El proyecto italiano contra las fobias olvida el supremo interés del menor

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Duración lectura: 3m. 45s.
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Se ha agudizado estos días el debate en el Senado italiano del proyecto de ley contra la homofobia, la transfobia, la misoginia y la discriminación de los discapacitados, que cuenta desde noviembre con el visto bueno de la Cámara de Diputados. En una tribuna en el diario Avvenire, la psicoterapeuta infantil Mariolina Ceriotti Migliarese alerta del impacto de la ley en las escuelas. A su juicio, presentar la sexualidad como una experiencia subjetiva y fluida puede ser una fuente de ansiedad y desorientación para los niños.

Las discusiones en torno a la ley Zan (llamada así por el diputado que la impulsa, Alessandro Zan) han dado lugar a varias manifestaciones populares a favor y en contra. Los detractores señalan que se penaliza defensa de la familia natural o la crítica de la “teoría del género”. La amplitud del debate ha merecido una “nota verbal” del secretario para las Relaciones con los Estados del Vaticano, el arzobispo Paul Gallagher, al embajador de Italia ante la Sede, que recuerda la libertad de los católicos reconocida en el concordato de Letrán, según la revisión de 1984.

La doctora milanesa comparte el objetivo de prevenir y combatir la aparición de discriminaciones y violencias por razón de una discapacidad o una forma de vivir la sexualidad: considera legítimo preguntarse si estas personas están adecuadamente protegidas en la sociedad y cómo conseguir una protección legal más efectiva. Pero esto no exige imponer a los padres un modelo antropológico para la educación de sus hijos.

Concretamente, denuncia las definiciones nada inocentes que establece la ley de conceptos como sexo, género, orientación sexual e identidad de género, y que lleve a las escuelas una visión que no se ha discutido suficientemente.

En su opinión, sería necesario establecer los programas educativos a partir de un conocimiento profundo de la evolución en el desarrollo del menor, que incluye las características cognitivas de cada edad, la tarea evolutiva específica de cada fase del desarrollo, la dinámica afectiva del niño y del adolescente, también en lo que se refiere al modo en que cada edad puede afrontarse mejor el tema de la diferencia sexual y el de la identidad.

“Como neuropsiquiatra infantil, he estudiado durante mucho tiempo la dinámica evolutiva de la edad y conozco su delicadeza y complejidad; sé, no solo por el estudio sino también por la experiencia, que hablar de sexo con los niños requiere como requisito previo conocer a fondo las diferencias de adultos y niños (…). Quien está familiarizado con la mentalidad infantil sabe muy bien que antes de la pubertad el niño no es capaz de entender el significado de la sexualidad adulta.

Explica la doctora Ceriotti Migliarese que, en la práctica, “el contacto temprano con la sexualidad de los adultos es una experiencia muy perturbadora para los niños: el sexo de los adultos les excita y al mismo tiempo les asusta y confunde, creando a menudo experiencias traumáticas, como sabe cualquiera que trata a menores expuestos a la pornografía”. Por el carácter concreto de su pensamiento, “nada es para el niño más seguro y verificable que la experiencia de su propio cuerpo, tal como se presenta: un cuerpo que solo especifica lo masculino o lo femenino, fácilmente distinguibles por los atributos genitales: hombre y mujer distintos, con una diferencia que tiene como finalidad la posibilidad de procrear”.

En conclusión, “presentar la sexualidad como una experiencia puramente subjetiva o como un continuum fluido que escapa a una definición, corre el riesgo de ser para él solo una fuente de grave ansiedad y preocupación: si no es posible anclarse en la realidad de lo que se percibe, el mundo se convierte de hecho en un lugar en el que resulta muy difícil orientarse con seguridad. Por todo esto, creo que, antes de introducir por ley protocolos educativos sobre la identidad de género, es imprescindible pararse a reflexionar y escuchar con atención la voz de quienes, porque valoran a fondo la protección contra las discriminaciones, no se conforman con atajos improvisados y peligrosos: volvamos a ampliar la mirada, a contextualizar nuestras decisiones, a discutir sin prejuicios, y a preguntarnos qué tipo de hombre y mujer queremos mostrar a nuestros hijos como modelo de una felicidad posible”.