El “boom” japonés de bodas al estilo cristiano

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Ashiya. Aunque solo alrededor de un 1% de los japoneses son cristianos, cerca del 70% de las parejas eligen para casarse una ceremonia al estilo de las bodas cristianas, en lugar del tradicional rito sintoísta. La moda surgió casi de repente, no se sabe bien cómo, aunque es de suponer que la influencia de imágenes de cine y televisión (el traje blanco de la novia, actores y actrices con amplias sonrisas descendiendo por la escalinata de la iglesia, etc.) han tenido bastante que ver.

No se puede descartar, por otro lado, una reacción contra la tradicional ceremonia de Shinto: lo opresivo del kimono de boda, los anticuados ritos de purificación que lleva a cabo el sacerdote sintoísta y las plegarias difíciles de entender que recita a los novios… Por contraste, la ceremonia cristiana, con las solemnes notas de la marcha nupcial interpretada al órgano, la novia llegando al altar del brazo de su padre, las palabras claras y fáciles de entender del oficiante, producen la atmósfera romántica deseada para ese día de ensueño.

Todo esto ha desembocado en un verdadero boom de bodas que imitan las ceremonias cristianas, con gran provecho de los salones y hoteles que han instalado en su interior capillas o pequeñas iglesias donde casarse según la moda. Algunas de estas construcciones son reproducciones exactas de capillas de estilo gótico o románico existentes en otros países, con vidrieras incluidas.

En un país donde la envoltura del regalo es tan importante como su contenido, y dada la larga historia de adaptar ideas importadas, “tomar prestada” la ceremonia cristiana como envoltura de la boda no presenta problema alguno para el japonés medio.

Lo importante no es que la capilla esté en el tercer piso de un hotel, que las “paredes de piedra” sean en realidad de plástico, o que el “ministro” celebrante -alto, guapo, rubio y de ojos azules si es posible- sea un profesor de inglés que de esta forma gana un dinero extra. Lo que importa es que la novia se sienta como una princesa por un día y que la boda sea como un sueño memorable con todos los aditamentos posibles.

Celebrantes de película

Los hoteles cobran unos tres millones de yenes por boda, todo incluido: convite, celebrante, organista y coro. Lo normal es que recurran a alguna de las muchas empresas -solo en Tokio hay más de 150- dedicadas a organizar esta clase de bodas. El resultado es una industria que factura más de un billón de yenes anuales, según datos del Ministerio de Industria y Comercio. Esto trae consigo una fuerte demanda de “ministros” oficiantes de la exótica variedad caucásica occidental, que sobrepasa con mucho la de los auténticos.

Con unos “estipendios” de unos 15.000 yenes por ceremonia, en metálico y libres de impuestos, hay extranjeros que consiguen unos 100.000 yenes por semana oficiando bodas. Masahiko Nagai, dueño de Zion, empresa que organiza bodas “cristianas”, está convencido de que los “ministros” improvisados lo hacen mejor que los “profesionales”. “Es más fácil conseguir que los eventuales hagan lo que les gusta a los novios. Yo he empleado a ministros de verdad, pero suelen ser demasiado severos y poco teatrales”. Y subraya: “Esto es un negocio; las creencias de los ministros no importan. Lo importante es que desempeñen bien su papel y lleven a cabo un buen servicio”.

Ninguna de las principales confesiones cristianas aprueba las bodas en “capillas” de hotel. En especial, muchos pastores protestantes están seriamente irritados por la mala fama que los “impostores” han dado a su profesión. Uno de ellos comenta: “Es indignante. La gente nos mira y dice: ahí va uno de esos que se dedican a casar a la gente en hoteles. Nuestra profesión es mucho más importante. Nosotros difundimos la palabra de Dios. Lo que esos hacen es sacrílego”.

Desde mediados de la década de los setenta, la Iglesia católica en Japón permite la celebración de bodas de no católicos en algunas parroquias, a condición de que los contrayentes hagan unos cursillos de instrucción en los rudimentos de la fe y en las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia. En términos generales se puede decir que esta iniciativa ha reportado frutos espirituales. Algunas parejas siguen después estudiando el Catecismo, o incluso se han bautizado. Las que no llegan a convertirse se sienten ligadas por lazos de afecto a la Iglesia católica.

El sacerdote católico Natsuo Kunieda dice que las bodas entre no cristianos en la Iglesia ayudan a la evangelización y, además, son litúrgicas: “Para mí constituyen una ocasión ideal para sembrar la simiente del catolicismo en corazones jóvenes”. Natsuo Kunieda fundó en 1997 el Movimiento Litúrgico Cristiano, para tratar de frenar los abusos y purificar la ceremonia de bodas. Está convencido de que “solo la ceremonia verdadera, henchida de la fragancia del Evangelio de Cristo, sobrevivirá”. Se trata de un proyecto muy laudable que, de momento, está perdiendo la batalla.

Antonio Mélich

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