Medicina preventiva contra el divorcio

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Duración lectura: 6m. 55s.

En la Clínica Universitaria de Navarra trabaja desde 2001 la Unidad de Diagnóstico y Terapia Familiar (UDITEF) -dependiente del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica-, cuyo objetivo es ayudar a familias que padecen conflictos internos (ver Aceprensa 138/04). Más del 75% de las familias y matrimonios que siguen las orientaciones de la UDITEF mejoran su situación personal, conyugal o familiar. Hemos preguntado al Dr. Adrián Cano Prous, uno de los responsables de la Unidad, cómo lo hacen.
Una mujer recientemente divorciada me comentaba que habría que escribir el “Manual del perfecto… predivorciado”. “Más que nada para que los candidatos sepan que no son los primeros que empezaron a depilarse, a dejarse melenita o a ir al trabajo con mochila justo antes de firmar el convenio regulador del divorcio. Y que ese deseo de ser libre, de mascar chicle en moto y de hacer a los cuarenta lo que es más propio de los veinte no es tan insólito: es el capítulo 1 del Manual…”, me decía.

El divorcio se ha instalado en la sociedad española de forma que no es insólito tener que “mediar” en algún conflicto o, por lo menos, opinar. Aunque no sirva de mucho: “Yo conocía a uno que se divorció y lo que hizo fue…”. “Ah, gracias, ¿y dices que se divorció?”. Más vale acudir a expertos porque cuando llegan las dificultades -la enfermedad de uno de los cónyuges, la infidelidad, el distanciamiento- es difícil que las parejas miren las cosas con perspectiva y muy fácil creer que no hay solución.

— Parece que la nueva ley ha multiplicado el número de divorcios porque no hace falta separación previa ni causa justificada. ¿Puede una ley provocar un aumento de las rupturas?

— La ley no afecta a los matrimonios que funcionan. Es decir, si alguien está satisfecho con su vida conyugal y no se ha planteado nunca el divorcio, no lo va a hacer por el hecho de que aparezca esta ley.

Ahora bien, es indiscutible que esta nueva ley actúa en perjuicio de los matrimonios que deciden plantearse una separación como solución o única salida a un problema determinado. De este modo, los cónyuges se ven privados del tiempo necesario para analizar la situación desde una perspectiva objetiva y sin dejarse influir por una crisis puntual, por muy grave que ésta pueda parecer.

Tratar a toda la familia

— Mucha gente piensa que los trapos sucios se lavan en casa, pero su Unidad demuestra que se necesita ayuda especializada. ¿Se dan cuenta las familias con problemas o simplemente acuden a personas cercanas?

— En muchas ocasiones, cuando los problemas nos desbordan, se llega a un punto en el que es necesario recibir ayuda externa, ya que desde dentro se llega a perder la perspectiva y no es fácil detectar y cambiar los patrones disfuncionales a los que se ha recurrido durante años. Por ello, comprobamos cada día en nuestra Unidad que una ayuda externa, objetiva y especializada es imprescindible en muchos casos. Es cierto que todavía en España no hay muchas unidades de estas características, lo cual hace que no todos los matrimonios que lo necesiten tengan la posibilidad de recibir ayuda de este tipo. Por suerte, en los últimos años la tendencia está cambiando y se está dando cada vez más importancia al enfoque familiar.

— ¿Qué profesionales componen la UDITEF?

— La Unidad está compuesta por psiquiatras, médicos especialistas, psicólogos y enfermeras. El estudio diagnóstico se realiza en un día y en él se realizan entrevistas familiares, individuales, genogramas, cuestionarios especializados y pruebas de comunicación. Posteriormente se entrega un informe detallado del estudio con una orientación terapéutica. Creemos conveniente que la terapia tenga un plazo concreto, que dependerá del tipo de disfunción, de su gravedad y de la disposición y capacidad de los afectados. Por norma general la terapia dura entre 6 y 8 sesiones, con una periodicidad mensual.

— ¿Cómo son esas entrevistas?

