La Administración Bush financia programas a favor de la continencia entre adolescentes

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Duración lectura: 3m. 45s.

La Administración Bush ha confirmado su apoyo a los programas de educación sexual en la escuela que promueven la continencia, y este año ha decidido financiarlos con 135 millones de dólares. Estos programas, que durante mucho tiempo ni tan siquiera se consideraban, encuentran aceptación cada vez en más escuelas.

En Estados Unidos la tasa de embarazos de adolescentes ha ido bajando durante la década de los 90, pero aun así sigue siendo la más elevada de los países desarrollados: 93 por cada mil mujeres de 15-19 años, en 1997. Durante muchos años la educación sexual en la escuela estuvo basada exclusivamente en la difusión de métodos anticonceptivos. La Administración Bush, sin dejar de financiar estos programas, empezó a apoyar también los dedicados a promover la abstinencia sexual entre los adolescentes. “Es la única manera de evitar las enfermedades de transmisión sexual, los embarazos precoces y las dificultades sociales y personales derivadas de la actividad sexual fuera del marco del matrimonio”, afirma Tommy Thompson, secretario de Sanidad.

Quizá el cambio más significativo es que cada vez más jóvenes están oyendo este mensaje, pues escuelas que antes no se atrevían a proponerlo están implantando ahora programas de educación que intentan apartar a los chicos y chicas de la actividad sexual precoz.

Se discute si la disminución de embarazos de adolescentes se debe a que aumenta el número de los que se abstienen de relaciones sexuales o a que usan los anticonceptivos con mayor eficacia. Lo más probable es que ambas cosas estén influyendo. Los partidarios de los programas a favor de la continencia pueden mostrar los buenos resultados de iniciativas como “Best Friends” en Washington D.C. o los programas adoptados en tres condados de Tennessee, que han logrado un descenso de embarazos de adolescentes superior a la media nacional (cfr. servicio 63/01). Los otros prefieren destacar que las chicas están utilizando métodos anticonceptivos más seguros.

Gran Bretaña es el segundo país del mundo desarrollado con más embarazos de adolescentes, casi 50 embarazos por 1.000 mujeres de 15-19 años. Esto, unido al alarmante aumento de las enfermedades de transmisión sexual, revela el fracaso de una educación sexual centrada en promocionar la utilización de preservativos. Un reciente informe publicado en el British Medical Journal por el Dr. Trevor Stammers (cfr. servicio 20/01) advertía el fracaso de este enfoque y mostraba que tenía sentido promover programas destinados a educar en la continencia.

El gobierno británico no acaba de definir una política coherente. De una parte, Tony Blair hace a veces declaraciones en las que pone como ideal el retraso en el inicio de relaciones sexuales. De otra, el gobierno acaba de anunciar que, con el fin de reducir los embarazos de adolescentes y las enfermedades de transmisión sexual, los alumnos menores de 16 años podrán obtener consejo y condones y píldoras anticonceptivas gratis en las enfermerías escolares.

Los críticos de esta medida afirman que lo que las escuelas y los padres deben inculcar a los adolescentes menores de 16 años es que han de abstenerse de las relaciones sexuales. Un mensaje que difícilmente pasará si en la propia enfermería escolar se les ofrecen gratis anticonceptivos, pues este ofrecimiento se interpretará como que lo normal es ser sexualmente activos a esa edad.

Por otra parte, la experiencia indica que para cambiar de conducta sexual no basta simplemente contar con más información. Una serie de programas de educación sexual más explícita adoptados en escuelas de Escocia no han demostrado ser más eficaces que los convencionales para evitar los embarazos de adolescentes o las conductas sexuales de riesgo (cfr. The Daily Telegraph, 14-VI-2002).

8.430 jóvenes de 13 a 15 años participaron en un programa de educación sexual llamado Share, que ofrecía una información más amplia y explícita que los de otro grupo de control. Dos años después, el 4% de las chicas participantes en el programa Share se habían quedado embarazadas, en comparación con el 3,8% del grupo de control. Cerca de un tercio de los adolescentes habían tenido su primera relación sexual, sin que hubiera diferencia entre los de ambos grupos. La conclusión del estudio es que por sí sola la educación sexual no basta para cambiar de conducta.