El capitalismo no es monolítico

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Duración lectura: 7m. 27s.

El modelo neoamericano frente al modelo renano
Tras la caída del comunismo, el capitalismo aparece hoy como el sistema sin alternativa. Pero la ausencia de un competidor no debe hacernos olvidar que el capitalismo no es monolítico, sino múltiple y complejo. Esto es lo que destaca Michel Albert en su obra Capitalismo contra capitalismo (1), libro que al ser publicado en Francia se convirtió en un punto de referencia del debate ideológico. Albert, presidente de Assurances Générales de France, contrapone un modelo “neoamericano” y un modelo “renano”, como exponentes de “dos lógicas antagónicas del capitalismo en el seno de un mismo liberalismo”.

El modelo neoamericano es el propio de Estados Unidos y Gran Bretaña; el llamado modelo renano tiene su epicentro en Alemania, pero engloba también a Suiza, el Benelux, en cierta medida a Escandinavia, y admite muchas semejanzas con Japón. Aunque los dos se basan en la propiedad privada de los medios de producción y en la libre fijación de los precios en el mercado, Albert detecta diferencias notables entre ambos.

Dos tipos de propietarios

En lo que respecta a la propiedad de las empresas, el modelo neoamericano se caracteriza por un accionariado anónimo e inestable. El mercado bursátil es allí la principal fuente de financiación de las empresas. Los inversores institucionales (fondos de pensiones y compañías de seguros, que poseen del 40 al 60% de la capitalización de Wall Street) buscan una rentabilidad a corto plazo de su cartera. Para ellos la empresa es sólo “un paquete de acciones”, del que se desprenden en cuanto aparece una opción más atractiva.

Esta tendencia se ha acentuado con el reciente predominio de las finanzas sobre la industria. La especulación financiera ha sido el caldo de cultivo de los raiders y de las OPAS hostiles, y ha estimulado la obsesión por las grandes ganancias a corto plazo. Para esta concepción, -afirma Albert-, “la empresa es sólo una máquina de ‘cash-flow’, sacudida por las olas del mercado y amenazada por las imprevisibles tormentas de la especulación bursátil”.

En el capitalismo renano, en cambio, la propiedad es más individualizada y estable. En Alemania los financiadores de las empresas son sobre todo los bancos, y hay grandes empresas que ni tan siquiera cotizan en Bolsa. Con frecuencia hay una red de intereses cruzados entre los bancos y las empresas, con representantes en los respectivos Consejos de Administración. Esto permite la estabilidad de los principales accionistas y apostar por la ganancia a más largo plazo. Esta concepción favorece también la idea de la empresa como una comunidad de intereses entre la dirección, los accionistas y los empleados.

El papel del mercado y del Estado

El distinto enfoque se advierte también en el modo de tratar a los empleados. Según el modelo anglosajón, para lograr la máxima competitividad de la empresa hay que acentuar la competitividad individual de cada empleado. Esto supone pagar mucho a los mejores y prescindir inmediatamente del que deja de ser necesario. En la concepción renano-nipona, por el contrario, los mecanismos de promoción se basan sobre todo en la cualificación y la antigüedad. En Alemania los sueldos están entre los más altos del mundo, pero se evitan las excesivas diferencias salariales. La empresa se ocupa de la formación profesional del trabajador y le ofrece una estabilidad en el empleo, a cambio de lo cual espera fidelidad. En consecuencia, afirma Albert, el sentimiento colectivo de pertenencia a la empresa es fuerte en el modelo renano o japonés y cada vez más débil en el anglosajón.

La contraposición entre ambos modelos se advierte también a propósito del papel del Estado. La convicción liberal y la desconfianza en el dirigismo económico del Estado están tan arraigadas en uno como en otro. Pero en el modelo renano se considera que el funcionamiento del mercado debe ser equilibrado por la exigencia social, cuyo garante es el Estado. Así se evita es dualismo tan evidente en el modelo americano, con las crecientes diferencias -en renta, educación, atención médica…- entre los que están arriba o abajo en la escala social.

