El Papa predica la reconciliación y la paz entre croatas y serbios

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Duración lectura: 4m. 27s.

Un fuerte mensaje de reconciliación y de paz entre todos los grupos étnicos que integran la población de los Balcanes: éste fue el denominador común de los discursos e intervenciones que Juan Pablo II pronunció durante su breve estancia en la capital de Croacia, Zagreb, cuya diócesis cumplía nueve siglos de existencia.

El Pontífice, que visitaba por primera vez los territorios de la ex Yugoslavia, afirmó que viajaba como “peregrino de reconciliación” entre croatas, serbios y musulmanes. “¡La paz en los Balcanes no es una utopía!”, dijo con voz vibrante, a pesar de que eran apreciables las secuelas de la intervención quirúrgica en la cabéza del fémur a la que fue sometido hace cuatro meses.

Por su parte, y en contra de los temores expresados por algunos medios informativos, las autoridades croatas evitaron la tentación de explotar políticamente esta visita. El Papa tuvo presente, durante sus apenas veinticuatro horas en Zagreb, las otras dos etapas en los Balcanes que no pudo realizar por motivos políticos: Belgrado (Serbia) y Sarajevo (Bosnia-Herzegovina). “Para intentar frenar esta sangrienta guerra homicida he intentado todo, he llamado a todas las puertas”, dijo nada más llegar.

Aunque la Iglesia ortodoxa serbia no envió ningún representante oficial a los actos, Juan Pablo II se refirió con deferencia a sus pastores y fieles. En este sentido, alentó a los católicos croatas, que representan el 68% de los 5,4 millones de habitantes, a intensificar el diálogo ecuménico con los ortodoxos, “aun en las actuales y difíciles circunstancias”.

No se hizo esperar un primer efecto positivo de las palabras del Papa. Un metropolitano ortodoxo serbio, Laurentije Trifunovic, que participó en un encuentro interreligioso celebrado en Asís (Italia), afirmó que su juicio sobre los discursos del Papa era totalmente favorable. El metropolitano dijo que los ortodoxos serbios estarían encantados con poder acoger a Juan Pablo II en Belgrado, pero sólo cuando los tiempos maduren, “quizá después de que se anule el embargo económico contra Serbia”.

El representante ortodoxo añadió que existía un “intercambio de cartas entre nosostros, el Vaticano y el patriarcado ortodoxo de Moscú, para organizar en Sarajevo un encuentro entre los jefes de las comunidades religiosas católica, ortodoxa y musulmana”. Parecía que esa idea, que fue lanzada en mayo por el patriarca ortodoxo de Moscú, Alexis II, se había desechado; pero el metropolitano aseguró que los preparativos continúan.

Durante su viaje a Zagreb el Papa subrayó que el conflicto en la ex Yugoslavia no es una guerra de religión. Recordó que durante casi un milenio nunca ha faltado, “ni aun en los momentos más oscuros”, la gran tradición de la tolerancia religiosa. “¡No, no es lícito atribuir a la religión el fenómeno de la intolerancia nacionalista que está haciendo estragos en estas regiones!”.

Las actuales trágicas divisiones y tensiones, añadió, no deben hacer olvidar que “son muchos los elementos que unen a estos pueblos que hoy están en guerra. Durante siglos se han aceptado recíprocamente, desarrollando múltiples intercambios en el campo del arte, de la lengua, de la escritura, de la cultura popular. ¡La paz en los Balcanes -deseo afirmarlo con fuerza en este momento de sufrimiento- no es una utopía! Al contrario, se impone como una perspectiva de realismo histórico”.

Para el Papa, además, el origen de esta guerra es absurdo. Sentado el principio de que toda nación tiene derecho a la existencia y al reconocimiento político, el Pontífice comentó que esas mismas naciones pueden reunirse en Estados federados como fue el caso de la República Yugoslava, “Federación de los Eslavos del Sur”, surgida tras la II Guerra Mundial.

“Cada una de las naciones que la integran, según determinadas circunstancias y condiciones, puede salir de la federación y constituir un Estado autónomo. Eso fue lo que ocurrió en 1989 en el territorio de la ex Federación Yugoslava. Cada una de las repúblicas que han surgido como fruto de este proceso tiene el derecho a la propia soberanía, que el ordenamiento internacional no puede negar”.

“Si se tienen presentes -continuó- estos principios elementales del orden ético-jurídico internacional, se debe decir con claridad que la guerra que ha estallado en los Balcanes, y que todavía produce tantas víctimas en Bosnia-Herzegovina, carece de cualquier justificación”.

El Papa, de todas formas, remarcó que Croacia debe seguir un “camino de paz” para resolver “los difíciles y delicados problemas todavía pendientes, como los relacionados con la soberanía sobre todo el territorio nacional, el retorno de los prófugos y la reconstrucción de cuanto la guerra ha destruido”. La referencia al territorio nacional es una mención del conflicto existente en la región croata de la Krajina, actualmente en manos serbias.

“Pedir perdón y perdonar: esta es la consigna que os deja hoy el sucesor de Pedro”. El Papa dijo que la herencia cristiana de Croacia, primer pueblo eslavo que abrazó el cristianismo, hace trece siglos, es una invitación a “elevar una súplica ardiente y confiada por la paz”. “Perdonar significa librar el corazón de sentimientos de venganza”.

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