EEUU: Las asociaciones de padres, ante el salto a la madurez

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Duración lectura: 2m. 39s.

A pesar de que las asociaciones de padres están movilizando a un número creciente de familias, aún no han conseguido en muchos casos una influencia efectiva en la enseñanza. Obstáculos: tiempo, dinero, pero también la organización y la forma de actuar. Dos investigadores del American Enterprise Institute (AEI) proponen algunas soluciones.

Estados Unidos está viviendo, en su opinión, un momento muy interesante en cuanto al activismo de los padres. Un ejemplo es la aprobación de la Parent Trigger Law -primero en California en 2010 y luego, adaptada, en otros cuatro estados-, que permite a una mayoría de padres de una escuela con malos resultados pedir que se revise la plantilla, el plan de estudios o incluso que el centro se convierta en una charter school (financiada con dinero público pero autónoma). Ya ha habido varios casos en que los padres han “apretado el gatillo”.

Sin embargo, las asociaciones de padres siguen perdiendo fuerza por el aspecto organizativo. En este punto, los investigadores ponen como ejemplo a los sindicatos de profesores: en su momento se aprovecharon del prurito de eliminar cualquier elemento político de la escuela, y consiguieron influencia a base de ser el único grupo realmente organizado dentro de la comunidad educativa. Nunca han tenido un contrapeso equiparable.

Últimamente algunos movimientos de padres han intentado ofrecer ese contrapeso, aunque sin mucho éxito. Para los autores del AEI, resulta interesante examinar las razones de ese fracaso parcial, y aprender de los errores.

Uno de ellos es la falta de pragmatismo. Cuentan el caso de unas iniciativas (site-based management, SBM) llevadas a cabo en varias ciudades a principios de los 90. La intervención de los padres en el gobierno de las escuelas derivó en muchos casos en unas juntas directivas disfuncionales, incapaces de manejar los centros, y que acabaron actuando como se hacía antes.

Otro obstáculo al que se enfrentan estas asociaciones es el localismo y la falta de acción. Los autores proponen el ejemplo de las charter schools: “Cuando los padres han conseguido que a sus hijos se les atienda bien, es más difícil movilizarles”. Por eso, los investigadores consideran que paradójicamente estas escuelas se pueden convertir en un enemigo para el activismo.

Al final del artículo, los autores sintetizan sus propuestas en varios consejos prácticos: formar una red extensa de asociaciones de forma que se pueda involucrar a los padres en los asuntos realmente importantes (para ello hará falta reclutar expertos en organización, y que tengan el tiempo y la competencia necesarios); buscar alianzas tanto en la derecha como en la izquierda del espectro político; fomentar asociaciones de base (grass-root) donde los padres hagan lobby directamente, y también asociaciones grass-top que se dediquen específicamente a los políticos de primer nivel, a la publicidad y a la recaudación de fondos entre los big-dollar contributors. Por último, formar bien a los líderes de estas asociaciones, por ejemplo para que entiendan lo difícil que es movilizar a padres en asuntos que no les afecten directamente, y para que planifiquen su actuación de acuerdo a esto.