Europa dedicará más recursos al programa Erasmus

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

La experiencia de los programas europeos para fomentar la movilidad de los estudiantes confirma que constituyen un gran instrumento para crear la convicción de la pertenencia a un espacio cultural y humano común. Por eso, aun en tiempos de austeridad, Bruselas se propone dedicar más recursos a ese tipo de planes, sin perjuicio de introducir modificaciones en su planteamiento, también para unificar iniciativas con objetivos diversos.

El futuro “Erasmus para todos” (“Educación y formación durante toda la vida”) intenta reunir el conjunto de disposiciones vigentes en este campo. El Erasmus es sin duda el programa más famoso desde su puesta en marcha en 1987. Ha beneficiado a 2,3 millones de estudiantes, que han podido cursar una media de seis meses de sus estudios en otro país de la UE.

En el curso 2009-2010, los países más elegidos por los estudiantes han sido España, Francia, Reino Unido, Alemania e Italia. Y los estudiantes españoles, franceses, alemanes, italianos y polacos constituyen más de la mitad de los beneficiarios. Estos países son también los que tienen un número más alto de estudiantes universitarios. El Reino Unido recibe el doble de estudiantes de los que envía.

Becas insuficientes
Un 4% de los universitarios europeos recibe una beca Erasmus en algún momento de sus estudios. El importe de la beca es modesto: 254 euros mensuales en el curso 2009-2010, lo que no basta para cubrir todos los gastos de una estancia prolongada en el extranjero. Aun sin recibir ninguna beca, más de 7.000 estudiantes deciden formar parte del programa cada año.

Los alumnos de humanidades y arte son los que más participan en el programa, seguidos por los de ciencias sociales, empresariales y derecho. Los de ingeniería, arquitectura y medicina están entre los que menos.

Tras la estela del Erasmus, nació el programa Comenius, para incrementar intercambios entre todos los protagonistas de la escuela –alumnos, profesores, asociaciones de padres– desde primaria a secundaria. En 1995 se lanzó el Leonardo da Vinci, en el ámbito de la formación profesional. Luego, destinado a adultos, Grundtvig ofrece a “seniors voluntarios” –de más de 50 años– cursos de cinco a diez días en otros países. Otros programas, con menos participación cuantitativa, y menos conocidos del gran público, permiten actividades formativas en el resto del mundo.

El nuevo programa se presenta, como viene siendo habitual en el sector educativo tras Bolonia, como un instrumento útil para el empleo juvenil y la competitividad económica de la Unión, aunque en los documentos no se excluye lógicamente el objetivo de integración cultural. Se le dedicarán 19.000 millones de euros en el periodo 2014-2020. Supone un incremento del 85% en los programas de movilidad existentes, que se fusionarán en el nuevo “Erasmus para todos”. Según las previsiones de la comisaria europea Androulla Vassiliou, podría beneficiar a cinco millones de personas, el doble que en la actualidad.

El plan introducirá dos elementos complementarios: un mecanismo de garantías de préstamos, en colaboración con el Banco Europeo de Inversiones, para ayudar a los estudiantes a financiar estudios de máster en el extranjero, y la creación de convenios sectoriales estratégicos de cierta envergadura entre instituciones de enseñanza superior y empresas.

La propuesta de la Comisión tiene que ser aprobada por el Consejo de Ministros y el Parlamento Europeo. Pero, en principio, la Eurocámara apoya ampliamente el proyecto, en opinión de Damien Abad, presidente de un grupo parlamentario informal sobre la juventud. Frente a la actual crisis de confianza en la UE, el avance en movilidad estudiantil le parece “esencial para recrear el vínculo entre los ciudadanos y el proceso de construcción europea”.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares