EE.UU. aprueba una guía sobre la práctica religiosa en las escuelas públicas

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El modelo de relaciones entre Iglesia y Estado en EE.UU. está marcado por la Primera Enmienda de la Constitución, que al exigir neutralidad al gobierno, impide el favoritismo o la hostilidad hacia cualquier expresión de la libertad religiosa. El Departamento de Educación acaba de aprobar una guía para desarrollar este segundo aspecto: salvaguardar la práctica religiosa en los colegios públicos.

El documento se llama Guidance on Constitutionally Protected Prayer in Public Elementary and Secondary Schools. La introducción se hace eco de la dificultad para distinguir entre apoyo y protección de las actividades religiosas por parte del gobierno. Y recuerda cómo el Tribunal Supremo ha tenido que definirse sobre cuestiones tales como si se puede comenzar una clase o un partido con una oración, leer la Biblia o invitar a los alumnos a participar en actividades religiosas.

La guía recoge la doctrina del Tribunal Supremo en estos casos y afirma que aunque está prohibido organizar institucionalmente actividades religiosas, los alumnos pueden organizarlas, en virtud de las libertades religiosa y de expresión, dentro de las instalaciones de los colegios y durante la jornada escolar. Los colegios pueden fijar normas para que estas actividades, al igual que las deportivas o lúdicas, no interfieran en el programa educativo, pero no pueden hacerlo con el fin de discriminar a los creyentes.

En concreto, los estudiantes pueden rezar en el colegio excepto durante las actividades escolares o las clases. Por ejemplo, pueden leer la Biblia, bendecir los alimentos o rezar con otros compañeros durante los descansos. Los profesores podrán acompañar a los alumnos, siempre que quede claro que no participan en virtud de su posición. Asimismo, los profesores también pueden reunirse para organizar sus propias actividades religiosas. Algunos colegios tienen un “minuto de silencio” al comenzar el día o en otros momentos; la guía recuerda que los alumnos pueden aprovecharlos para rezar en silencio; sin embargo, los profesores no pueden ni animar a los alumnos para que lo hagan o lo dejen de hacer.

Los estudiantes también pueden organizar grupos de oración o clubes religiosos para reunirse antes del comienzo de las clases o durante los descansos. Los colegios deben conceder a estos grupos las mismas facilidades que a otros, sin discriminarlos por su fin o contenido religioso. Esto incluye el uso de los tablones de anuncios o revistas escolares para anunciar sus actividades o convocar a los demás estudiantes.

Si en un colegio hay actividades religiosas, no se debe animar a los alumnos a participar ni penalizar a los que no acudan. Asimismo, los colegios pueden permitir a los alumnos no acudir a alguna clase si eso supone un problema para el ejercicio de su religión, siempre que su ausencia no suponga ninguna carga para el resto de los compañeros (por ejemplo, porque tienen que realizar un trabajo en equipo).

En sus tareas escolares, trabajos escritos o intervenciones orales, los estudiantes pueden expresar sus convicciones religiosas. El mismo criterio vale para los casos en que un alumno participa como portavoz en una asamblea de estudiantes o en actividades extraacadémicas. Sin embargo, el colegio se reserva la capacidad de limitar o impedir el contenido religioso de un discurso cuando exprese la opinión oficial del colegio. Además, los colegios no pueden invitar a oradores para pronunciar discursos en las ceremonias de graduación si esto supone cualquier tipo de favor hacia determinada confesión religiosa, a menos que quede claro que el discurso no expresa la opinión del colegio.

Por último, la guía recuerda que los directivos o profesores tienen prohibido interferir en las actividades religiosas promovidas por los alumnos. Un organismo educativo local se encargará de certificar que los colegios públicos respetan estas medidas. Si no consiguen la certificación no podrán recibir la financiación pública prevista en la ley de enseñanza primaria y secundaria.

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