La educación china no puede dar muchas lecciones a Occidente

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Duración lectura: 2m. 4s.

Kenny Hodgart, un periodista escocés que trabaja para un diario de Hong-Kong , explica en un artículo publicado en Spiked (5-03-2014) que la fascinación de Occidente por la educación oriental frecuentemente pasa por alto cuestiones importantes como la metodología educativa en estos países, la presión de las familias o la manipulación de los expedientes académicos.

Sus buenos resultados en las pruebas internacionales (fundamentalmente PISA) se deben, en parte, a que los alumnos son preparados desde muy pequeños para enfrentarse a este tipo de exámenes, y no tanto a la calidad general de la enseñanza, argumenta Hodgart.

Por otro lado, explica el periodista, la pedagogía vigente en estos países refuerza las capacidades memorísticas de los estudiantes, pero no les prepara bien para el pensamiento crítico o la resolución de problemas. Según Hodgart, esto podría estar detrás del alto índice de abandono (25%) entre los alumnos chinos que logran ingresar en alguna de las universidades de la Ivy League, donde se valora sobre todo el razonamiento analítico y creativo.

La cultura también juega un papel importante en los resultados educativos: la obsesión por entrar en las mejores universidades, tanto nacionales como extranjeras, lleva a muchas familias a endeudarse o incluso vender la casa para poder pagar las clases que reciben el academias el 54% de los alumnos de 14 años, y el 72% de los de 16 años. En algunos casos, estas horas extras, sumadas a las del currículum obligatorio, hacen una jornada lectiva de diez horas o más. La alta tasa de depresión asociada a fracasos académicos da cuenta de la presión que sufren los estudiantes, casi siempre por parte de sus padres.

Otro elemento a tener en cuenta al valorar la educación oriental es la frecuente falsificación de los expedientes. Según Zinch China, una organización que asesora a universidades norteamericanas para reclutar estudiantes chinos, un 50% de los expedientes escolares remitidos desde colegios chinos inflan las notas de los alumnos, y un 70% de los ensayos que estos envían a las universidades como prueba de su destreza con el idioma han sido en realidad escritos por otras personas.

Ciertamente hay lecciones que aprender de estos países, concluye Hodgart; sin embargo, es preciso tener en cuenta también los puntos negros de sus sistemas educativos si realmente se pretende que la comparación sirva de algo.