De la empresa a la tarima

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En Estados Unidos, como en otros países, faltan profesores de enseñanza media (ver servicio 116/01). Pero la docencia atrae a pocos de los recién licenciados, y los que la escogen no suelen estar entre los mejores estudiantes. Es comprensible: la vía normal para acceder a la enseñanza pública es cursar la carrera de Educación y después realizar un periodo de prácticas no remunerado. A los que tienen otras titulaciones o proceden de la escuela privada se exige un proceso de adaptación que puede durar un año o más, y sin salario. Sin embargo, la escasez ha obligado a buscar gente dispuesta a dar clase entre licenciados con años de experiencia en otras profesiones, ofreciéndoles un procedimiento más flexible y tentador para pasarse a la tarima (ver servicio 137/97). Ya son 45 los Estados que lo aplican.

Con este sistema, un graduado universitario puede reciclarse en un tiempo breve para impartir la asignatura correspondiente a su especialidad. Si aprueba el examen de ingreso, empieza a dar clase de inmediato, bajo la supervisión de un profesor experimentado. Durante el periodo de prácticas tiene además que asistir a cursos de técnica docente. Pero, mientras, cobra su salario.

Según el National Center for Education Information, unos 175.000 profesionales han pasado a la docencia en los últimos quince años a través del sistema alternativo de cualificación. En la actualidad, uno de cada tres nuevos profesores llegan por esta vía (cfr. The Economist, 30-III-2002). El programa con más éxito es “Troops to Teachers”, para militares, desarrollado con la colaboración del ejército.

Un efecto de la cualificación alternativa es que da variedad al profesorado, en el que predomina un sexo, el femenino, y una raza, la blanca. En cambio, los reciclados presentan mayor proporción de hombres y de personas de color. Además, suelen ser menos exigentes en lo que se refiere a destinos: según una encuesta, entre los participantes en “Troops to Teachers”, el 39% están dispuestos a dar clase en zonas urbanas difíciles y el 68%, en escuelas rurales.

Las solicitudes de ingreso en estos programas se han multiplicado después del 11 de septiembre: la llamada de la enseñanza es más poderosa en tiempos de recesión económica. De todas formas, esta profesión tiene sus ventajas: el sueldo no es tan bajo, si se mide en dólares por hora, y las condiciones de trabajo -horario, vacaciones- resultan atractivas para los que tienen hijos pequeños. El problema, dice Chester Finn, presidente de la Fundación Fordham y ex vicesecretario de Educación de Estados Unidos (1985-88), es que muchos ven la docencia como una ocupación para algunos años, no un empleo definitivo. Pero el país necesitará dos millones de profesores nuevos en el próximo decenio, de modo que la cualificación alternativa tendrá que seguir siendo atrayente cuando la economía remonte.

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