EE.UU.: el adoctrinamiento público sale caro

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Aunque, en virtud de la separación de la Iglesia y del Estado, en EE.UU. no pueden destinarse fondos públicos a escuelas religiosas, en las escuelas públicas se utiliza mucho dinero para adoctrinar a los alumnos en cuestiones políticamente correctas.

El columnista del Washington Post George F. Will acusa a escuelas públicas norteamericanas de imponer el adoctrinamiento a sus alumnos a través de programas destinados a promover una visión discutible de la “diversidad racial”. Will critica que se invierta tanto dinero en fichar a formadores no docentes para promover las consignas del pensamiento políticamente correcto y tan poco en profesores que ayuden a mejorar los niveles de lectura, matemáticas o ciencias.

En colaboración con el programa federal “Volunteers in Service to America”, el Departamento de Enseñanza Pública de Wisconsin se ha propuesto erradicar los viejos prejuicios racistas imponiendo otra forma de racismo. En las escuelas públicas de ese estado se exhorta a los alumnos blancos a llevar una pulsera blanca que les recuerde constantemente su posición privilegiada en la historia.

También se les anima a poner una nota en su espejo o en la pantalla de su ordenador para que reflexionen de modo habitual sobre su estatus de privilegiados. Las autoridades académicas confían en que esto provoque en los alumnos un “diálogo interno” que les lleve a preguntarse qué acciones están dispuestos a emprender para acabar con los privilegios. Otro programa titulado “American Diversity” promueve las visitas de los alumnos a una juguetería para que observen –tras un apasionante recuento– la disparidad que hay entre el número de muñecos blancos y negros.

Al riesgo de adoctrinamiento ideológico se suma, dice Will, que todas estas distracciones del estudio son financiadas con dinero público. En 20 estados norteamericanos se dedican más recursos económicos a contratar formadores no docentes (los “voluntarios” remunerados de las ONG que imparten los programas) en vez de profesores que refuercen el nivel de conocimientos en materias relevantes.

Pese a los apuros económicos de muchas universidades, la enseñanza superior también se ha apuntado a la moda de despilfarrar para formar conciencias más sensibles a las consignas del pensamiento políticamente correcto. En 2011 la Universidad de California, en San Diego, recortó su oferta académica por exigencias del presupuesto; pero no dudó en crear la figura de un “vicerrector para la igualdad, la diversidad y la inclusión” que pronto engordó el aparato burocrático. Lo que incluye un asistente adjunto al vicerrector, un director de proyectos a favor de la diversidad, un equipo de asesores… Entre todos se pusieron a coordinar las iniciativas del Comité de Identidad de Género y Orientación Sexual; del Consejo para la Diversidad; del Consejo Universitario sobre el Clima, la Cultura y la Inclusión…

Will cierra el artículo con una reflexión que lanzó hace 25 años el presidente Reagan, parafraseando al Secretario de Educación William Bennett: “Si sirves una hamburguesa en mal estado a un niño en EE.UU., las agencias federales, estatales y municipales te investigarán, te llamarán al orden, te cerrarán el local, cualquier cosa. Pero si suministras educación en mal estado a un niño no te pasará nada… salvo que aparecerás como candidato a que te den más dinero para que sigas haciéndolo”.

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