Discrepar no es ser homófobo

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Duración lectura: 1m. 46s.

En España, un colectivo de homosexuales ha demandado la retirada de un manual universitario de pedagogía por “homófobo” y “fascista”, porque los autores sostienen que la homosexualidad no siempre es innata y, en tal caso, constituye una desviación que se puede corregir. Ignacio Sánchez Cámara comenta la reacción de los activistas gay (ABC, 10 enero 2002).

(…) No entro en el fondo del asunto. El debate científico debe sustanciarse en una sede científica. Nada cabe oponer al derecho de los autores a enseñar los contenidos que estimen convenientes, en el ejercicio del derecho a la libertad de cátedra. Ni nada cabe oponer a la discrepancia pública, ya sea realizada por expertos o por particulares interesados en el asunto. La libertad de expresión avala, en este sentido, a las dos partes. Los representantes de la asociación de homosexuales y transexuales, que no de todos ellos, pueden expresar su discrepancia e incluso su indignación por lo que hubiere en el libro que pudiera resultarles molesto u ofensivo.

Pero el respeto a la libertad de expresión obliga quizá a no ir más allá. Y se va más allá cuando se califica como intolerable la emisión de las opiniones que no gustan o de las que se discrepa, cuando se las califica como “fascistas”, al menos en el sentido que, inexactamente, se viene atribuyendo al término, y, sobre todo, si se solicita la retirada del libro. Aquí nos encontramos en el límite, si no un poco más allá, del ámbito de la intolerancia. Pues no parece que sea más “fascista” quien expresa una opinión que no atenta contra los derechos, la libertad ni la dignidad de nadie, por discutible o errónea que pueda ser, que quienes intentan impedir que pueda publicar o enseñar esas opiniones.

(…) ¿A qué puede quedar reducida la historia del pensamiento si de ella se extirpa todo lo que pueda molestar u ofender a alguien? En cualquier caso, siempre conviene evitar la intolerancia, incluso cuando es cometida en nombre de la tolerancia.

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