Castro decepciona a los amigos

publicado
DURACIÓN LECTURA: 2min.

Contrapunto

Las injustas condenas a pacíficos disidentes políticos en Cuba y las ejecuciones de los que secuestraron un barco para huir de la isla, han provocado una crisis entre el castrismo y algunos intelectuales conocidos por su apoyo público al régimen. Gabriel García Márquez, en respuesta a Susan Sontag que le emplazó a condenar estas medidas represivas, declara al diario de Bogotá El Tiempo que siempre ha estado en contra de la pena de muerte, y desvela su acción intercesora ante Castro: “Yo mismo no podría calcular la cantidad de presos, de disidentes y de conspiradores que he ayudado, en absoluto silencio, a salir de la cárcel o a emigrar de Cuba en no menos de veinte años. Muchos de ellos no lo saben, y con los que lo saben me basta para tranquilidad de mi conciencia”.

No hay por qué dudar de esta compasiva y silenciosa acción. Pero con sus mismas palabras García Márquez admite implícitamente la catadura de un régimen que desde hace décadas suscita tal “cantidad” de presos políticos. En un régimen democrático normal, no hace falta conspirar, porque se puede alcanzar el poder por elecciones; no hay presos políticos, porque la oposición no es un crimen; no hay disidentes, porque la libertad de expresión está reconocida. Ni nadie se siente inclinado a secuestrar aviones o barcos para salir del país, porque emigrar es un derecho. Y la condena o la libertad no dependen de la acción de un amigo del gobernante, sino de un juicio justo. El problema de García Márquez y de otros es que quieren ayudar al mismo tiempo a las víctimas y al verdugo.

Castro ha decepcionado también a uno de los intelectuales más difíciles de decepcionar, el portugués José Saramago, cuyos ideales comunistas han sobrevivido a todas las catástrofes del socialismo real. Ahora Saramago se desengancha del castrismo y declara que “ha perdido mi confianza, ha dañado mis esperanzas, ha defraudado mis ilusiones. Hasta aquí he llegado”. Pero no conviene olvidar que si Castro ha llegado hasta aquí ha sido también porque ha sabido rentabilizar las relaciones con los intelectuales de izquierdas para promocionar su régimen. Quizá sin ese apoyo, tantas veces incondicional, Castro no podría desilusionar a nadie, porque ningún nombre prestigioso habría contribuido a encumbrarle.

Ignacio Aréchaga

¡Wow! Si has llegado hasta aquí es porque eres un lector comprometido o porque el tema te ha interesado bastante. Nos alegra mucho, porque en Aceprensa escribimos para gente como tú.

Por eso, si todavía no estás suscrito a nuestra newsletter semanal, te invitamos a hacerlo para que no te pierdas más temas como este, además de recomendaciones de cine, series, libros y otros contenidos de vídeo y podcast.

El periodismo de análisis, que se cocina lentamente al margen de las noticias de última hora, necesita de suscriptores para invertir tiempo y recursos en la elaboración de contenido. ¿Te animas? Tendrás acceso ilimitado a todos los artículos de la web y a todas nuestras publicaciones digitales por 8,00€ al mes.

Muchas gracias

Contenido exclusivo para suscriptores de Aceprensa

Estás intentando acceder a una funcionalidad premium.

Si ya eres suscriptor conéctate a tu cuenta. Si aún no lo eres, disfruta de esta y otras ventajas suscribiéndote a Aceprensa.

Funcionalidad exclusiva para suscriptores de Aceprensa

Estás intentando acceder a una funcionalidad premium.

Si ya eres suscriptor conéctate a tu cuenta para poder comentar. Si aún no lo eres, disfruta de esta y otras ventajas suscribiéndote a Aceprensa.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.