“Prometo defender el matrimonio”

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Duración lectura: 9m. 48s.

Matrimonio solo entre hombre y mujer, fidelidad, protección contra los abusos entre los esposos, rechazo de la inferioridad de la mujer provocada por la ley islámica (sharia), condena de la pornografía… estos son algunos de los valores que recoge “The marriage vow” (la promesa del matrimonio), una declaración promovida por la organización The Family Leader. Ya lo han firmado algunas de las figuras más destacadas del partido republicano en Estados Unidos.

El candidato firmante se compromete a oponerse a cualquier intento de redefinir el matrimonio fuera de su concepción natural como vínculo entre hombre y mujer

Cuando preguntaron a la portavoz de Rick Santorum, una de las caras más conocidas del partido republicano, por qué había firmado “The marriage vow”, contestó que Santorum estaba muy orgulloso de haberlo hecho. Según la portavoz, lo que Santorum se preguntaba es por qué otros representantes republicanos “no habían tenido el coraje de hacerlo”.

La anécdota da cuenta del asombro que ha producido que Michelle Bachmann –una de las candidatas republicanas mejor situadas para competir porla Casa Blanca– y el propio Rick Santorum hayan decidido dar su apoyo público a la iniciativa creada por la organización The Family Leader (TFL), que es vista por muchos como el paradigma del conservadurismo en materia de familia y sexualidad.

Las palabras de la polémica

Seguramente su publicación no hubiera suscitado tanta polémica de no ser por unas palabras del preámbulo en las que se afirma, a cuenta de la desorbitada proporción de niños afroamericanos nacidos en familias monoparentales (casi un 70% en la actualidad), que “un niño [afroamericano] nacido en la esclavitud en 1860 tenía más posibilidades de criarse en una familia con padre y madre que otro nacido después de la elección del primer presidente afroamericano”.

Aunque estas palabras estaban precedidas por la aclaración de que “la esclavitud tuvo un impacto desastroso para las familias afroamericanas”, han bastado para que desde diversos medios se estigmatizara todo el texto tildándolo de racista, en vez de considerar el conjunto de sus propuestas.. El Washington Post, por ejemplo, declaró que tal afirmación “implicaba que los niños negros tenían mejores condiciones familiares durante la esclavitud que ahora”. TFL se defendió argumentando que no se trataba de juzgar ninguna época, sino de constatar una tendencia preocupante. No obstante, finalmente ha eliminado estas palabras del documento, de lo que por cierto se han felicitado tanto Bachmann como Santorum.

Defensa sin complejos

Algunos creen que este tipo de campañas ata las manos a los políticos y otros dicen que así se sabe lo que van a defender

Pero más allá de la polémica mención a la esclavitud, el texto de The marriage vow señala unas pautas claras y coherentes para la defensa de la familia desde un punto de vista cristiano, aunque la mayor parte de los presupuestos pueden ser compartidos sin necesidad de la fe. No obstante, la declaración, al más puro estilo norteamericano, no esconde las referencias al cristianismo. Más bien todo lo contrario.

Esta falta de complejos y la contundencia de las afirmaciones se refleja desde el primer párrafo: “el matrimonio monógamo y fiel está en lo más profundo de la estructura natural del ser humano, reconocida por las tradiciones judía y cristiana, los filósofos clásicos, la ley natural y los fundadores de América; y de esta estructura derivan nuestros conceptos de derechos humanos recibidos de Dios, el concepto de justicia libre de prejuicios racistas y el de igual dignidad entre los sexos”.

Resulta difícil imaginarse una propuesta como esta en Europa, pero en EE.UU. todo el mundo asume con naturalidad que las implicaciones morales de las decisiones políticas son algo que hay que discutir, y a fondo, en cualquier campaña electoral.

¿Promesas o grilletes?

TFL pretende que pueda firmar el documento cualquier político que se identifique con sus propuestas. Si no lo hacen, dejarán de recibir el aval de la institución. La influencia de la organización –y por tanto su capacidad para la presión directa– se limita casi exclusivamente a Iowa: de hecho, la intención primera era forzar a los candidatos republicanos en ese estado a que declarasen nítidamente su postura sobre el matrimonio.

Sin embargo, la noticia ha encontrado eco en los medios, de forma que The marriage vow se ha convertido en una especie de prueba de fuego para muchos políticos republicanos a nivel nacional. Visto así, puede parecer un chantaje, pero en realidad se trata de que los electores puedan ejercer su voto sabiendo qué piensan los candidatos en estos temas fundamentales.

La firma ha de ser siempre nominal. Se trata de forzar a que sea el político en concreto y no el partido el que asuma unas posturas claras en materias que afectan a la ética.

Sin embargo, ya se han alzado algunas voces contra el modelo concreto del “documento-promesa”. El analista político dela CNN DavidGergen cree que la proliferación de este tipo de campañas constriñe la libertad de actuación de los políticos y en la práctica “les ata las manos”.

Es cierto que el fenómeno de las promesas por escrito afecta a campos de la política como la educación, la economía o el trabajo, y que en esos campos es saludable que el ejecutivo disponga de cierto margen de maniobra que al fin y al cabo es parte del juego político. Con todo, no está de más que en temas que afecten directamente a la moral, los votantes puedan disponer de garantías.

Exigencias concretas

El texto está compuesto por un preámbulo, el texto que formaliza la promesa  y finalmente unas aclaraciones acompañadas de bibliografía.

