Fracasa la política natalista del gobierno austriaco

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Duración lectura: 1m. 44s.

El crecimiento vegetativo de Austria (nacimientos menos defunciones) fue negativo en 1999 por primera vez desde 1986. El gobierno popular-liberal, que ganó las elecciones precisamente en 1999, decidió, a propuesta de los liberales de Jörg Haider (FPÖ), elevar las subvenciones por nuevos nacimientos, como medio para contrarrestar esta tendencia negativa. El subsidio, llamado Kindergeld, que reciben los padres de cada nuevo niño -a condición de que al menos uno de ellos no trabaje- se fijó en 436 euros mensuales por un tiempo máximo de tres años. A fines de 2003, 126.000 familias austriacas eran beneficiarias de este subsidio.

La Oficina de Estadísticas de Austria publicó el 25 de febrero unos datos que, por primera vez, deberían reflejar el presunto influjo del Kindergeld. La realidad es que en 2003 hubo 2.499 nacimientos menos que el año anterior. Actualmente, el índice de fecundidad de Austria es el mismo que la media de la UE: 1,37 hijos por mujer.

Para el gobierno austriaco, estos datos no muestran un fracaso. Según anunció por boca de Ursula Haubner, se “mejorará” la ley suprimiendo la barrera máxima de ingresos (14.600 euros por año), y no se exigirá que devuelvan el dinero quienes de hecho habían cobrado el subsidio sin estar por debajo de esta barrera.

Esta política contrasta con la opinión más extendida entre los estudiosos de geografía humana. La mayor parte de las mujeres que tienen hijos quieren compatibilizar el trabajo en el hogar y fuera de él (la tasa de empleo fuera del hogar es del 60% para las mujeres austriacas, frente al 72% de Dinamarca y, en el otro extremo, el 40% de España). En estas condiciones, tener hijos nunca será rentable, ya que el “coste de oportunidad” que supone un hijo (lo que deja de ganar la madre que abandona el trabajo) aumenta cuanto mayor es el nivel de bienestar. Por eso, una política que fomente la compatibilidad entre trabajo fuera y dentro del hogar puede tener más efecto que otra que obligue a dejar el primero: el sacrificio que supone difícilmente puede hacerse rentable.