El Reino Unido quiere animar a los jóvenes a estudiar formación profesional

Mirado superficialmente, el panorama de la educación inglesa puede presentar un aspecto saludable: una alta proporción de la población –también la joven– con un título superior, algunas de las universidades más prestigiosas del mundo, un porcentaje bajo de abandono escolar temprano. También son buenos los datos referidos a la movilidad social: según estadísticas de Eurostat, un 32% de los hijos de padres con un nivel de educación bajo consiguen un título de nivel alto, por solo un 18% de media en la Unión Europea; además, los estudiantes que provienen de familias con títulos superiores, alcanzan el nivel de sus padres en un 72% de los casos, también claramente por encima de Europa.

Sin embargo, un análisis más pormenorizado revela algunas deficiencias importantes, que tienen su reflejo en el mercado laboral. El desempleo entre los menores de 25 años que no están estudiando ronda el 20%, una cifra muy inferior a la de países como España o Grecia, pero preocupante; sobre todo porque la elevada tasa de paro –con respecto a la de los adultos– no es una consecuencia de la crisis: ya en 2005, la proporción de desempleados jóvenes suponía 3,5 veces la de los adultos, cuando en 1989 era solo 1,5 veces superior.

Los empresarios proponen aumentar la variedad de programas vocacionales o sistemas de aprendices

La crisis económica ha agudizado aún más el problema y, en un mercado cada vez más saturado de graduados universitarios, ha puesto de relieve la falta de técnicos profesionales cualificados. Este problema no afecta solo al Reino Unido, sino que se repite en otros países del llamado primer mundo.

En Reino Unido, al igual que en España, la alta proporción de jóvenes con estudios superiores se debe fundamentalmente a los que consiguen un título universitario. La formación profesional no es muy popular. Algunos de los problemas tienen que ver con la falta de adecuación entre la formación profesional y el mercado laboral. En un documento de 2011 referido precisamente a este tipo de programas, la OCDE recomendaba al Reino Unido desarrollar un sistema de “aprendices”, que combine la formación académica con la presencia en la empresa: “Muy pocos países consiguen comprometer a los empresarios en el proceso de formación de futuros trabajadores si no cuentan con un fuerte sistema de aprendices”.

Recomendaciones y respuesta del gobierno
En ese mismo informe, la OCDE recomendaba al gobierno británico crear un organismo nacional que unificara la oferta de formación vocacional, y que se ocupara también de aconsejar y acompañar a los estudiantes que opten por estos estudios.

Los programas vocacionales en el Reino Unido no tienen prestigio entre los estudiantes

También los empresarios del país consideran que existe un déficit de cantidad y de calidad en la formación profesional británica. En una encuesta realizada por la Edge Foundation y la organización City and Guilds a 1000 empresarios, un 80% señalaba que deberían existir mejores alternativas para los jóvenes que quisieran cursar estudios prácticos, no académicos, y un 75% propondría aumentar la variedad de programas vocacionales o sistemas de aprendices.

En octubre del año pasado, el gobierno respondió a las demandas del sector empresarial con un nuevo plan para los aprendizajes en la empresa. Según se anunció, este sistema de formación se diseñaría teniendo en cuenta las necesidades reales de los empresarios. Algunas de las medidas concretas que incluía el nuevo plan eran que se establecería una duración mínima de doce meses para los programas, que se crearía un Consejo Nacional centrado en estos programas, o que se irían exigiendo gradualmente unos conocimientos mínimos en lengua y matemáticas.

Falta de destrezas básicas
Esta última propuesta no es baladí, dado que, según el estudio de la OCDE conocido como “el PISA de los adultos” y publicado en 2013, los estudiantes británicos abandonan la escuela obligatoria con muy poca destreza tanto en lectura como en cálculo numérico. En el primer campo, los jóvenes de 16 a 24 años del Reino Unido ocupaban el puesto 22 de 24 países estudiados; en el segundo, el 21. Esto avala el panorama que un reciente informe de la consultora McKinsey dibujaba para el año 2030. Allí se señalaba que el mercado laboral en el mundo desarrollado experimentaría una polarización: por un lado unos trabajadores con estudios superiores y de gran calidad; por otro, una numerosa población con una educación secundaria deficiente que no le permite acceder a puestos de trabajo cualificados.

Otro de los problemas que afrontan los programas vocacionales en el Reino Unido es su falta de prestigio entre los estudiantes. Según algunos analistas, el gobierno ha contribuido a este desprestigio con su decisión de eliminar la casi totalidad de los cursos vocacionales de nivel medio de los rankings oficiales de instituciones educativas. La razón que se dio para hacerlo fue que muchos de ellos no cumplían con los requisitos mínimos de rigor y calidad. Sin embargo, como denunció el Institute for Public Policy Research, la consecuencia ha sido que muchos programas que sí eran valiosos y útiles han desaparecido de los curriculums de los centros educativos.

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