Les identités meurtrières. Traducción: Fernando Villaverde.