EE. UU.: nuevas escuelas rescatan casos perdidos

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Duración lectura: 4m. 8s.

EE. UU.: nuevas escuelas rescatan “casos perdidos”
Grupos pequeños, exigencia elevada y atención individual, claves del éxito

Cierto fatalismo social implicado en un libro recientemente aparecido ha provocado una fuerte controversia en Estados Unidos. La obra en cuestión, The Bell Curve, del psicólogo Richard Herrnstein -fallecido hace poco- y del sociólogo Charles Murray, es un extenso estudio de la estratificación social en ese país. Según los autores, allí las diferencias entre clases aumentan y se consolidan, extremo en el que muchos otros especialistas están de acuerdo.

Pero uno de los argumentos del libro ha dado lugar a numerosas reacciones en contra. Herrnstein y Murray, tras examinar los resultados de gran cantidad de pruebas psicotécnicas, concluyen que existe una correlación clara entre la capacidad intelectual y la posición social. Además, dicen que la inteligencia depende de la herencia genética, lo que se observa en los cocientes intelectuales medios de las distintas razas: los asiáticos tienen mejores resultados en las pruebas que los blancos, y los de éstos son mejores que los de los negros. Esto último ha suscitado las réplicas más duras a The Bell Curve.

Murray se defiende de las acusaciones de racismo puntualizando que una cuestión es las cualidades medias de un grupo y otra, completamente distinta, el trato que merezca cada individuo. Aun así, la obra mantiene una tesis provocativa: si la fortuna de las personas está tan condicionada por la naturaleza, poco pueden hacer la escuela y la política social; los esfuerzos por limar desigualdades, que tanto dinero cuestan, son en gran parte inútiles.

Murray ya era conocido como crítico de las políticas sociales por una obra anterior, Losing Ground (1984). Entonces detectó que una causa principal de la pobreza en Estados Unidos es la proliferación de nacimientos extramatrimoniales y el consiguiente deterioro de la familia. Y observaba que los subsidios sociales, al penalizar el matrimonio, contribuían a perpetuar la marginación en las zonas deprimidas. Pero en esta ocasión su diagnóstico no se basaba en los genes y, aunque también muy combatido al principio, con el paso de los años ha ido ganando aceptación (ver servicio 93/94).

En una contribución a la polémica en torno a The Bell Curve, el semanario Newsweek (24-X-94) ofrece un contraejemplo de la controvertida tesis del libro: el éxito de nuevas escuelas especiales con chicos de barrios conflictivos. La revista describe una de ellas, la Hostos-Lincoln Academy of Science, en el Bronx Sur (Nueva York). Es un centro público de enseñanza secundaria fundado hace siete años, que recibe no la crema del estudiantado neoyorquino, sino lo que es habitual en el distrito: alumnos de familias anómalas en gran proporción, con poco interés por estudiar, aficionados a faltar a clase, que leen mal y escriben peor; en fin, académicamente desahuciados.

Pero cuando salen de la escuela, cuatro años después, esos “casos perdidos” acceden a la enseñanza superior en una proporción superior al 80%. Las calificaciones de lectura se duplican ya en los dos primeros cursos. Hay pocos repetidores, como muestra, por ejemplo, la promoción de 1989: el 70% obtuvo el título a su tiempo, tasa doble de la media de la ciudad. Y los alumnos de la Hostos son negros o hispanos, lo que no casa con la hipótesis genética de Herrnstein y Murray.

El secreto de tales escuelas es triple: tamaño pequeño, alto nivel de exigencia, atención individual a los alumnos. A diferencia de las escuelas públicas comunes de la zona, masificadas y despersonalizadas, la Hostos tiene sólo 300 estudiantes. El plan de estudios tampoco es el corriente, abundante en asignaturas poco sustanciosas que permiten obtener los créditos necesarios sin gran esfuerzo ni claro provecho; imperan, por el contrario, las materias fuertes. Y, aunque podrían parecer demasiado difíciles para estudiantes que llegan con poca base, los resultados muestran, como dice un especialista citado por Newsweek, que “cuando en la escuela se incorpora la exigencia como principio, se pueden obtener frutos muy positivos con jóvenes problemáticos”. Finalmente, también es decisiva la atención personal: en la Hostos, cada grupo está al cargo de un mismo profesor durante los cuatro años de enseñanza, y cada alumno tiene un tutor que le presta ayuda individual constante.

En Nueva York hay más de 35 escuelas como ésta, y están en proyecto otras 50. Los centros de este tipo van creciendo en número por todo el país. Un estudio reciente confirma la validez del modelo: en comparación con las demás, las nuevas escuelas cosechan notas medias un 30% y un 24% más altas en matemáticas y lengua, respectivamente. Con lo que contribuyen a reducir las diferencias entre los alumnos de zonas acomodadas y los de zonas marginadas.

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