“Las obras de arte llevan consigo la sabiduría del mundo”

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Duración lectura: 2m. 20s.
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David Zwirner, marchante de arte y dueño de galerías en Nueva York, Londres, París y Hong Kong, cree que la pandemia constituye una buena ocasión para “reflexionar sobre la importancia del arte, mejor aún, de la cultura misma”. Quienes, como él, disfrutan con las experiencias estéticas, sienten que la falta de ellas supone una de las principales pérdidas provocadas por el confinamiento, según explica en el New York Times.

El arte o la cultura no son fenómenos secundarios o periféricos: “Se hallan en el centro de nuestra vida y son su auténtico motor”, explica Zwirner. En su opinión, conforman rasgos propios de la especie humana, a los que es imposible renunciar.

En efecto, desde el comienzo de su historia, los humanos han plasmado artísticamente sus emociones, a diferencia de otros primates. “Nuestros grandes rivales evolutivos, los neandertales, eran más fuertes, más grandes y poseían un cráneo de mayor tamaño que el nuestro, pero no dejaron tras de sí instrumentos muy sofisticados (…). Se piensa que eso fue debido a su limitada capacidad de imaginación y que, por tanto, fue la forma de pensar del homo sapiens, más compleja y osada, es decir, nuestra creatividad, lo que nos situó en la primera línea de la evolución entre los homínidos”.

Pero el arte no solo involucra al ser humano desde un punto de vista sensorial. Acercarse a una obra es una experiencia muy compleja, que resulta más gratificante si se entiende como una búsqueda intelectual. Eso no significa que quepa prescindir del soporte material en que se encarna. “No se puede sustituir la materialidad de la obra de arte, que es, en última instancia, lo que la vincula siempre a nuestros sentidos, a nuestros cuerpos, así como a nuestra destreza analítica y curiosidad intelectual”, apunta.

Zwirner recuerda también que el gusto estético posee una dimensión social: “Es una experiencia comunitaria. (…) Diría que el arte y la cultura son los medios más importantes de los que disponemos para entendernos entre nosotros. Nos hacen sentir curiosidad por lo diferente o lo que nos resulta desconocido y, en su caso, aceptarlo, e incluso hacerlo nuestro”.

Por todo ello, es peligrosa la dicotomía entre ciencias y humanidades, así como pasar por alto el lugar de estas últimas en los planes de estudios. No podemos renunciar a ellas porque tanto la ciencia como la técnica dependen de esa creatividad que explica el nacimiento de la cultura y del arte. “La razón nace de nuestras experiencias culturales. Las obras de arte llevan consigo la sabiduría del mundo”.

En definitiva, el arte “nos eleva”; nos ayuda a entendernos y amplía nuestros horizontes vitales.

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