Las principales tendencias de la enseñanza superior en Europa

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La enseñanza universitaria está cambiando mucho en Europa, por razones diversas. Las reuniones internacionales que dieron lugar al llamado en España “plan Bolonia”, poco se inspiraban en los criterios intelectuales vigentes en el origen de las grandes universidades. Más bien se fue imponiendo una visión de los estudios universitarios en que resultaban preponderantes, no criterios humanísticos ni científicos, sino sociales y empresariales, más o menos pragmáticos. Al cabo de unos años, el suplemento universitario de Le Monde reflexiona sobre esa evolución, y ofrece cinco tendencias principales que se advierten en el presente y en el futuro inmediato de las universidades.

La duración de los estudios
En algunos países se mantiene la percepción de que las carreras son cada vez más largas, especialmente para determinadas titulaciones, relacionadas con las ciencias de la salud o las ingenierías. Pero la tendencia generalizada sería más bien la contraria, con la extensión de títulos adquiridos al cabo de tres años después del bachillerato. Se desdibuja así la frontera entre la formación profesional clásica y los estudios universitarios, con inquietantes consecuencias en el plano de la innovación, tradicionalmente más ligada a la Universidad que a la FP. Aunque importa mucho la continuidad y finalización de los estudios.

La experiencia francesa es que el 32% de los jóvenes que ingresaron en la universidad en 1995, consiguió un título de licenciatura, frente al 26% de la promoción de 1989. Además, según el Observatorio de la vida estudiantil, los alumnos de primer ciclo tienden a proyectarse en el futuro: si en 2010 solo el 22% esperaba llegar a una titulación “bac + 6”, en 2013 son el 32%.

No obstante, son muy variadas las expectativas laborales después del grado: la diferencia en obtención de empleo varía de 1 a 3 de un diploma en artes a un título en finanzas o contabilidad.

El crecimiento de la alternancia
Como se sabe, el principio de alternancia entre educación y trabajo ha sido predominante en la FP alemana, con excelentes resultados. En otros países de Europa se suprimieron casi los restos de la antigua formación de “aprendices”. En Francia se intenta trasladar esa experiencia a las titulaciones universitarias, desde la reforma de 1987 protagonizada por el entonces Ministro de Trabajo Philippe Séguin: abrió la figura a todo tipo de estudios, también los universitarios, con idea de obtener diplomas alternando periodos académicos y prácticas empresariales.

De hecho, el número de “aprendices” –en un sentido amplio del término– aumentó un 57% entre 2005 y 2010, hasta superar un total de 120.000 inscritos en 2011. Aunque la alternancia no se excluya en programas generales, afecta sobre todo a especialidades muy profesionalizadas, como las nuevas tecnologías o las actividades de gestión. Su valor no es indiferente en los CV que se presentan por vez primera para conseguir un empleo fijo. Probablemente, se trata de un valor educativo en alza.

La oferta de los cursos MOOC
En torno al 2000 comenzaron a proliferar los cursos de formación a través de medios audiovisuales, con ejercicios interactivos con los blogs de los profesores; en general, no ha dejado de crecer la disponibilidad de recursos pedagógicos y formativos en Internet. Hasta llegar a la formación gratuita abierta, conocida por el acrónimo inglés: MOOC (Massive online Open Courses).

Estos programas se desarrollan completamente online, y alcanzan a miles de participantes. Constituye el mayor intento contemporáneo de abrir la enseñanza universitaria a cualquier persona, con independencia de sus cualidades personales, origen o lugar de residencia.

Pero en Francia solo el 3% de universidades ofrecen MOOC, frente al 80% de las de Estados Unidos. A la vista de estos datos, el Ministerio de enseñanza superior lanzó en octubre de 2013 la plataforma Francia Universidad numérica ( FUN), con una veintena de cursos elaborados también por centros de prestigio como Sciences Po o el Conservatorio Nacional de Artes y Oficios.

Algunos predicen que los MOOC arrumbarán la enseñanza tradicional, y sus lecciones magistrales. Pero, a pesar del recurso continuo de los estudiantes a la información proporcionada en Internet, el futuro resulta más complejo (cfr. Aceprensa, 20-12-2013). Entre las limitaciones de estos cursos está el importante dato de que menos del 10% de los alumnos matriculados en estos programas los terminan.

Apertura internacional
Otra tendencia dominante en Europa es la internacionalización: uno de cada tres estudiantes de máster ha realizado estancias formativas fuera de su propio país. Entre estas, las más importantes proceden de los programas Erasmus, que permiten realizar un semestre o un año en una universidad extranjera. Además, han ido creciendo las titulaciones conjuntas de dos o más universidades, que pueden obtenerse a través de estancias periódicas en los diversos campus.

La apertura internacional se revela también en que más cursos se imparten en inglés.

El avance de la interdisciplinaridad
Otro rasgo distintivo de la universidad del siglo XXI es la interdisciplinaridad. Comenzó en el ámbito de la investigación, como recurso indispensable para el avance de ciencias más o menos conectadas en sus contenidos. Pero incide cada vez más en la configuración de planes de estudios, para responder a las necesidades de una sociedad compleja.

Obviamente, es preciso optar entre orientaciones radicalmente diversas, pero se siente con fuerza la proximidad de disciplinas antes alejadas, como la historia y la literatura, o la biología y las matemáticas. Esta realidad determina la configuración de licenciaturas transversales, así como de las dobles licenciaturas: no solo en derecho y economía; también en derecho y lenguas, o en artes y letras.

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