La universidad busca financiación

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Duración lectura: 5m. 57s.

Muchos de los debates que hoy agitan la universidad tienen que ver con su financiación. La crisis económica en algunos países se traduce en recortes en los presupuestos, después de unos años de continuo crecimiento. Ante la insuficiencia de recursos, en muchos casos se elevan las tasas académicas. Los estudiantes protestan y además ven que se elevan los requisitos para obtener beca. En los países donde muchos alumnos toman préstamos para pagar sus estudios, al acabar se encuentran con una deuda no pequeña y unas perspectivas de empleo que ya no son tan halagüeñas como antes. Por lo tanto, se plantea si el grueso de la financiación debe recaer sobre el estudiante, que es el primer beneficiario por sus mayores ingresos futuros, o sobre el erario público, ya que al país le interesa tener una población educada.

Las fórmulas de financiación son muy variadas según los países. Desde los países nórdicos, donde el erario público cubre casi todo, hasta los anglosajones, en los que la Universidad es cara y recae en buena parte sobre los usuarios. Otros quedan en un término medio, aunque la tendencia es hacia una mayor participación de la financiación privada.

El gasto anual por estudiante de enseñanza superior en España relativo al PIB per cápita estaba en 2010 ligeramente por encima de la media de la OCDE

Quién gasta más
El reciente informe anual de la OCDE Education at a Glance 2013 permite hacer algunas comparaciones sobre la financiación de la enseñanza superior.

El gasto en las etapas educativas superiores (universidad y formación profesional superior) puede medirse por varios indicadores, y todos ellos son susceptibles de ser matizados. Por ejemplo, si se da la cifra del gasto anual por estudiante, se podría objetar que la duración de los estudios no es igual en todos los países. Incluso si se tiene en cuenta esta variable, el gasto acumulado tendría que ser relativizado según la riqueza del país, puesto que es lógico que un país con menos recursos aporte menos por estudiante que otro más rico. Así, la medida más fiable puede ser el gasto anual de acuerdo con el PIB per cápita (ver tabla 1).

Según este criterio, el gasto anual por estudiante de enseñanza superior en España relativo al PIB per cápita era en 2010 un 42%, ligeramente por encima de la media de la OCDE, que era un 41%. El aumento del gasto entre 2005 y 2010 superó al del número de estudiantes, algo que no ocurrió en las etapas inferiores.

En la OCDE, el porcentaje de la financiación pública de la universidad ha ido a menos y el de la financiación privada, a más

En concreto, España gastó el equivalente de 14.072 dólares por alumno universitario y año, muy lejos de Estados Unidos, Canadá, Suecia o Suiza (más de 20.000 dólares) y más cerca de Japón, Holanda, Finlandia, Francia y Austria (15.000-17.500).

Si se excluyen las actividades de investigación y los gastos en servicios auxiliares (comidas, transporte, residencia en el campus…), para fijarse solo en el gasto en actividades educativas, la media de gasto por estudiante en la OCDE es de 8.889 dólares. Pero hay grandes variaciones, desde los países que están en torno a los 5.000 dólares como Hungría, Portugal, Italia, a los que superan los 10.000 dólares como Austria, Canadá, Irlanda, Holanda y Noruega, y a los primeros puestos de Canadá (15.000) y Estados Unidos (19.000).

También con este criterio España está ligeramente por encima de la media, con unos 9.000 dólares por alumno.

Si se tiene en cuenta la duración media de los estudios de los universitarios en España y en otros países, las posiciones cambian. Los universitarios españoles emplean una media de 5,54 años en completar sus estudios, cuando la media de la OCDE es 4,38 años. Así, el gasto público acumulado por universitario español al final de sus estudios es de 77.961 dólares (unos 60.000 euros), por encima de Francia y cercano al de Finlandia o Japón.

La investigación también cuenta
En cuanto al dinero dedicado específicamente a la investigación universitaria, que el informe mide como la razón entre gasto y número de estudiantes, en España fue de 3.879 dólares, algo por debajo de la media de la OCDE. Los países que más gastaron en investigación fueron los escandinavos, Holanda, Suiza y Canadá.

De todos modos, este gasto en investigación tiende a ser más alto en países donde la investigación se realiza sobre todo en la Universidad (como ocurre en Suecia, Suiza o Portugal), mientras que en otros la investigación se lleva a cabo en otras instituciones públicas o en la industria.

Aunque todos los datos corresponden a 2010, permiten sacar la conclusión de que la universidad española no estaba desabastecida; de hecho, con respecto a la riqueza nacional, el gasto era superior a la media de la OCDE. Aunque el gasto en la educación universitaria no está tan ligado al PIB como el gasto en la enseñanza primaria y secundaria, es lógico que haya sufrido el efecto negativo de la crisis en estos últimos años. Para comprobar las consecuencias de los recortes, habrá que esperar a las próximas ediciones del informe.

Fondos públicos y privados
Al examinar la evolución de la financiación de la enseñanza superior en la OCDE, se observa que el porcentaje de la financiación pública ha ido a menos y el de la privada a más. Así, mientras que en 1995 la financiación pública suponía el 78,9% del total, en 2010 había bajado al 68,4%, es decir, una caída de más de 10 puntos. El aumento de la financiación privada se explica por el aumento de las tasas académicas y por el mayor papel correspondiente a las universidades privadas.

Las mayores caídas de la parte de la financiación pública se han dado en países que han subido mucho las tasas, como el Reino Unido (donde la financiación pública pasó del 80% al 25% del total) o Australia. También ha habido caídas notables en Italia (–15 puntos) y Portugal (–27).

En España, en cambio, la parte de la financiación pública aumentó de un 74,4% del total en 1995 a un 78,2% en 2010. Pero tras la subida de tasas del curso pasado es de esperar que esta tendencia haya cambiado de signo.

Por lo general, una mayor aportación de la financiación privada suele ir unida a un mayor gasto por alumno (ver tabla 2), como ocurre en el caso de Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Australia. Sin embargo, los países nórdicos, donde la financiación es fundamentalmente pública, mantienen un gasto por alumno de los más elevados.