Los bombardeos vistos por los otros

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Duración lectura: 4m. 48s.

Diversos medios de prensa recogen las reacciones negativas que la intervención de la OTAN en Kosovo ha provocado en los países no occidentales.

En un análisis publicado en Le Monde (7-VI-99), Alain Frachon compara la distinta percepción de la guerra de Kosovo en Occidente, donde la intervención de la OTAN ha contado con un amplio apoyo a pesar de las críticas al modo de conducir la guerra, y en otros lugares, donde ha tenido mala prensa.

En Occidente se destaca que la guerra se hacía para proteger los derechos humanos. “No obedecía a una lógica de conquista territorial o de control de materias primas, inexistentes en este caso. Una parte de los juristas progresistas hablan de un avance en el Derecho internacional: la voluntad de defender los derechos del hombre ha prevalecido sobre la defensa de las fronteras; la de impedir ‘crímenes contra la humanidad’ (el trato dado por las fuerzas serbias a los kosovares) ha predominado sobre el respeto a la soberanía de un Estado, Serbia”.

Pero lo que en Occidente se considera un avance del derecho de injerencia positiva, en Pekín y en Asia, en Moscú y en Nueva Delhi, o en Africa, se percibe como “una amenaza, una regresión ‘neocolonial’, una marcha atrás a los tiempos aborrecibles de la dominación occidental”.

Es verdad que Rusia podría recordar su actuación en Chechenia o Pekín el trato dado al Tíbet, pero hay también razones de fondo. “La soberanía de los Estados, su libertad para arreglar sus asuntos internos, principio que a partir de ahora Occidente ya no reconoce como absoluto, es considerado como una vaca sagrada en todos los demás sitios. Sobre todo donde han luchado para desprenderse de la sumisión a una potencia occidental. La imagen que se impone en tierras lejanas, donde a menudo se ignora lo que es el régimen de Milosevic, no es ya la de los refugiados, sino la de los bombardeos: la imagen de un pequeño Estado agredido por una poderosa coalición”.

La marginación de la ONU en la guerra de Kosovo acentúa las reacciones negativas. “La ONU sigue siendo la sede privilegiada de los asiáticos, de los africanos, de los latinoamericanos, aquella donde todo el mundo tiene la misma voz en la Asamblea General, y donde chinos y rusos son muy celosos de sus prerrogativas de miembros permanentes del Consejo de Seguridad”.

“Tanto en Africa como en Asia, se tiembla ante la mera posibilidad de que se otorgue a los kosovares el derecho a la autodeterminación. (…) Sin hablar de China, los grandes países de Asia, conglomerados de infinitas minorías étnicas y religiosas, han sacralizado el principio de la ‘unidad nacional'”.

También Serge Schmemann (International Herald Tribune, 7-VI-99) se refiere al escepticismo con que han sido acogidas fuera de Occidente las razones morales aducidas por la OTAN para justificar los bombardeos. “Muchos especialistas y dirigentes extranjeros se han preguntado si los aliados habrían actuado en caso de que Kosovo estuviera en Asia central, por ejemplo, y hasta qué punto la operación estaba pensada en realidad para definir el alcance, el papel y la credibilidad de la OTAN y de Estados Unidos en la Europa post-comunista”.

Los que acusan a la OTAN de defensa selectiva de los derechos humanos plantean cuestiones como “dónde estaba la alianza durante el genocidio de Ruanda, por qué ha consentido con la represión contra los kurdos por parte de Turquía o la de los independentistas de Timor Oriental por parte de Indonesia, y por qué ha guardado silencio a propósito de Cachemira”.

Aunque al final la OTAN haya conseguido doblegar a Milosevic, señala Schmemann, la intervención “ha causado considerable irritación en el exterior. En algunos países, especialmente en Rusia, se ha visto toda la campaña como una exhibición de fuerza de la OTAN, en la que los albano-kosovares no han sido más que un pretexto. Junto con la reciente ampliación de la OTAN, consumada este mismo año, los bombardeos han provocado un serio deterioro de la imagen de Estados Unidos en Rusia”.

The Economist (22-V-99) examina la reacción en los países árabes. “Los dirigentes de la OTAN parecían esperar alabanzas de los musulmanes árabes por defender a sus correligionarios de Kosovo, pero se han ganado sobre todo reproches por puentear a la ONU y ‘tomarse la justicia por su mano’. Un comentarista de un diario londinense en árabe ha escrito que ‘la actual ofensiva contra Serbia muestra que la OTAN está decidida a despojar de poderes a la comunidad internacional'”.

Ciertamente, en Oriente Próximo, las simpatías de los musulmanes están con los albano-kosovares, que han recibido sustanciosas ayudas -también de cuestaciones populares- de los países árabes. Ahora bien, “para la opinión pública árabe, los abusos contra los kosovares exigen la intervención de la ONU o de los países musulmanes. Pocos árabes dan crédito a la OTAN cuando asegura que actúa por el bien de los kosovares. Unos dicen que la OTAN está haciendo una exhibición de fuerza para que el mundo sepa quién manda. Según otros, la OTAN sabía que los bombardeos acelerarían la ‘limpieza étnica’ emprendida por los serbios, y así contribuiría a barrer a los musulmanes de Europa; o que la ofensiva contra un país cristiano como Serbia no es más que una manera de apaciguar a la opinión pública musulmana con vistas al próximo ataque a Irak. Las discusiones sobre el tema no son precisamente serenas”.