En Cleveland se implanta el cheque escolar

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Cleveland (Ohio) es la segunda ciudad de Estados Unidos que ha implantado el cheque escolar y la primera que permite gastarlo en centros confesionales, lo que no se puede hacer en Milwaukee (Wisconsin), donde existe ese sistema desde 1990 (ver servicio 132/90). En ambas ciudades el cheque está reservado para las familias de recursos escasos, a las que, en vista de la mala situación de las escuelas públicas, se quiere dar la oportunidad de acudir a otras.

Tan mal estaba la enseñanza pública de Cleveland -cuya área metropolitana cuenta con 1,8 millones de habitantes-, que el año pasado un tribunal federal ordenó al Estado de Ohio hacerse cargo de ella, sustrayéndola a la autoridad del ayuntamiento. El Estado decidió poner en marcha un programa experimental de cheque escolar, y a finales de año abrió el plazo para presentar solicitudes, cosa que hicieron más de 6.000 familias. Pero no hay presupuesto para tantas, por lo que el plan ha comenzado este curso con unas 2.000. Cada una recibe un cheque por valor de hasta 2.250 dólares anuales por hijo, para pagar la enseñanza en la escuela que prefiera.

Según el International Herald Tribune (11-IX-1996), las encuestas de opinión revelan que el cheque escolar tiene muchos partidarios entre los padres con pocos recursos o pertenecientes a minorías. En la campaña presidencial, el Partido Republicano propone extender este sistema. Alega que el cheque favorece la calidad de la enseñanza, al generar una sana competencia que obliga a las escuelas públicas a mejorar, para no perder alumnos.

Las críticas a este modelo de financiación provienen de los sindicatos de profesores y de grupos contrarios a la enseñanza privada. Afirman que el cheque escolar sustrae recursos a las escuelas públicas, dejándolas así en mayor desventaja. Y en el caso de Cleveland, creen que va contra la separación entre Iglesia y Estado.

El Partido Demócrata prefiere otros sistemas más limitados de elección de escuela, y en la actual campaña presidencial propone dar a los padres libertad de enviar a sus hijos a cualquier centro público del distrito. También quiere fomentar las charter schools, que son públicas pero autónomas, fundadas por iniciativa de padres o profesores y cada una con un proyecto pedagógico propio (ver servicios 132/91 y 176/94).

Según muestra la experiencia -limitada- de Milwaukee, los padres que se benefician del cheque escolar están más comprometidos en la educación de sus hijos. A su vez, los alumnos se identifican más con la escuela. En cambio, los expertos no se han puesto de acuerdo en si mejoran o no los resultados académicos.

En cualquier caso, la razón más poderosa para intentar experimentos semejantes en las grandes ciudades norteamericanas parece ser la que expresó la semana pasada el alcalde de Nueva York, el republicano Rudolph Giuliani. Como todos los años desde 1991, la archidiócesis de Nueva York ofreció al ayuntamiento mil plazas en sus escuelas para alojar a alumnos que fracasan en la red pública. El municipio tendría que pagar entre 2.400 y 4.000 dólares anuales por estudiante. Giuliani declaró que iba a estudiar la oferta, mientras los mismos que se oponen a la fórmula de Cleveland advertían que eso sería contrario a la aconfesionalidad de los poderes públicos. Pero, declaró el alcalde, “la gente empieza a comprender que hemos probado todas las fórmulas imaginables para mejorar la enseñanza en las ciudades, y los resultados de la mayoría de esas escuelas siguen siendo penosos. Estos chicos son prisioneros de un sistema fracasado. Tenemos que hacer algo drástico para intentar cambiarlo”.

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