Mayor riesgo de divorcio y maltrato

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Aunque la ley asimile cada vez más el matrimonio y la pareja de hecho, la realidad sociológica indica que las parejas que cohabitan sin vínculo son más frágiles y más arriesgadas para la mujer.

En defensa de la cohabitación se dice que permite a los futuros marido y mujer conocerse mejor y evitar así las uniones desafortunadas. Sin embargo, estudios hechos en distintos países han revelado no solo que las parejas de hecho se rompen más que los matrimonios, sino que también aquellos que se casan después de haber cohabitado son más proclives a divorciarse que los que no lo hicieron (cfr. Aceprensa 22-09-1999, “La cohabitación juvenil, ¿un paso previo o un paso en falso?”).

Michael y Harriet McManus, autores de Living Together: Myts, Risks and Answers (Howard Books), citan estudios que revelan esta mayor tendencia divorcista de los que han cohabitado antes del matrimonio. Explican que lo típico de la cohabitación es que los convivientes estén más preocupados de obtener satisfacción de la otra persona. En cambio, en el matrimonio los esposos tienden a centrarse más en darse uno al otro. Una fuente de problemas en la cohabitación, escriben, es que los dos partes suelen empezar a convivir por motivos distintos. Mientras que muchas mujeres lo consideran un paso previo al matrimonio, los hombres lo hacen por conveniencia, y no como la primera fase de un compromiso estable.

Otros estudios demuestran también que la violencia doméstica es más frecuente proporcionalmente en uniones de hecho que en matrimonios. Es un aspecto comprobado en España, según datos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, del Consejo General del Poder Judicial. Con datos correspondientes al tercer trimestre de 2007, resulta que en los casos de maltrato a mujeres llegados a los tribunales el 34,4% de las denuncias fueron contra el cónyuge; el 30,8%, contra el compañero; el 23,8%, contra el ex compañero, y el 10,9%, contra el ex cónyuge. Es decir, la mayoría de las denuncias (54,64%) corresponden a parejas de hecho, vivas o ya rotas, mientras que el 94% del total de las parejas están casadas, según el censo de 2001. Los porcentajes son semejantes a los registrados en periodos anteriores.

El ambiente social importa

Si existen estos riesgos, ¿por qué se extiende la cohabitación? Entre las principales causas los expertos suelen citar el miedo al compromiso, la aceptación de las relaciones sexuales fuera del matrimonio o la ausencia de un proyecto familiar. Para la socióloga italiana Tiziana Nazio (1), todo eso es importante pero no decisivo. A su juicio, el factor que mejor explica la extensión de la cohabitación en las sociedades occidentales es lo que ella llama el proceso de difusión o de “influencia social”.

Según Nazio, cuando los jóvenes de hoy deciden emprender una vida en común se enfrentan a una incertidumbre mayor que en épocas pasadas, donde sólo se reconocía el matrimonio como opción legítima. Para elegir hoy la forma de convivencia la mayoría de estos jóvenes calibran los beneficios y los costos de los estilos de vida de quienes les rodean. Cuanta más gente cohabita, más se extiende la creencia de que es algo normal.

En este proceso de “influencia social” no sólo cuentan los amigos o el entorno social en que uno se mueve; los medios de comunicación ejercen también una influencia decisiva, al presentar la cohabitación como un fenómeno extendido y normal.

Una visión parecida a la de Nazio es la que ofrecen los demógrafos Di Giulio y Rosina (2). Según estos autores, la difusión de la cohabitación entre los jóvenes en países con fuertes lazos familiares y débiles Estados de bienestar, depende también de la valoración que tienen los padres sobre el estilo de vida de sus hijos. La cohabitación sólo crece cuando los padres admiten de modo claro esta forma de convivencia.

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NOTAS

(1) Tiziana Nazio, Cohabitation, Family and Society, Routledge, Londres, 2008.

(2) Paola Di Giulio y Alessandro Rosina, “Intergenerational Family Ties and the Diffusion of Cohabitation in Italy, Max Planck Institute for Demographic Research, noviembre 2006.

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