En esta reflexión íntima, abierta también a quienes no tienen fe, el autor descubre algunas manifestaciones de esta virtud y señala su relación con otras como la humildad o la magnanimidad.
Según el filósofo catalán, la experiencia moderna del tiempo –marcada por el activismo frenético y contraria a nuestra naturaleza lúdica– es uno de los grandes problemas de la época actual.
Además de su capacidad cognitiva, la inteligencia posee una dimensión transcendente de la que depende el sentido de la existencia; el autor ofrece consejos para cultivarla.