Dos físicos acusan de embaucadores a pensadores posmodernos franceses

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Duración lectura: 2m. 36s.

Dos físicos, el norteamericano Alan Sokal y el belga Jean Bricmont, han lanzado una piedra en el estanque del pensamiento posmoderno acusando de embaucadores a personajes tan pomposos como Lacan, Lyotard, Baudrillard y Derrida. En su libro Impostures intellectuelles (Ed. Odile Jacob, París, 1997), dan un notable rapapolvo a los maîtres à penser del posmodernismo, acusándoles de utilizar el pensamiento matemático y físico sin tener ni idea de qué va la cosa. Hace un año, Alan Sokal ya organizó un buen revuelo con un artículo aparentemente muy posmoderno que era en realidad una tomadura de pelo, y que fue publicado con toda seriedad en la revista Social Text.(*)

Para Sokal y Bricmont, Julia Kristeva “no comprende, manifiestamente, el significado de los términos que emplea”. Luce Irigaray “no entiende la naturaleza de los problemas físicos y matemáticos que se plantean en la mecánica de fluidos”. Jacques Lacan confunde los números irracionales y los imaginarios, afirma sin demostrar, y lo que dice da risa. Bruno Latour presume con ligereza de haber entendido a Einstein. Jean Baudrillard salpica sus banalidades de términos científicos mal digeridos. Gilles Deleuze y Félix Guattari realizan afirmaciones incomprensibles. Paul Virilio confunde nociones básicas de cinemática.

“Constatemos que los dos científicos -afirma Roger-Pol Droit (Le Monde, 30-IX-97)- han reunido una despiadada y divertida colección de idioteces. Gracias a ellos sabemos que algunos autores franceses, entre los que se cuentan los más conocidos en ciencias humanas, han escrito estupideces sobre cuestiones científicas que conocen mal (…) ¿Qué prueba este conjunto de contrasentidos? ¿Hay que sacar sólo una lección: nuestros honorables creadores de teorías psicoanalíticas o de conceptos filosóficos habrían hecho mejor si no se hubieran atrevido a comentar el teorema de Gödel, la física cuántica o la lógica proposicional, visto que, efectivamente, no conocen gran cosa de ellas? ¿O se trata de demostrar que sus meteduras de pata en matemáticas los descalifican en filosofía, y que su ignorancia en ciencias físicas los convierten en impostores en todo trabajo teórico en ciencias humanísticas?”.

Roger-Pol Droit admite que Sokal y Bricmont han emprendido un “proyecto ambicioso con el que se proponen atacar la derivación anti-racionalista del pensamiento posmoderno francés, combatir el relativismo que domina en los campus norteamericanos, restaurar una ética de argumentación intelectual, devolver un sentido a la cortesía elemental del pensamiento (saber de qué se habla, rehusar emborracharse de palabras, no ceder ante el argumento de autoridad)”. Pero advierte que abarca demasiado, pues el llamado pensamiento posmoderno “no es más que una etiqueta”. Y por último, entrevé un tufillo anti-francés en los ataques de Sokal y Bricmont, amén de un intento de poner a la ciencia “dura”, como la física o las matemáticas, por encima de la “blanda”, las humanidades. Una defensa algo débil contra un buen ataque.

________________________(*) En Social Text, U. Duke (Carolina del Norte). Debate y comentarios en Internet, www.physics.nyu.edu./faculty/ sokal/index.