Una asignatura tan evaluable como cualquier otra

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José Manuel Fidalgo, profesor de secundaria en el colegio Irabia (Pamplona), contesta a algunas preguntas y objeciones sobre la clase de religión. Reproducimos una de sus respuestas, publicadas en la revista Cauces de Intercomunicación (n. 29, mayo-septiembre 2004), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Universidad de Navarra.

Se mantiene que al calificar la asignatura de religión, se incurre en una actividad ilegal y discriminatoria, pues se evalúa en función de unas creencias que no son obligatorias.

Es evidente que no hay ningún problema, salvo para aquel que quiera inventárselo o no haya dado clases en su vida. El problema así planteado es absurdo, meramente ideológico y no educativo. No hay ningún problema, porque en la clase de religión no se evalúa la fe ni la actitud religiosa del alumno, ni si es bueno o malo, ni si va a Misa los domingos o no, o si cumple mejor o peor el cuarto mandamiento de la Ley de Dios. Tampoco se evalúa en la clase de ciencias naturales su amor por la naturaleza, ni si va al campo los domingos en vez de jugar a la video-consola, ni se le suspende porque haya pescado truchas sin licencia, ni se le pone mejor nota porque use papel ecológico. En religión, como en el resto de las asignaturas, se evalúan los conocimientos que el alumno posee y no la calidad de su vida cristiana.

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