El matrimonio según Zapatero, un retroceso

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Duración lectura: 2m. 3s.

El proyecto del gobierno español de considerar matrimonio las uniones homosexuales despierta perplejidad en otros países europeos. Sergio Mattarella, político italiano del bloque de izquierda, muestra su rechazo en la revista “Europa” (7 octubre 2004).

Mattarella señala que la tolerancia hacia las opciones vitales de cada uno no puede traducirse en equiparación o, menos aún, identificación entre el matrimonio y cualquier tipo de relación, pues se trata de realidades muy diferentes.

El proyecto del gobierno Zapatero “despierta estupor y profunda preocupación por su brutal demolición del concepto de matrimonio, concepción que sería reductivo calificar de tradicional, pues se trata de la que siempre se ha considerado natural”.

“Se puede estar a favor o en contra del matrimonio, pero es imposible eliminar su esencia, anulando la convicción de que lo característico del matrimonio es la relación estable entre un hombre y una mujer. No se trata de trasladar a la legislación estatal convicciones y preceptos religiosos, que pertenecen a otra dimensión: lo que aquí está en juego no es la concepción cristiana -que, para los creyentes, confiere al matrimonio un suplemento de significado y de valor- sino la natural”.

“Sorprende, en el proyecto de Zapatero, que se prescinda de lo específico masculino y femenino en el matrimonio, elementos insustituibles que, para que sean tales, solo se pueden expresar en la relación conyugal entre un hombre y una mujer: y eso, obviamente, solo se da entre personas de distinto sexo”.

El político italiano agrega que “ante la toma de conciencia que crece en Europa sobre la natalidad y el papel de la familia como factor de cohesión y de solidaridad social, las posiciones del gobierno español asumen objetivamente un significado de retroceso”.

Otro motivo de estupor es que un gobierno socialista adopte una ley que evoca “el fundamentalismo individualista”. “Una cultura política que se basa en una visión solidaria en la vida social, para ser coherente debería temer la exasperación del individualismo; sin embargo, la norma propuesta es una expresión plena de este individualismo, tributario de una cultura política muy diferente. En realidad, en toda circunstancia en que las posturas políticas se basan en intransigencias ideológicas, se produce confusión y, por desgracia, dominan las posiciones más extremas, las más radicales, las menos atentas a la realidad, a la vida y a su sentido”.