Elecciones en Paraguay con ex obispo como favorito

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Montevideo. Mientras una epidemia de fiebre amarilla mantiene en vilo al país, 2,8 millones de paraguayos están llamados a votar el 20 de abril para elegir a un nuevo presidente. Unas elecciones en las que el gobernante Partido Colorado puede ceder el poder después de 61 años, ante una coalición liderada por el ex obispo católico Fernando Lugo.

El oficialismo se presenta con una grave división intestina con la candidatura de la ex ministra Blanca Ovelar -primera mujer en la historia del país en postularse-, quien venció en unos viciados comicios internos con el apoyo del presidente Nicanor Duarte. Sus rivales dentro del partido no le reconocen aún la victoria.

Otro en la contienda es el ex general Lino Oviedo, de la Unión Nacional de Ciudadanos Éticos. Es un disidente colorado; amnistiado por Duarte, dejó la cárcel el año pasado, donde debía cumplir una pena de 10 años (sólo estuvo tres tras las rejas) por liderar un golpe de Estado, por dirigir una masacre contra civiles y por haber incitado desde el exilio a un segundo golpe. La oposición vio en la liberación de Oviedo una jugada del mandatario derechista para restarle votos al que se presenta como el gran candidato: el ex obispo católico Fernando Lugo, alguien hasta ahora ajeno al ambiente político, que puede romper el histórico bipartidismo entre colorados y liberales.

El ex obispo, favorito

Según todos los sondeos de opinión, el ex obispo marcha al frente con un margen de entre 5 y 13 puntos de ventaja sobre Oviedo y Ovelar. No es difícil comprender que un outsider de la política ostente las preferencias de los electores, en un país donde campea en casi todos los ámbitos la corrupción, el amiguismo político y la burocracia.

Lugo, de 56 años, es la alternativa renovadora de centroizquierda y lidera la Alianza Patriótica para el Cambio, integrada por grupos que van desde la democracia cristiana hasta variadas formas del izquierdismo.

Ante la decisión de incursionar en política, Lugo presentó la renuncia a su estado clerical a fines de 2006, pero fue rechazada por el Vaticano que lo suspendió a divinis, es decir que “permanece en el estado clerical y continúa estando obligado a los deberes a él inherentes, aunque suspendido en el ministerio sagrado”.

La Iglesia católica paraguaya ha lamentado la decisión de Lugo de buscar la justicia social a través de la política y no desde su condición de obispo. A fines de 2006, antes de la postulación pero con los rumores del caso, la Conferencia Episcopal paraguaya le recordó que la Iglesia “no debe emprender por cuenta propia una empresa política” y que el “derecho canónico impide que monseñor Lugo se dedique a las actividades religiosas y al mismo tiempo a la política”.

Desde Roma, el cardenal Giovanni Battista Re aseveró, por su parte, que la postulación de Lugo genera confusión y división entre los fieles y es “una clericalización de la misión específica de los laicos y de la misma vida política”.

Otro de izquierda moderada

Pero Lugo sigue haciendo campaña y pensando en comandar a los paraguayos hasta 2013. Aunque no se encuentra tranquilo. El ex obispo de San Pedro está preocupado por un posible fraude electoral y además por la posibilidad de sufrir un atentado. La violencia en el ámbito político nunca estuvo ausente en Paraguay y el último asesinato acaeció en 1999, cuando mataron a tiros al vicepresidente Luis María Argaña.

Para rescatar a los paraguayos de su largo letargo económico, político y social, Lugo ha dicho que buscará cambios “no radicales sino moderados”. Propone una reforma agraria y la construcción de obras de infraestructura, además de sugerir mejoras al incierto Mercosur, el bloque regional fundado en 1991 por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Habrá que ver qué camino toma dentro del continente al pasar a formar parte -si gana- de los gobiernos de izquierda en la región: si va tras los pasos de Hugo Chávez y Evo Morales o de los pragmáticos Luiz Inácio Lula da Silva y Michelle Bachelet. Todo hace indicar que se acercará a este último grupo de gobernantes de la izquierda moderada.

Y entre las mayores propuestas de Lugo para su país, se encuentra la defensa de un trato más igualitario en las hidroeléctricas de Itaipú -la represa más grande del mundo, que comparte con Brasil- y Yacyretá, en la que toma parte junto con Argentina. Esta posición de nacionalismo económico se marcará en que incrementará en 500% el precio de la energía hidroeléctrica que Paraguay vende a los brasileños.

El problema de Lugo es que se enfrentaría a un Parlamento adverso, donde con seguridad habrá mayoría de legisladores colorados. El riesgo de ingobernabilidad es evidente y esto podría restarle votos en la recta final de la campaña electoral.

Maquinaria estatal

En el seno del Partido Colorado hay clara conciencia de que no pasan por el mejor momento. Desde las elecciones internas de diciembre, las fracturas entre los miembros son más que evidentes.

De cualquier manera, la candidata oficialista no logra subir en las encuestas y no solo pierde pie frente a Lugo, sino también ante Oviedo, quien ya está segundo en las intenciones de voto gracias al apoyo que recoge en los extremos de la sociedad: los muy ricos y los más pobres. La postulante colorada transita la campaña electoral cargando con el lastre de su padrino, el presidente Duarte, quien llegará al final del quinquenio de su gobierno con más pena que gloria.

Si bien las reglas democráticas han ido afirmándose en cada país latinoamericano -unos más, otros menos-, Paraguay sigue siendo el típico caso en que el partido de gobierno corre con ventaja sobre el resto de los candidatos que no ocupan cargos públicos y no cuentan a su disposición con toda la maquinaria estatal. Por este motivo, el Partido Colorado paraguayo aún no desespera de ganar.

Uno de los grandes problemas del país, y en especial en estos comicios, es la pérdida de confianza en el Tribunal Supremo de Justicia Electoral. Ha tenido lugar un conflicto público entre los tres magistrados que comandan el órgano electoral y se les acusa de tomar decisiones a favor de los colorados.

La mayoría de los paraguayos ha respondido en las encuestas que quiere al ex obispo Lugo como presidente. Pero a su vez, un número mayor de ciudadanos cree que será la candidata colorada la que alcanzará el sillón presidencial.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares