Recelos europeos hacia las escuelas musulmanas

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La enseñanza islámica en Gran Bretaña, Holanda, Alemania y España
En Gran Bretaña hay 1,8 millones de musulmanes (el 3% de la población) pero solo 140 escuelas musulmanas, 7 de las cuales están subvencionadas por el Estado, con las mismas obligaciones que los colegios anglicanos, católicos o judíos que reciben fondos públicos. Realmente se trata de una aguja en el pajar de los escuelas religiosas, la mayoría cristianas, que suponen una tercera parte del total de centros de enseñanza británicos.

Pocas, pero la lógica europea, por influjo del terrorismo y las amenazas islamistas, se pregunta si no serán esas escuelas el caldo de cultivo de futuros extremistas. La misma lógica, pero bajo los efectos del laicismo, afirma que esas escuelas no hacen nada por la integración. El tercer foco de críticas proviene de quienes les acusan de preocuparse más por el islam que por las matemáticas. Lo cual, a la vista del deficiente nivel académico que tradicionalmente han tenido los estudiantes musulmanes pudiera ser cierto, fuera o no por el exceso de atención al islam.

En el punto de mira

Europa no disimula sus recelos hacia la religión pero las escuelas musulmanas están recibiendo más críticas que las demás. Las puramente académicas han servido para que el gobierno británico se niegue durante años a aumentar el número de escuelas musulmanas financiadas con fondos públicos, ya que no llegaban al nivel marcado por el cuerpo de inspección educativa. Y no ha sido una treta contra los musulmanes: desde 1997, solo 25 escuelas de religiones minoritarias han recibido financiación pública (15 judías y el resto musulmanas, sijs, greco-ortodoxas o adventistas). No obstante, ante el preocupantemente bajo nivel de los estudiantes musulmanes, el gobierno puso en marcha un plan para mejorar su rendimiento.

El argumento académico tenía peso pero a raíz de los atentados de Londres en julio de 2005, una diputada laborista musulmana dijo que era discriminatorio financiar escuelas de otras confesiones mientras se negaba a los musulmanes la libertad educativa religiosa dentro del sistema público (“The Economist”, 9-09-2006). Según ella, los sistemas oficiales de inspección y baremo servirían para detectar las escuelas que no obtuvieran los resultados mínimos e incluso para erradicar las “actividades políticas cuestionables”. Audacia pura después de un atentado islamista en la capital británica pero lo cierto es que el gobierno aumentó el número de conciertos con escuelas musulmanas…

El plan de mejora del rendimiento y la ampliación de conciertos han tenido resultados positivos. Entre 2002 y 2005, ha aumentado el porcentaje de estudiantes de toda procedencia que superan las cinco asignaturas del GCSE, unas pruebas de nivel que se realizan a los 15-16 años. El 54,9% de los alumnos lo consigue (antes no llegaba al 50%). Sin embargo, los porcentajes que más han aumentado en ese periodo han sido los de los negros (29% más, hasta el 48,3%) y los de origen pakistaní (26% más, hasta el 48,4%) y de Bangladesh (22% más, hasta el 52,7%). Los porcentajes son aún mejores en algunas escuelas musulmanas, tanto estatales como privadas. La crítica puramente académica no se sostiene. De hecho, en un estudio, Claire Tinker, de la Universidad de Bristol, afirma que muchos padres llevan a sus hijos a estas escuelas precisamente por su nivel académico y la educación rigurosa que reciben.

¿Cómo medir la integración?

La integración es otro cantar. Si se dejan al margen las clases de religión y las normas de disciplina (las profesoras son advertidas cuando un hombre va a entrar en un aula para que se cubran; los alumnos saludan a coro “As salaam aleikum”), la sola indumentaria de los estudiantes -ellas con vestidos largos y velo; ellos con toga negra y tocado- sirve a muchos para dudar de la tarea integradora que se realice en estos colegios. Según Trevor Phillips, director de la Comisión para la Igualdad Racial, “la segregación es tan exagerada en algunos colegios que no puede ir más allá; y no prepara a los jóvenes para el mundo real” (“International Herald Tribune”, 16-10-2006).

