La desaparición del padre

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La prensa norteamericana se ha hecho eco del libro de David Blakenhorn Fatherless America (Basic Books, New York, 1995), que llama la atención sobre las consecuencias de la ausencia del padre en muchas familias. Recogemos un extracto de párrafos del libro, hecho por el propio autor para USA Weekend (26-II-95).

Estados Unidos se está convirtiendo en una sociedad sin padres. Esta noche, cerca de un 40% de los niños estadounidenses dormirán en casas donde no vive su padre. Más de la mitad de nuestros niños están destinados a vivir una buena parte de su infancia separados de sus padres. Nunca antes en este país tantos niños han sido abandonados voluntariamente por su padre, y nunca tantos niños han crecido sin conocer lo que significa tener padre.

La ausencia del padre es la tendencia demográfica más dañina de esta generación y es la principal causa del retroceso en el bienestar de los niños. También es un factor que influye en nuestros más urgentes problemas sociales, desde el embarazo de adolescentes hasta la violencia doméstica o la delincuencia. Sin embargo, a pesar de sus importantes consecuencias sociales, la carencia de padre es frecuentemente ignorada o negada. (…)

La sociedad en su conjunto está cambiando su idea del papel de los hombres en la vida familiar. El concepto tradicional de paternidad está amenazado; cada vez con más frecuencia, los hombres son vistos como superfluos en la vida familiar: algo de lo que se puede prescindir o que es parte del problema. (…)

Mi libro no es simplemente una crítica de esta orfandad, sino de una cultura de la falta de padre. Además de perder a los padres, estamos perdiendo algo más amplio: nuestra idea de paternidad. En otros momentos de nuestra historia, tales como la guerra, también había padres ausentes; pero ahora nos enfrentamos a algo más que una simple pérdida física en algunos hogares. El niño de los años 40 podía decir: mi padre tuvo que dejarme durante un tiempo para hacer algo importante. El niño de los 90 tiene que decir: mi padre me abandonó porque quiso. (…)

Para las personas, el principal resultado de este fracaso es la propagación de un egoísmo reacio a todo lo que no sea el modo más pueril de entender la felicidad personal. Para la sociedad, el resultado es una disminución del bienestar infantil y un aumento de la violencia masculina, especialmente contra las mujeres. La principal consecuencia es la continua fragmentación de nuestra sociedad en individuos aislados unos de otros, y ajenos a las aspiraciones y realidades propias de la pertenencia a una familia, a una comunidad, a una nación.

Hoy muchas voces, incluidas muchas voces de expertos, nos invitan a aceptar con resignación el declive de la paternidad. Seamos realistas, nos dicen. El divorcio y el nacimiento de niños fuera del matrimonio van a continuar. Un creciente número de niños ya no conocerán a su padre. Nada puede hacerse para cambiar esta tendencia. La única solución es remediar algunas de sus consecuencias: más ayuda a los niños pobres, más solidaridad hacia las madres solteras, mejores condiciones de divorcio, más ayudas para el sostenimiento de niños, más prisiones, más programas dirigidos sustituir a los padres.

Pero en la tradición norteamericana no entra la pasividad frente a la crisis. (…) Nuestro objetivo básico debe ser el redescubrimiento de la idea de paternidad: que cada niño tenga un hombre responsable moral y legalmente de él. Si mi objetivo pudiera ser sintetizado en una frase, sería ésta: una sociedad sana hace suyo el ideal del hombre que pone a su familia en primer lugar.

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