Divorcio frente a separación judicial

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Duración lectura: 4m. 5s.

Al defender su propuesta actual, el gobierno ha subrayado que el divorcio sólo tendrá consecuencias sobre los matrimonios “muertos”, y que ayudará a legalizar muchas relaciones de cohabitación que existen actualmente, en beneficio de los adultos y los niños. El gobierno niega que el divorcio favorezca las rupturas matrimoniales. El divorcio, afirma, no tiene efectos negativos diferentes de los que resultan de cualquier fracaso matrimonial. En su contexto -la discusión precedente sobre las razones contra el divorcio-, estas afirmaciones no tienen ningún valor.

Es instructivo realizar finalmente un resumen esquemático de las diferencias más importantes entre la separación judicial y el divorcio, como respuestas distintas al fracaso matrimonial. De la comparación resulta patente el potencial de daño que contienen las propuestas actuales de divorcio.

– La separación judicial reconoce y apoya la institución del matrimonio. Regula la ruptura matrimonial (algunos tendrían mucho que decir sobre las injusticias de los procedimientos actuales de separación judicial). Busca el bienestar de los cónyuges y los hijos, y el respeto a los compromisos naturales de por vida entre todas las partes.

El divorcio redefine todos los matrimonios como una obligación provisional que se puede concluir unilateralmente a voluntad. La enmienda establece que la duración mínima de un matrimonio es de cuatro años. Paradójicamente, aunque a través de un nuevo matrimonio el gobierno ofrece estabilidad a relaciones de cohabitación, esa estabilidad sólo puede ser provisional, a causa de la redefinición del matrimonio como contrato temporal.

– Rechazando el derecho a un nuevo matrimonio, la separación judicial mantiene la estima social por el matrimonio.

La posibilidad de divorciarse conduce al aumento de rupturas matrimoniales y las favorece también en los hijos de divorciados. En una sociedad con divorcio, el matrimonio acabará por no tener sentido.

– La separación judicial reconoce la institución de la familia, basada en el matrimonio, y mantiene la integridad de las relaciones familiares, a pesar de la ruptura matrimonial. Esto tiene muchísimo valor en la protección de los derechos de los hijos a continuar la relación con los dos padres naturales.

En caso de que uno de los cónyuges divorciados, o ambos, se case, no queda clara la situación legal de la primera familia. La “familia extensa” desaparece a causa de la complejidad de relaciones que origina el divorcio. Las propuestas del partido Fianna Fáil para proteger a los niños tras el divorcio (nombramiento de comisiones de seguimiento, servicios de consulta para los niños, etc.) muestran claramente cómo, con el divorcio, el Estado se ve en la necesidad de introducirse cada vez más en la vida de las familias y los individuos, usurpando el papel de los padres y parientes.

El abandono, recompensado

– La separación judicial permite reconocer como injusto el abandono de la familia por parte del padre o la madre. Reconoce la obligación de fidelidad conyugal y, por medios diversos -incluso fiscales-, alienta a los padres a respetar sus responsabilidades.

El divorcio promueve la irresponsabilidad. Abandona la primera familia, le priva de su estatuto legal y recompensa la deserción al conceder al esposo infiel un derecho a casarse de nuevo. Reconoce las necesidades económicas de la primera familia, pero sólo las satisface hasta donde lo permitan las necesidades de la nueva.

– La separación judicial impone exigencias económicas al cónyuge que abandona la familia, desalentando así la creación de una segunda familia.

El divorcio da a la segunda familia derecho a compartir esos recursos a costa de la primera. En Irlanda, donde la tasa de actividad femenina es relativamente baja y las mujeres, por tanto, tienen poca independencia económica, el divorcio aumentaría el número de familias necesitadas de subsidios sociales.

– La separación judicial permite al cónyuge y a los hijos que han sufrido el abandono mantener el estatuto legal de familia, manteniendo los lazos con el otro cónyuge. El divorcio permite privarles de ese estatuto y concederlo a otros.

– La separación judicial siempre deja abierta la posibilidad de reconciliación, a la vez que favorece lo más posible la continuidad de las relaciones entre los hijos y ambos padres.

El divorcio impide la segunda oportunidad que cualquier matrimonio puede necesitar, y, a pesar de toda la buena voluntad que pueda existir, trae consigo que al menos uno de los padres pierda -por completo o en parte- el contacto con sus hijos, muchas veces cuando los niños están en una edad crucial de su desarrollo. El divorcio, al permitir la aparición de un nuevo padre o madre, aumenta el trauma y los conflictos sufridos por los niños.

Mark Hamilton________________________Traducción: Ciara S. Lyons y Ruth Murphy.

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