Estados Unidos: perfil del treintañero que se casa

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El perfil del treintañero de Estados Unidos más dispuesto a casarse es el de un hombre que se ha criado con sus padres, practica alguna religión, ve el matrimonio como modo adecuado de “sentar la cabeza” y quiere tener hijos. El National Marriage Project publica un informe anual titulado “The State of Our Unions”, que sintetiza las tendencias sociales en torno al matrimonio en EE.UU. Este año se centra en la actitud de los hombres: “The Marrying Kind: Which Men Marry and Why”.

Para definir el prototipo de hombre “de los que se casan” y por qué lo hace, el estudio se ha servido de una muestra de 1.000 hombres de 25 a 34 años, solteros (36%), casados (56%) y divorciados, viudos o separados (8%), en enero y febrero de 2004. El 51% tenían hijos.

Las conclusiones del estudio desmienten el estereotipo de joven con fobia al matrimonio, ya que, si no están casados, los hombres de 25 a 34 años tienen idea de hacerlo. Es cierto que cada vez lo retrasan más, pero la mayoría son “de los que se casan”.

El perfil más frecuente es el hombre que procede de familia estable (se ha criado con sus padres biológicos) y ha sido educado en la práctica de la religión. Estos ya están casados a esa edad o buscan novia; y tienen una idea positiva del matrimonio, de la esposa y los hijos. No es así entre los que proceden de familias en otras circunstancias.

Así, el 63% de los que estaban casados crecieron con sus padres biológicos. Sus padres, además, asistían con regularidad a servicios religiosos. El 81% decidió casarse porque “había llegado el momento de sentar la cabeza”. Contrariamente a lo que se piensa, solo el 15% decía haberse casado antes de lo que le hubiera gustado a causa de la “presión de su novia”.

Los casados practican la religión con más frecuencia que los solteros. Cerca de la mitad dice asistir varias veces al mes a los servicios religiosos; en cambio, los solteros no llegan al 25%.

La gran mayoría de los casados dice que su vida ha mejorado en dos aspectos importantes para los hombres: vida sexual (el 73%) y estabilidad económica (68%). El 70% de los casados tenían hijos y estaban muy centrados en ellos. Así, la mayoría afirma que “ver crecer a los hijos es una de las mayores satisfacciones de la vida”. Casi todos querían tener más de un hijo.

Una vez casados no ven con tan buenos ojos tener hijos fuera del matrimonio. Solo al 47% de los casados les parece bien que una soltera tenga un hijo; en cambio, el 63% de los solteros no ve inconveniente. Análogamente, el 64% de los casados frente al 53% de los solteros dice que “una pareja debería casarse y no solo vivir juntos si tienen hijos”.

El estudio explica que la cohabitación se ve como un paso previo al matrimonio. La mitad de los matrimonios actuales han sido precedidos de cohabitación.

Las ventajas del matrimonio

El estudio afirma que el matrimonio sigue produciendo los mismos efectos beneficiosos que se han demostrado en otras ocasiones (ver servicio 101/02). El matrimonio provoca que los hombres lleven una vida más sana, trabajen mejor, ganen más, dediquen más tiempo a la familia, etc. El estudio explica las razones, pero en gran medida se deben a la tarea de las esposas: apoyo emocional, atención a los hábitos del marido, preocupación por su salud, organización de las tareas domésticas, más ingresos económicos, etc.

Sin embargo, la positiva influencia de la mujer no explica por qué a los casados les va mejor que a los que cohabitan, que también disfrutan de los beneficios de una mujer en casa. La explicación parece ser el matrimonio en sí mismo, que incorpora la obligación del altruismo. Un soltero se puede permitir el lujo de ser autoindulgente y mimarse cuanto quiera, pero un casado debe trabajar y preocuparse por otros. Quien se casa sabe que va a destinar voluntariamente su tiempo y su dinero a su mujer, sus hijos e incluso a otros familiares que puedan necesitar su ayuda.

El matrimonio incorpora también una expectativa de permanencia. Incluso en una sociedad con altas tasas de divorcio, la gente sigue pensando que el matrimonio debería durar muchos años, si no toda la vida. Esto produce un cambio de orientación, desde el inmediato “vivir el momento” hacia el largo plazo y el futuro bienestar de la familia.

En cuanto a los solteros, el 53% decía que no tenía intención de casarse pronto. Para el 74% de ellos la causa principal era que en ese momento preferían libertad y diversión. Otras razones son la dificultad de buscar pareja; las exigencias profesionales; la necesidad de ser económicamente independientes o no poder enfrentarse a futuros gastos, como casa e incluso boda.

Por último está el grupo de los que dicen que “el matrimonio está bien para los demás, pero no para mí”. Son un significativo 22% y presentan diferencias importantes con el resto de solteros. El 60% no confiaría toda la verdad a su pareja sobre sus relaciones pasadas (por un 39% de los solteros dispuestos a casarse); tienen más miedo al divorcio (66% contra 53%); más partidarios de que las mujeres tengan hijos por su cuenta (70% contra 61%) y de no tener hijos (29% contra 6%); más preocupados con la pérdida de independencia que acarrea el matrimonio (62% contra 30%), etc.

Junto a las causas habituales del retraso del matrimonio, el estudio destaca una nueva: los hombres buscan un alma gemela que llene sus aspiraciones emocionales y con la que compartir las responsabilidades. Las aspiraciones tradicionales -como buscar una esposa que cuide del hogar y los hijos, o que comparta la misma fe o raíces étnicas- han perdido fuerza. La búsqueda de la persona ideal puede provocar descontento hacia la pareja real. Incluso en el caso de que el hombre esté satisfecho con su pareja puede pensar que, si busca un poco más, encontrará a una mejor.

Ignacio F. Zabala____________________Más información en http://marriage.rutgers.edu/Publications/SOOU/SOOU2004.pdf.

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