Casarse pronto no es tan arriesgado

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Casarse pronto no resulta tan arriesgado ni añade más posibilidades de ruptura y, en cambio, contribuye a hacer las uniones más felices y duraderas, según las conclusiones de un estudio publicado por el Institute of American Values de Nueva York, Why Marriage Matters, que puntualiza e incluso desmonta algunas afirmaciones sociológicas que hasta ahora se admitían sin discusión, como, por ejemplo, la necesidad de explorar la propia identidad antes de adquirir compromisos vitales.

Estas inusuales afirmaciones se desgranan en un artículo de David Lapp, investigador del citado instituto que acaba de publicar The Wall Street Journal (12-02-2010). De acuerdo con Lapp, estamos acostumbrados a oír que casarse antes de los 25 es un grave error, “que hace perder oportunidades de desarrollo profesional, aboca a elecciones equivocadas de pareja y acarrea problemas personales”, pero hay investigaciones suficientes que arrojan luces opuestas sobre el asunto, como un estudio de los Centers for Disease Control, que afirma que el 29% de los que se casan entre 20 y 24 años acaban divorciándose, un porcentaje muy parecido al 24% de rupturas que se registran para los casados a partir de los 25.

Entre los argumentos coincidentes a favor de casarse pronto también figura un informe de la Universidad de Texas, que sostiene que las personas que se unieron en matrimonio entre los 22 y 25 años, permanecieron casadas y tuvieron una vida de lo más feliz. Según los autores, de 22 a 25 puede considerarse el tramo de edad óptimo para la boda, ya que “muy poco o nada se ganará por retrasar el matrimonio más allá de los 25”.

Frente a los que consideran que una boda temprana es implanteable desde el punto de vista económico, el artículo destaca como este fenómeno desarrolla la capacidad de ahorro, a pesar de las deudas que se aporten, algo muy frecuente en Estados Unidos por el recurso generalizado a créditos por parte de los estudiantes universitarios. “Como sé que mis hábitos de gasto y ahorro no me afectarán solo a mí sino también a mi mujer y a mi futura familia, es mucho más probable que me fije un presupuesto, vaya al trabajo con la comida preparada en casa e incluso haga algún ahorro adicional, en lugar de comprarme el nuevo iPhone. El resultado es que mi esposa y yo estamos devolviendo los créditos universitarios más rápido de que como lo hubiéramos hecho cada uno por separado”, afirma Lapp.

El autor del artículo considera falso que el matrimonio tenga que marcar el final de la aventura y el comienzo de la monotonía; o la dicotomía tan comúnmente planteada de que un desarrollo personal ahora exija un retraso en el matrimonio. “¿Por qué no casarte con la persona de tus sueños y hacer todo eso con ella?”. En su opinión, el desarrollo personal consiste realmente en aprender cómo amar y convivir con la persona que amas.

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