— Hay una primera entrevista familiar para conocer a todos los miembros, obtener información del conflicto y los motivos que lo han desencadenado. Luego realizamos entrevistas individuales a los cónyuges, a los hijos mayores de 12 años y a otras personas que puedan aportar información del conflicto. De esta forma observamos la visión que cada uno tiene del problema y detectamos los puntos fuertes y débiles de la familia. También realizamos una exploración psicopatológica de los cónyuges y un genograma: se confecciona con cada cónyuge un árbol genealógico de su familia de origen y se estudian los patrones relacionales. Con toda esta información, acometemos una entrevista final en la que se comentan las particularidades del conflicto y realizamos un síntesis global.

— Es un punto de partida muy especial tratar a toda una familia como si fuera un enfermo. ¿Lo hace alguien más en España?

— En los últimos años está aumentando el número de profesionales que se dedican a abordar problemas familiares con distintos enfoques. En nuestra Unidad se hace con un equipo multidisciplinar para abordar esos problemas desde la perspectiva de la psiquiatría y la psicología. Para ello, nos apoyamos en distintos instrumentos validados que nos ayudan a valorar de forma objetiva diferentes áreas como la dinámica familiar, las áreas de cambio o la comunicación. El resultado es un estudio profundo y exhaustivo de las características y problemas que afectan al funcionamiento de cada una de las familias que acuden.

Tres situaciones

— ¿Han detectado problemas comunes en los matrimonios que han tratado? ¿Alguna enfermedad hija de su tiempo?

— Cada matrimonio es único e irrepetible, aunque no por ello dejamos de ver patrones parecidos en los matrimonios que tratamos. Podríamos agrupar las familias que acuden a nuestra consulta en distintos tipos. Por una parte, matrimonios jóvenes con problemas de adaptación a su nueva condición, en ocasiones con expectativas algo irreales sobre el matrimonio y con escaso conocimiento acerca de la vida conyugal. También encontramos una serie de matrimonios cuyos cónyuges rondan los 45-50 años, que por un momento consideran que la solución a sus problemas es hacer un cambio de vida radical, en el cual se incluye poner fin a su matrimonio. Por último, encontramos otros matrimonios cuyos hijos se emancipan y se dan cuenta de que durante muchos años se han dedicado tanto a los hijos que han descuidado el trato entre ellos, encontrándose a veces como dos desconocidos. En todos estos matrimonios se observa un distanciamiento afectivo en los cónyuges, problemas de comunicación, incomprensiones, desmotivaciones, sentimientos de vacío o desconocimiento de la realidad del matrimonio. Además, no es infrecuente observar alteraciones psicopatológicas en los cónyuges previas o posteriores al conflicto.

— Según el Instituto de Política Familiar, los matrimonios que llevan menos de 5 años y los que llevan más de 20 años suman el 50% de los divorcios. ¿Tiene futuro un matrimonio que tiene problemas desde el principio? Y, después de muchos años, ¿ya no hay solución?

— En nuestra consulta vemos a diario que si hay voluntad de mejora y de cambio, los matrimonios tienen futuro. En el caso de los matrimonios que tienen problemas desde el principio, suele ocurrir que necesitan ayuda para consolidar un matrimonio equilibrado que aúne las expectativas de ambos cónyuges. Un poco de apoyo suele ser suficiente para ayudarles a despegar. Los matrimonios más veteranos, si bien es cierto que pueden tener problemas más enquistados, también suelen tener muchos puntos positivos en los que apoyarse y a partir de los cuales reconstruir una relación satisfactoria.

— ¿A cuántas personas han tratado hasta ahora y qué porcentaje de mejora han registrado?

— Por las características de nuestro estudio y nuestra voluntad de estudiar con mucha profundidad el problema concreto de cada familia y/o matrimonio, evaluamos un máximo de dos familias por semana. Desde el inicio de la Unidad hace 5 años, hemos atendido más de 200 casos, con un porcentaje de mejora superior al 75%.