Marido y mujer tienen que dialogar más

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Duración lectura: 2m. 19s.

Capucine Couchet es consejera matrimonial del Centre de Liaison des Équipes de Recherche, movimiento familiar cristiano francés. En una entrevista de Christine Legrand para La Croix (6 febrero 2002) explica que marido y mujer tienen que ponerse de acuerdo en el reparto de las tareas del hogar, que siguen recayendo sobre todo en ella.

Couchet dice que, como le enseña su experiencia de consejera, los maridos actuales ven con buenos ojos que las esposas tengan empleo. Es más, les animan a reincorporarse al trabajo después de dar a luz: ellos “ya no quieren cargar solos con la responsabilidad del bienestar material de la familia”.

“En cambio, lo que no se comparte realmente son las responsabilidades del hogar. Aún son, en gran parte, las mujeres quienes han de pensar qué se necesita comprar, llevar a los niños al médico, etc. Los hombres no se implican en la misma medida; a menudo dicen: ‘Quiero ayudarte, pero dime qué debo hacer’”.

Consecuencia: “La fatiga extrema de esas mujeres que tienen un trabajo estresante, que tienen que viajar, y además han de asumir las responsabilidades familiares. Esta fatiga omnipresente es fuente de tensiones y frustraciones en las parejas. (…) Poco a poco, esto conduce a que los esposos lleven vidas paralelas, y la intimidad de la pareja se diluye. También puede resentirse la educación de los hijos: cuando los padres están reventados, tienden a dejar pasar. Poner límites exige más energía que ceder”.

Consejos: “Adelantarse a detener esta carrera y preguntarse periódicamente cuáles son las prioridades: siempre es tiempo de escoger. Y reconocer que uno lleva el tipo de vida que ha elegido, en vez de decir ‘no tenía opción’ o ‘eres tú quien lo ha querido’”. El remedio no es que la mujer deje el trabajo externo, sino que “los hombres se impliquen más en la casa y que las mujeres, por su parte, renuncien a detentar el monopolio de la organización doméstica (‘el lavavajillas se llena así’), para llegar a un reparto más justo de las tareas”.

Sobre todo, marido y mujer tienen que hablar: “Discutir de qué puede hacerse cargo cada uno, redefinir periódicamente la distribución del trabajo, según la edad de los hijos y la orientación profesional de cada cónyuge”. Esto exige vencer algunos obstáculos, muy comunes, a la comunicación en la pareja. “Las mujeres no expresan claramente sus necesidades, sus deseos: imaginan que los hombres han de adivinarlos (‘tendría que comprender’) o los expresan rezongando (‘ya ves que estoy agotada’). Es necesario reforzar el diálogo en la pareja, sin quejas ni recriminaciones: un verdadero diálogo que permita estar atento a las necesidades del otro y entenderlas”.