Superioridad del modelo renano

Al comparar ambos modos de practicar el capitalismo, Albert constata la superioridad del modelo renano. Superioridad económica, en primer lugar, manifestada en diversos factores: el marco y el yen se adueñan poco a poco de las posiciones del dólar; Alemania y Japón tienen los mayores excedentes comerciales del mundo, por su sólida capacidad industrial y su agresividad exportadora; y la tasa de ahorro de alemanes y japoneses ha ido en aumento, mientras disminuía en Estados Unidos. Este ahorro ha permitido que Alemania y Japón financien sus propias inversiones y a la vez presten afuera con intereses ventajosos; por el contrario, los americanos han tenido que buscar fuera el dinero que no ahorran en casa.

La superioridad social de un modelo es más difícil de medir, pero también en este aspecto Albert se inclina por el modelo renano. Si se considera el modo en que los ciudadanos se encuentran protegidos ante riesgos importantes -enfermedad, desempleo…-, el grado de seguridad es mayor en Europa que en Estados Unidos, donde 35 millones de personas carecen de seguro de enfermedad y el despido laboral es casi sin preaviso y con una mínima indemnización. Las desigualdades sociales son también más clamorosas en América: si se define a la clase media como el conjunto de personas cuyos ingresos rondan la media nacional, sólo sería de clase media el 50% de la población norteamericana frente al 75% en Alemania. En cambio, América destaca por su mayor movilidad social y por su capacidad de absorción de los inmigrantes, mientras que en Alemania los trabajadores extranjeros no están integrados y en Japón son rechazados.

La seducción americana

Aunque el modelo renano resulte más eficaz, Albert reconoce que hoy es el modelo americano el que seduce a la gente. Los habitantes de los países subdesarrollados que quieren salir de su atraso están deslumbrados por el modelo americano. Quizá sea, como sugiere Albert, porque el modelo americano -con su sueño dorado de grandes operaciones financieras y fortunas súbitas- es más sexy que la paciente prosperidad del modelo renano.

Pero también en los países que han experimentado el modelo renano se están produciendo cambios que van en la dirección del modelo americano. Con la globalización de los mercados financieros, se introduce también en el modelo renano el afán de dinero fácil, la lógica del mercado puro y duro con menos sujeciones y más riesgo de bancarrotas y negocios dudosos. El culto al trabajo y al ahorro empieza a ceder frente a los encantos del consumismo. Y los excesos del Estado-providencia provocan una reacción contra la carga fiscal y la irresponsabilidad amparada en la protección social.

Quizá estos cambios no reflejen tanto una elección entre distintos modelos sociales como un resultado global de nuevas actitudes personales ante la vida. El fin del “modelo sueco”, por ejemplo, confirma que la solidaridad deja de funcionar cuando el retroceso del espíritu cívico lleva a abusar de la generosidad del sistema social. Como dice con humor un economista sueco, “la Seguridad Social funciona muy bien hasta que las personas aprenden a utilizarla”. Del mismo modo, la frugal sociedad japonesa se ve hoy lanzada a una carrera consumista que trastorna sus costumbres y sus valores. Y la cohesión social alemana ha mostrado sus fisuras a la hora de pagar el coste de la reunificación. En el fondo, cabría pensar que si el modelo renano no había incurrido hasta ahora en los defectos del modelo americano es porque ha tardado más en alcanzar su nivel de riqueza.

Pero también puede ser que los cambios recientes en ambos modelos reflejen un movimiento pendular ante los excesos anteriores. Así, la elección de Clinton reflejaría una reacción frente a la revolución conservadora y el Estado mínimo de la era de Reagan, y el retroceso de lo público en Europa supondría un contrapeso a los riesgos proteccionistas del capitalismo renano. En cualquier caso, el libro de Albert ayuda a ver, con palabras asequibles y ejemplos muy gráficos, que existen modos distintos de llevar a la práctica el capitalismo. Y que la ausencia de un sistema rival no significa la renuncia a buscar soluciones nuevas.

Ignacio Aréchaga_________________________(1) Michel Albert. Capitalismo contra capitalismo. Paidós. Barcelona (1992). 253 págs. 2.000 ptas. (Capitalisme contre capitalisme, Seuil, París, 1991).

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