EE.UU.: universidades sin alcohol

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Duración lectura: 2m. 11s.

Los excesos en la bebida, muy comunes entre los universitarios norteamericanos, ha acabado por cansar a los compañeros que quieren vivir en paz. Así, está extendiéndose un movimiento en favor de la sobriedad, promovido por quienes no están dispuestos a sufrir más las consecuencias de las borracheras ajenas: juergas que impiden dormir o estudiar, insultos, violencia… Estos estudiantes se juntan y presionan a las autoridades académicas para conseguir que los campus o residencias estén libres de alcohol, y también de drogas.

La magnitud del problema se puede ver en un estudio de la Escuela de Salud Pública de Harvard, publicado hace dos semanas en el Journal of the American Medical Association. A partir de más de 17.000 entrevistas a alumnos de 140 campus, se concluye que casi la mitad de los estudiantes son bebedores empedernidos. Los otros atestiguan lo que padecen por culpa de los compañeros ebrios: en algunos sitios, más de dos tercios dicen que han visto perturbado el sueño o el estudio; una cuarta parte, que han sido objeto de acoso sexual; más de un tercio han sufrido insultos o humillaciones, y un 15%, daños en sus pertenencias. La policía señala que el alcohol interviene en el 90% de las violaciones y delitos con violencia que tienen lugar en la universidad.

El movimiento en favor de la sobriedad es todavía incipiente, pero ha logrado que algunas residencias universitarias estén protegidas contra esos perjuicios. Por ejemplo, en una de las pertenecientes al Dartmouth College (New Hampshire), todos los residentes se han comprometido a no beber durante los cuatro años de carrera. En algunos sitios se han organizado campañas con la cooperación de ex bebedores, que forman grupos de Alcohólicos Anónimos.

En declaraciones a Time (19-XII-94), el director del estudio de Harvard señala dos tipos de acciones para combatir el problema. Por un lado, que los estudiantes perjudicados hagan valer sus derechos, también a título individual: por ejemplo, si uno tiene en la residencia un vecino que se emborracha a menudo, debe exigir que le cambien de vecino o de habitación. En segundo lugar, las autoridades académicas, aunque en los últimos años han endurecido las reglas sobre consumo de bebidas alcohólicas en los campus, tienen que mostrarse más firmes. El director del estudio cree que, sin pretender imponer la ley seca -medida poco realista, a su juicio-, las universidades han de insistir en recomendar moderación a los alumnos y no tolerar los episodios de violencia provocados por el alcohol.

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