En busca de soluciones

¿Qué soluciones pueden encontrar los padres de niños superdotados para evitar la aparición de la crisis, o para gestionarla de la mejor manera posible?

Algunos autores mantienen que el mejor recurso es ser realistas: mi hijo es diferente, primer punto; lo acepto como tal, segundo punto, y pongo los medios que encuentre a mi alcance para tratarlo como lo que es, tercer punto.

Marta Eugenia Rodríguez de la Torre lo tiene muy claro: “Es preciso crear colegios especiales y específicos para estos alumnos, como de hecho existen para la comunidad sorda o para los niños ciegos. No se puede caer en la trampa de que de esta manera los niños superdotados no se socializan y se incapacitan para desarrollar una vida normal; un niño superdotado puede y debe asistir a un colegio para superdotados, o a una universidad, y al mismo tiempo practicar deportes y juegos con otros niños; de esta manera será un niño feliz, y eso es lo importante” (1).

Y Marta Eugenia sabe de lo que habla: con un CI superior a 200, a los catorce años se desplazó desde su León natal a los Estados Unidos, donde estudió Inteligencia Artificial y Humana en Harvard y en el MIT. Ha creado un método propio de aprendizaje, y su propio centro de estudios: Sapientec.

Un colegio especial para superdotados: Estados Unidos, India, Singapur, Israel, Canadá, Suiza… Son opciones muy exclusivas, y lamentablemente muy lejos del alcance del común de los mortales.

La abundante literatura al respecto coincide sin embargo en cuatro medidas que, combinadas entre sí o por separado, permiten al menos prevenir o suavizar las dificultades que el superdotado encuentra con los actuales métodos educativos:

El mentor: una persona de confianza del alumno, que comprende sus necesidades y que le acompaña en sus procesos de aprendizaje, ayudándole a descubrir nuevos campos de interés, a saborear los ya conocidos, y sortear los escollos que el sistema educativo le va proponiendo. Atiende su afán de conocimiento, le ayuda a desenvolverse en un entorno adecuado a su madurez, y al comprender su singularidad, y adaptarse a ella, le impulsa a adquirir hábitos y virtudes que le sostengan en los momentos de crisis. Es una figura muy características del mundo anglosajón (mentorship).

Los programas de enriquecimiento, o programas extra-curriculares, por ejemplo durante el verano, que procuran instrucción avanzada en las materias más interesantes para el alumno. (Hay que tener en cuenta que una asignatura cualquiera de la educación secundaria puede desarrollarse en tres semanas intensivas). Son famosos los cursos del CTY en Baltimore, o los de Madrid del CTY España.

La adaptación curricular, en el propio centro escolar, que procura que el ritmo de los programas educativos se armonice con la capacidad y los conocimientos del alumno superdotado. Puede aplicarse de muchas maneras. Por ejemplo, el niño, sin haber sido promovido a un curso superior, pasa parte del día recibiendo clases en una materia con otros mayores, o se le dan introducciones personales reducidas y actividades prácticas específicas, o realiza cursos a distancia con apoyos multimedia, etc. Requiere lógicamente mucha flexibilidad por parte del colegio, cosamuy difícil de encontrar.

Estas dos estrategias permiten ampliar las experiencias de aprendizaje de los alumnos, ofreciéndoles contenidos materiales y recursos que generalmente no se encuentran en el plan de estudios escolar. Tienen sus ventajas, pero Stanley las califica de peligrosas sin la aceleración.

La aceleración es la medida más contundente y eficaz: son alumnos que se saltan uno o más cursos, o que son admitidos en la enseñanza primaria o secundaria a una edad más temprana de lo establecido Pero es también la solución más denostada y temida por las autoridades educativas y la burocracia en general. Así lo resume Javier Tourón: “La aceleración educativa ha sido un tema complejo que ha generado grandes divisiones entre educadores e investigadores desde su primera implantación oficial en la escuela St. Louis de Missouri, en 1862. Desde entonces hasta la actualidad se han realizado numerosas revisiones empíricas y teóricas relacionadas con esta estrategia. A pesar de que han sido consistentes al afirmar los efectos positivos de la aceleración como estrategia educativa para los alumnos más capaces, la percepción de su eficacia ha sido claramente negativa entre los profesores y los administradores escolares” (2).

Cada familia deberá plantearse como reaccionar, dónde buscar ayuda, y hasta qué punto involucrarse en la educación personalizada del niño superdotado. Pero debe ser muy consciente de que si se limita a esperar y confiar en las propias capacidades del niño, así como en el sentido común de padres y profesores, le espera un camino difícil e incierto, y una más que probable crisis.

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NOTAS

(1) Marta Eugenia Rodríguez de la Torre, Stop al fracaso escolar. El cerebro al 100%, Grijalbo, Barcelona (2003).

(2) Marta Reyero y Javier Tourón, obra citada, pág. 152.

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