La mitad de los más pobres son niños

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Duración lectura: 5m. 10s.

El Bureau International Catholique de l’Enfance (Bice) ha presentado un llamamiento, acompañado de un informe en el que se da cuenta de la “situación de desarraigo” en que viven millones de niños en todo el mundo. Este documento se ha elaborado a partir de una encuesta en 66 países de África, de América Latina, de Asia y de Europa.

De manera concreta, y cuando están a punto de cumplirse veinte años desde que fue adoptada en Nueva York la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, el texto de Bice hace hincapié en la necesidad de cumplir este acuerdo, que ya han suscrito todos los países de la ONU, con excepción de Somalia y Estados Unidos.

El documento subraya la necesidad de que los derechos de la infancia se reconozcan como parte integrante de los derechos humanos, pues advierte que si se aíslan los derechos del niño de los derechos humanos en general, se corre el riesgo de permanecer en una mera actitud de asistencialismo. El documento enumera diez aspectos por los que llama a una nueva movilización para poner por obra los contenidos de la Convención: derecho a la vida, violencia, pobreza, familia, trabajo infantil, educación, derecho a la sanidad, discapacidad, justicia y nuevas tecnologías.

El no nacido también tiene derechos

El informe destaca, en primer término, que “el niño aún no nacido tiene ya derechos fundamentales, incluido el derecho a la vida. No es una simple extensión de la vida y los deseos de sus padres, ni es su propiedad”. Subraya que “es preciso preparar a los jóvenes para que comprendan todos los aspectos de una paternidad responsable”, y, cuando se reúnan esas condiciones, respetar sus proyectos parentales.

Los niños, sostiene el informe, constituyen casi la mitad de las personas que viven en la pobreza extrema. Teniendo en cuenta su gran vulnerabilidad, son los primeros que resentirán las consecuencias de la actual crisis económica. Particularmente difíciles son las condiciones de vida para los niños que habitan las grandes urbes, que en 2025 será el 60% de la población infantil del mundo en vías de desarrollo. Según datos del Child Rights Information Network (CRIN), uno de cada tres niños -esto es, 640 millones- no gozan de vivienda adecuada en los países del Tercer Mundo.

Por otra parte, el documento de Bice ha recordado que existen dos protocolos facultativos de la Convención, adoptados en 2000 y ampliamente ratificados por los Estados, que se comprometen a proteger a los niños de la participación en conflictos armados, de la prostitución y de la pornografía. La falta de formación profesional y las escasas perspectivas de trabajo tras la desmovilización de niños soldados comprometen el trabajo de rehabilitación de las ONG dedicadas a estas tareas, ha observado el Bureau.

Fragilidad familiar

El “documento de referencia” llama también a reforzar las políticas de apoyo a las familias en riesgo de desestructuración, insistiendo en la atención particular que deben recibir las familias monoparentales, comúnmente a cargo de la mujer, que a menudo viven en condiciones de precariedad económica y de aislamiento social.

Recalca por esto la importancia de disponer los medios en los países pobres para que las familias puedan satisfacer, siquiera modestamente, sus propias necesidades materiales, recurriendo a actividades generadoras de ganancias. Esto, dice el texto, refuerza la autonomía, el sentido del propio valor y la capacidad de ejercer plenamente la responsabilidad educativa de la que deben hacerse cargo.

Al mismo tiempo que se actúa sobre estos ámbitos, y “para salvaguardar los intereses superiores del niño”, señala el informe que se impone profundizar en la reflexión de temas fundamentales como la necesidad de estabilidad, sobre todo en el caso de los niños de menos edad; los roles complementarios del padre y de la madre; las dificultades propias de una familia en conflicto, etc.

Maltrato y custodia

A propósito de las medidas que se toman para proteger a los niños maltratados, Bice se ha referido a la importancia de evaluar las competencias educativas de los padres o de quienes ocupen el lugar de éstos, a fin de escoger la mejor solución para el niño y buscar la forma de que el vínculo resulte beneficioso y posible. El informe tiene en cuenta que mientras en Europa oriental el retorno de un niño a su familia de origen resulta improbable (pues la privación de los derechos paternos suele tener carácter definitivo), en Europa occidental lo más frecuente es que los niños se queden o regresen al ámbito familiar, pero la relación está generalmente abocada al fracaso si los padres no se han beneficiado de un programa de apoyo psicológico.

Se asiste -señala el informe- a intervenciones que pasan por alto la importancia del arraigo para los niños, y que se limitan a referir sus necesidades personales a la especialidad de la intervención (socioeducativa, psiquiátrica, psicoterapéutica, etc.), a merced de los distintos centros o familias de acogida. Debe progresarse además, para la prevención de conductas abusivas, en la identificación precoz de situaciones de riesgo. La recomendación fundamental es que no sólo se combatan los malos tratos, sino que se promueva “un clima de buenos tratos”.

El papa Benedicto XVI, en un mensaje enviado a través del secretario de Estado vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, ha invitado a respaldar el llamamiento de Bice para asegurar “el respeto de la inviolable dignidad y de los derechos del niño, el reconocimiento de la misión fundamental de la familia en la educación y la necesidad de un ambiente social estable que pueda favorecer el desarrollo psíquico, cultural y moral de cada niño”.

El Bice nació en 1948 por iniciativa del papa Pío XII para asistir a los muchos niños perjudicados por la guerra, y fue inaugurado por el arzobispo Angelo Roncalli, futuro Papa Juan XXIII.