EE.UU.: aumentan los abandonos y retrasos en los estudios universitarios

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Duración lectura: 3m. 2s.

Tradicionalmente, Estados Unidos ha tenido tasas de jóvenes estudiantes y graduados universitarios más altas que los países europeos u otros países desarrollados. Pero en los últimos años los índices norteamericanos han retrocedido, porque muchos alumnos tardan más de la cuenta en acabar la carrera o simplemente la abandonan.

Varios estudios ponen en evidencia estos problemas. Según datos de la OCDE, en 2001 la proporción de jóvenes estadounidenses de 24-35 años con título universitario había bajado al 39%. Esto sitúa a Estados Unidos por debajo de varios países occidentales como Canadá (51%) o Irlanda (48%), o de asiáticos como Japón (48%) o Corea del Sur (40%).

Otro informe reciente, del Centro Nacional de Estadísticas Educativas (NCES), concluye que de los estudiantes que entraron en la universidad en 1989, más de un tercio (37%) no eran todavía licenciados seis años después.

Ahora parece que los altos índices de otros tiempos se debían en buena parte a la abundancia de jóvenes nacidos en el baby boom. Pasada esta ola, se nota el efecto de otros factores. Así, los estudiantes que acuden a instituciones públicas tienen una tasa de abandono más alta que los alumnos de universidades privadas. A la vez, los estudiantes de color se gradúan en proporción menor que los blancos y los asiáticos. Lo mismo ocurre con los que proceden de familias con bajos ingresos, los que son los primeros en su familia en llegar a la universidad y aquellos que tras la enseñanza secundaria no entran directamente en la universidad.

Pues bien, resulta que los estudiantes incluidos en esas categorías “de riesgo” son una proporción cada vez más alta de la población universitaria, lo que arrastra hacia abajo el índice general de graduación. El año pasado, los jóvenes pertenecientes a minorías que se presentaron al examen previo a la universidad, el SAT, fueron el 36% del total, 6 puntos porcentuales más que diez años antes. Actualmente, según el NCES, un cuarto de los estudiantes de primer curso provienen de familias con bajos ingresos y el 40% son los primeros de su familia en entrar en la universidad.

Ante esta situación, las universidades han emprendido diversas iniciativas. Por ejemplo, el Elon College (Carolina del Norte) ha puesto en marcha un programa de apoyo a alumnos de primer curso, que incluye actividades de orientación, preceptuaciones por parte de compañeros más veteranos y sistemas de “alerta temprana” para descubrir a los estudiantes que están en peligro de abandonar. Otro método es el de las “comunidades de aprendizaje” implantadas en varias universidades. Se basan en que los alumnos -según algunos estudios- tienen mayor probabilidad de continuar si llevan una intensa vida universitaria, también en lo que se refiere a las actividades extraescolares. Por eso se fomenta la convivencia en estas comunidades, en las que los alumnos comparten más estrechamente sus tiempos de estudio y de ocio.

Esto muestra que demasiados jóvenes no llegan bien preparados a la universidad, lo que remite a las deficiencias de la enseñanza secundaria. En todo caso, el descenso de las tasas de graduación es un problema no solo para los afectados, sino para todo el país, que necesitará más titulados universitarios en el futuro próximo. Según la Oficina de Estadísticas Laborales, de 1998 a 2008 los empleos para candidatos sin diploma universitario crecerán un 12%; en cambio, los que exigen título universitario medio o superior subirán un 31% y un 22%, respectivamente.