En la primera parte se explicitan las conductas relativas a la familia y a la sexualidad que apoya y rechaza TFL. El resumen se puede encontrar en la página web de la organización: “TFL […] opina que los matrimonios fuertes y duraderos son necesarios por el bien de los hijos y de la sociedad norteamericana”.

De aquí se derivan las posturas concretas: rechazo del adulterio, del divorcio express, de la cohabitación sin compromiso matrimonial, de las conductas escandalosas de infidelidad por parte de famosos y famosas, o del fomento de la promiscuidad. También se oponen a la aserción “pseudo-científica” de que la orientación homosexual está definida genéticamente. Pero más que una serie de reproches, el texto pretende reivindicar un modelo de familia, y también de sexualidad, que creen que beneficia a la sociedad en su conjunto.

En el capítulo de las promesas, el candidato firmante se compromete, en primer lugar, a guardar fidelidad a su propio cónyuge y a respetar los vínculos matrimoniales de los demás. Estas primeras promesas dan cuenta del carácter de compromiso moral que define el documento.

Además de estas promesas, el aspirante a ocupar un cargo político se compromete a ser fiel a la Constitución, a oponerse a cualquier intento de redefinir el matrimonio fuera de su concepción natural como vínculo entre hombre y mujer, a luchar por las reformas económicas necesarias para desahogar de impuestos a los matrimonios, a promover los periodos de reconciliación –“second chance” o “cooling-off periods”– para aquellas parejas que pretendan divorciarse, a mantener la Ley de defensa del matrimonio (DOMA en sus siglas inglesas), a promover una enmienda constitucional específica que garantice el reconocimiento del matrimonio tradicional, a oponerse a la sharia “y a cualquiera otra forma machista y contraria a los derechos humanos”. Por último, el firmante se compromete a defender a ultranza la primera enmienda constitucional, que reconoce la libertad religiosa y de expresión.

También hay un pequeño formulario de promesa para líderes sociales, religiosos y hombres de negocios que se comprometen a no apoyar, ni económica ni moralmente, a los candidatos que no hayan firmado previamente la declaración. Como no podía ser de otra forma, también prometen guardar fidelidad, en primer lugar, a sus propios lazos matrimoniales.

Tres disparos con bala

Si el texto ha generado polémica en Estados Unidos no es tanto por la implicación de aspectos morales en la política, frecuente en el escenario estadounidense y más aún dentro del bando conservador, como por la mención, a veces velada y a veces evidente, a tres aspectos: el activismo de algunos jueces en relación, por ejemplo, al reconocimiento del matrimonio homosexual; el rechazo directo de la sharia islámica y el apoyo ala DOMA.

En cuanto a lo primero, el documento de TFL señala que “no es ningún secreto que unos cuantos jueces estatales y federales, […], han abandonado la bona fide (rectitud en el discernimiento) en la interpretación de la constitución” acerca del concepto de matrimonio, y pretenden “descubrir una especie de derecho al matrimonio homosexual dentro de la constitución estadounidense”. Por si la crítica no estuviera clara, el texto recuerda que tres jueces estatales de Iowa, que habían hecho esta interpretación, no fueron reelegidos en noviembre de 2010.

La relación del mundo musulmán con la cultura norteamericana es un tema delicado. Por ello, TFL recuerda que la suya no es una condena de todo el islam, sino solo de aquella variante que denigra la dignidad de la mujer, y cita las palabras de un profesor musulmán de Princeton que argumenta que precisamente su concepción de la mujer es lo que hace que el mundo islámico se sienta por debajo el occidental.

La polémica por la DOMA

En cuanto ala Leyde Defensa del Matrimonio (DOMA), el texto no solo pide el apoyo firme a la ley, sino que además propugna una enmienda constitucional en el mismo sentido, de modo que la definición del matrimonio como unión monógama de hombre y mujer quede aún más protegida por la constitución.

Recientemente se está librando una fuerte pugna para deponer esta ley firmada en 1996 durante el gobierno de Bill Clinton. Dianne Feinstein, senadora por California, ha presentado una propuesta alternativa a la que ha llamado Respect of Marriage Act, en oposición a la Defense of Marriage Act. Su propósito, según recoge en un artículo en The Huffington Post (20-07-2011), es “ofrecer estabilidad, seguridad y justicia a miles de parejas del mismo sexo en este país”.

En el artículo argumenta que no se trata de desproteger el matrimonio, al igual que la ley de divorcio no supone desamparar a los casados. De igual manera, el reconocimiento del matrimonio homosexual no debe entenderse como un perjuicio para el modelo tradicional. Para Feinstein, el único freno en este progresivo reconocimiento de derechos esla DOMA.

Sin embargo, resulta problemático entender la definición del matrimonio como un simple despliegue de variedades, todas igualmente válidas y merecedoras de protección. Al igual que sería absurdo que con la propuesta de su Respect of Marriage Act no incluyera a su vez la desautorización dela DOMA, la defensa del matrimonio natural excluye que otras formas de relaciones se consideren matrimonio.

Según Bob Vander, cabeza visible de TFL, se trata en definitiva de “fijar un estándar alto para la dignidad de la mujer, los niños, los matrimonios y las familias”. Desde esta perspectiva hay que entender, por ejemplo, que también condenen la pornografía.