Patrick Sookhdeo, pastor anglicano nacido en Pakistán y convertido al cristianismo, también duda de que estas escuelas asuman los “valores occidentales”. El pastor dirige una ONG cuyo objetivo es mantener y fomentar los valores cristianos en el país: “yo diría que los valores islámicos no son compatibles con los occidentales”.

Sin embargo, Mohammad Mukadam, presidente de la Asociación de Escuelas Musulmanas y director de la Leicester Islamic Academy, dice que “quien piense que las escuelas musulmanas no integran nos haría un favor a todos si nos explica por qué: ¿existe alguna fórmula empírica de saberlo?”. Mukadam remata su alegato diciendo que muchas chicas procedentes de estas escuelas pasan a la universidad, en lugar de quedarse en casa como sus madres. ¿Quién habló de integración?

¿Y quién habló de integración cuando solo el 3% de los musulmanes lleva a sus hijos a escuelas musulmanas? En Gran Bretaña, hay 140 escuelas musulmanas privadas que cuestan el equivalente de unos 2.700 dólares al año. Todas estas familias están integradas, por lo menos, en lo económico. Y las 7 escuelas que cuentan con financiación pública… son 7. Por lo demás, tampoco hace mucho por la integración asistir a las escuelas públicas del centro de las ciudades, lugar donde se concentra un gran número de musulmanes, porque el 90% de los alumnos son musulmanes precisamente. El “apartheid voluntario” al que se refería el portavoz conservador, David Davis, no es problema de las escuelas musulmanas.

La última crítica, la referida al caldo de cultivo de extremistas, es tan fácil de defender que nadie lo ha hecho. Se puede decir que las escuelas musulmanas no tienen nada que ver con islamistas ni hombres bomba… mientras nadie lo demuestre.

Si la integración es difícil de medir, la fórmula empírica para detectar el adoctrinamiento suicida merecería un Nobel.

Habla Blair

Tony Blair se ha visto obligado a mediar en el debate, durante la rueda de prensa mensual en Downing Street (“International Herald Tribune”, 18-10-2006). Aunque se refirió al velo islámico y al caso de la profesora suspendida por no querer descubrirse en presencia del profesor con el que colaboraba, trató de ir al fondo de la cuestión.

“Hemos de tener un debate que afecta a dos aspectos. Uno es la manera en que la comunidad musulmana se integra en nuestra sociedad. Es un debate importante que han de tener los no musulmanes con la comunidad musulmana. Hay una segunda cuestión que es acerca del islam en sí mismo y cómo puede sentirse a gusto con el mundo moderno. La gente quiere saber si la comunidad musulmana en particular ha encontrado el adecuado equilibrio entre integración y multiculturalismo”, dijo.

El primer ministro citó a las escuelas musulmanas. La propuesta de Blair es que las autoridades educativas locales puedan forzar a las escuelas religiosas a aceptar hasta un 25% de alumnos de otras confesiones. Las 7 escuelas musulmanas que reciben financiación pública son muy pocas comparadas con las 36 judías o las 7.000 cristianas. En el caso de las cristianas, el 25% de los pupitres están abiertos a no cristianos aunque no es obligatorio. Algunos se tranquilizarían si las escuelas musulmanas se sumaran a esa costumbre. Sin embargo, Mukadam ya dijo unos días antes que hay tan pocas escuelas musulmanas que sería impracticable ofrecer pupitres a no musulmanes.

Blair remató el discurso diciendo que “lo que de verdad importa no es solo que la gente de determinada religión pueda ir a una escuela musulmana o católica, sino qué se enseña en esas escuelas sobre la religión, sobre la necesidad de integrarse en la sociedad, sobre los valores de tolerancia y respeto hacia la gente de otra fe”. Lo cual sirve como final y comienzo del mismo debate. Muy europeo.

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