Que cada cual rece según su fe

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Duración lectura: 2m. 24s.

Desde que el Tribunal Supremo norteamericano dictaminó que era inconstitucional empezar la jornada en las escuelas públicas con una oración, se han buscado procedimientos para reimplantar esta antigua costumbre. La nueva mayoría parlamentaria quiere promover una enmienda a la Constitución que autorice a recitar una fórmula aceptable para todos. Matthew Berke propone otra solución (The Wall Street Journal, Nueva York, 24-I-95).

Al proponer una enmienda constitucional para permitir la oración en las escuelas públicas, Newt Gingrich y los republicanos insisten en que tales oraciones en ningún caso serían obligatorias ni excluyentes. El problema de esta fórmula es -como muchos han señalado- que unas oraciones genéricas, no confesionales, aceptables para todos los creyentes, fácilmente serán insulsas hasta el extremo de carecer de valor. “Danos hoy nuestra papilla de cada día”, como decía recientemente un comentarista. Entonces, ¿la oración en la escuela está condenada a ser o excluyente o trivial? No necesariamente. ¿Por qué no poner capellanes en las escuelas públicas, como los que hay en el ejército?

Si los padres quieren que sus hijos que van a una escuela pública empiecen el día con una oración o tengan asistencia religiosa, basta confiar esos cometidos a sacerdotes o pastores reconocidos por las confesiones religiosas con presencia en la zona. Así, los alumnos, en vez de escuchar una oración dirigida por un profesor o por el director, podrían reunirse en diferentes lugares para rezar con los sacerdotes o compañeros de sus respectivos credos. Y el Estado, aunque renunciaría a la prerrogativa de ofrecer su propia oración para todos, haría un claro pronunciamiento, al menos implícito, sobre la suprema soberanía de Dios.

(…) Resulta muy problemático para los funcionarios del Estado -en este caso, de las escuelas- presidir a los estudiantes en la oración. Si lo hacen, de modo inevitable -por sutil e inconsciente que sea- se arrogan parte del prestigio y de la autoridad propia de la religión. (Aparte de que, por ahora, la mayoría de los profesores y administradores de escuelas públicas no están muy interesados -por decirlo de manera suave- en presidir la oración escolar).

En cambio, si la oración corre a cargo de capellanes, es mucho menos probable que los alumnos confundan una y otra autoridad, que son distintas e independientes. Y -lo que es más importante- los beneficios -morales, espirituales, psicológicos- que se esperan de la religión se obtienen más fácilmente cuando se deja a los estudiantes ser fieles a sus propios credos, en vez de someterlos a alguna forma de piedad que les resulta ajena, ya sea la de una determinada Iglesia que resulte favorecida o la de una religión civil creada por el Estado.

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