Kenia: todos los niños a la escuela, gratuita o de pago

Nairobi. En enero de 2003, inmediatamente después de haber ganado las elecciones, el nuevo gobierno del presidente keniano Mwai Kibaki cumplió una ambiciosa promesa electoral: ofrecer a todos los niños ocho años de educación básica gratuita (ver Aceprensa 8/03). El objetivo se lograría en el año 2015.

La Ley Infantil de Kenia de 2001 estipula en su artículo 7 que todo niño tendrá derecho a la educación, y facilitarla será responsabilidad del Gobierno y de los padres; y que todo niño tendrá derecho a educación básica gratuita, la cual será obligatoria…

Sin embargo, antes de 2003, la matriculación en escuelas primarias había ido decayendo por la creciente pobreza de millares de inmigrantes que se trasladan a la capital, Nairobi, y a otras grandes ciudades, y que no pueden permitirse pagar la matrícula y demás gastos escolares de sus hijos.

Tan pronto como se anunció la educación primaria gratuita, la matriculación pasó de la noche a la mañana de 5,8 millones a más de 7 millones de alumnos. Las escuelas primarias públicas, que habían sido avisadas con escasa antelación, se vieron inundadas de preocupados padres que traían a sus hijos pequeños, y de otros niños mayores que ahora veían su oportunidad de estudiar o de completar la educación primaria tras haberla abandonado. Hay que tener en cuenta que el 42% de la población de Kenia tiene menos de 14 años.

Escuelas desbordadas

No hubo tiempo ni recursos para construir nuevas aulas ni para formar a nuevos profesores. Los directores de las escuelas se enfrentaron a la nueva situación con la típica elasticidad keniana y los profesores se acostumbraron a clases de cien alumnos.

Esta situación se prolongó durante dos o tres años. Sin embargo, los kenianos se toman la educación en serio. Por ejemplo, el índice de analfabetismo entre la población adulta, que era un 50% en el momento de la independencia en 1963, ha bajado hasta el 18% cuarenta años más tarde. El dato es francamente impresionante, habida cuenta de que Kenia sigue teniendo una considerable población de nómadas y de personas que muestran cierta resistencia a los usos modernos, y cuyo interés por la educación formal es escaso.

Pero, una vez que los padres pobres y semianalfabetos vieron que sus hijos estaban hacinados en las escuelas públicas, y que sus tareas no eran calificadas con regularidad, y que la educación “gratuita” también incluía pagos por libros y nuevos edificios, algunos empezaron a trasladar a sus hijos a escuelas privadas de los barrios bajos. Numerosos niños habían sido dados de baja en estas escuelas, que, por ser privadas y carecer de subvenciones públicas, cobran unos pequeños honorarios. Ahora los padres están volviendo a ellas porque, al menos, están seguros de que sus hijos van a estar en clases más reducidas, de que los ejercicios serán corregidos, y de que pueden permitirse pagar esos honorarios.

El plan FPE (Educación Primaria Gratuita) ha tenido un éxito limitado en estos cinco primeros años. Ha aumentado el número de niños que van a la escuela y ya no vagan por las calles o, en algunos casos, ya no trabajan; pero ha bajado la calidad de la enseñanza.

Dar de comer a los alumnos

En las escuelas escasea el material docente, y los padres que pueden permitírselo han tenido que adquirirlo; los demás, deben compartirlo o arreglárselas sin él. Dar de comer a los niños representa un reto enorme, y muchas escuelas disponen de poco o nulo presupuesto para este fin. En una escuela pública, situada en el límite de la enorme barriada de Kibera, en Nairobi, cuya matriculación dio de la noche a la mañana un salto desde los novecientos alumnos a los mil novecientos, el director explica cómo trata de alimentar a los niños, todos los cuales provienen de familias pobres.

Ha logrado adquirir un gran horno en el que prepara “githeri” (maíz y judías), la dieta básica de la escuela; pero sólo puede alimentar a la mitad de los niños. Está ahorrando para comprar un segundo horno, y mientras tanto, ha organizado el horario de forma que algunos alumnos se van pronto a casa dos o tres días a la semana. Así que los chicos de esta escuela tienen suerte: al menos se les da una comida varios días por semana. En otras escuelas de zonas marginadas, son muchos los alumnos que abandonan los estudios; se calcula que el 25% de los niños kenianos en edad escolar estudian con el estómago vacío o abandonan la escuela.

Sacrificios de los padres

Gran parte de Kenia es árida o con escasa irrigación. Los alimentos en las zonas urbanas son caros y numerosos kenianos se mantienen con una sola comida al día. Esto indica otro importante motivo por el que los niños abandonan los estudios: el trabajo infantil. Los medios de comunicación locales destacaron el caso de un padre medio ciego perteneciente a la etnia Pokot que se negaba a que su hijo más pequeño fuera a la escuela. Los mayores ya asistían a clases, pero éste, afirmaba, tenía que ocuparse del ganado, ya que era el único que quedaba.

La comarca Pokot es una zona semiárida fronteriza con Uganda oriental. Otra historia de esta región muestra las dificultades a que se enfrenta. Fue nombrado un nuevo funcionario de distrito, quien estaba decidido a lograr que todos los niños asistieran a clase porque es un delito impedir a un niño que lo haga. Se dirigió a la población local, que aseguró que le apoyaba, pero al día siguiente las escuelas seguían estando medio vacías.

El funcionario pasó a la acción. Con la ayuda de sus guardias salía cada mañana a “hacer una redada” de los niños que cuidaban del ganado o se ocultaban, los montaba en su camión y los obligaba a acudir a la escuela. La medida era arriesgada, ya que los Pokot son un pueblo guerrero y están armados con fusiles AK-47 introducidos de contrabando desde Uganda oriental y Somalia. Un día, uno de los profesores recibió un tiro en el muslo, disparado por un airado padre. No obstante, la determinación del funcionario ha dado su fruto y la matriculación está mejorando.

El plan vale la pena. Los padres kenianos y sus hijos aprecian el valor de la educación; el gobierno ha adquirido el compromiso de educar a los ciudadanos. Después de los problemas iniciales, el sistema mejorará, ya que todos lo quieren. El padre keniano medio realiza inmensos sacrificios para que sus hijos se eduquen. Aulas masificadas, escuelas con medios insuficientes y profesores con excesivo trabajo forman parte del sacrificio que todos están dispuestos a realizar, y en el año 2015 bien pudiera ser que hubiesen alcanzado la meta.

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